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TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 16

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UNA pequeña HISTORIA DEL BIERZO
Manuel Camuñas nos regala : “TIEMPO DE IRA Y MISERIA”
TIEMPO DE IRA Y MISERIA : Capítulo1
TIEMPO DE IRA Y MISERIA : Capítulo 2
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 3
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 4
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 5
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 6
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 7
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 8
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 9
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 10
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 11
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 12

“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 13

Capitulo 16

Los hermanos se levantaban cada día a la misma hora. Se vestian, salian al campo para hacer sus necesidades y volvian para lavarse y peinarse, se palpaban la cara ante el espejo y decidian si se afeitaban o lo dejaban para el día siguiente. Después de repetir el ritual de cada día entraban a la cocina donde Maria habia preparado las tazas con leche caliente y pan. Ella se ocupaba de los trabajos de la casa.

José era el último en salir. Levantó la taza y la acercó a la boca con la intención de vaciarla de un solo trago.

– Cuidado que está muy caliente _Avisó Maria acercandose a él.

– Sí que está caliente. Dame un trozo de pan para mojar en la leche.

María le dio el pan y se quedó mirando a José que mientras bebia la leche observaba en ella una actitud diferente a la de cada día.

– José, mañana es domingo y quiero ir al baile.

– ¿Caminas bien, no te duelen los piés?

– No, no me duelen.

José terminó de beber la leche, miró a Maria y dejó la taza vacia encima de la mesa.

– Está bien, el baile es por la tarde _ José miró a Maria_ ¿Vas a ir sola?

– No, no quiero ir sola, yo no conozco a nadie y como es la primera vez, tengo miedo. Prefiero que tú me acompañes.

– No te preocupes, mañana yo te acompañaré _La cara de María reflejaba y un brillo especial después de oir a José_ Ahora mira todo lo que necesites comprar para la comida de mañana.

Maria se acupó de limpiar y organizar la cocina, y las habitaciones. Sacó las sábanas de todas las camas, cogió camisas, pantalones y ropa interior, que los hermanos tenian amontonadas. Metio todo en un valde y salió de casa en dirección al lavadero público.

En el interior de la mina, las mechas encendidas de los candiles de carburo titilaban arrojando sobre las paredes luz y sombras indescriptibles del cuerpo de los mineros, caminando entre los postes de madera y del movimiento de sus picos y palas con las que arrancaban los pedazos de carbon para cargarlos en la vagoneta que, un vez llena, era arrastrada sobre railes hasta la salida a cielo abierto para ser vaciada volcandola hacia un lado sobre la tolva donde se acumulaba el carbon en espera de ser trasladado a su destino mediante camiones o tren.

La sirena sonó dando por finalizada la jornada de trabajo que por ser sábado era mas corta. Todos los mineros, ayudados por a luz de sus candiles, fueron saliendo al exterior del pozo en dirección al vestuario.

– ¡Eh! Vitoriano.

– Dime José ¿Que quieres?

– ¿Puesdes venir esta tarde a mi casa?

– ¿Para qué quieres que vaya a tu casa?

– Necesito mover unas camas de una habitación a otra y yo solo no puedo.

– De acuerdo, iré a ayudarte _Respondio Vitoriano que, agachado intentaba atarse las botas_ Esta tarde nos vemos en la cantina para echar unos vinos con los amigos y después vamos a tu casa.

– Si no te espera nadie, es mejor que vengas ahora conmigo y comemos en mi casa los dos. Después, cuando hayamos colocado las camas en su sitio, salimos y nos vamos a la cantina.

José se desnudó por completo y se metió debajo de las duchas donde los mineros se frotaban el cuerpo intentando eliminar el polvo de carbón acumulado en la piel durante la jornada de trabajo. En la zona habilitada para vestuario, los mineros bajaban del techo las bolsas que colgaban de una cuerda, donde guardaban la ropa limpia para vestirse antes de salir en dirección al pueblo.

– Esto ya está _ Maria, sola en la cocina, hablaba para si misma_ Lo dejaré tapado para que no se enfrie y voy a tender la ropa en el balcon.

Cuando las cuerdas que soportaban la carga de la ropa mojada estaban completamente ocupadas, Maria se asomó a la baranda del balcón para mirar a la calle y vió a José que llegaba acompañado por alguien que ella no conocia.

– ¿Quien será? _Se preguntó abandonando el balcón para ir a abrir la puerta de la escalera y dejarla entreabierta.

José y Vitoriano entraron en el momento que Maria colocaba los platos en la mesa. José se quitó la chaqueta y la colgó en el perchero.

– Pasa, pasa Vitoriano. Cuelga la chaqueta en el perchero y pasa para dentro. Mira, esta es Maria, mi hermana pequeña.

– ¡Hola! _Vitoriano saludó mirando a Maria extendiendo la mano hacia ella.

– ¡Hola! _ Respondio Maria recibiendo la mano de Vitoriano.

José observó que los dos se ponian colorados mirandose sin saber que decir y miró a Maria.

– Ha venido a ayudarme. Voy a cambiar las camas de sitio para que tú puedas tener la habitación pequeña para tí sola. Valentin, Eliserio y yo dormiremos en la habitación grande.

– José _Maria se acercó a José para hablarle en voz baja_ He buscado en toda la casa y no encontré espejo alguno. Me gustaria tener uno.

– Cuando terminemos, acompañaré a Vitoriano y cuando vuelva hablamos del espejo.

El domingo llegó y en la vivienda de los hermanos Camuñas empezaron a despertarse en el momento que las las campanas de la iglesia sonaban llamando misa. El olor a leche caliente y a achicoria llegaba a las narices de sus hermanos pero era mas tarde de la hora habitual y de improviso, uno tras otro salieron de la habitación, con papel de estraza en la mano, en dirección al campo para hacer sus necesidades fisiológicas. Maria atizó el carbón de la cocina y colocó la olla en el borde de la plancha para mantener la leche caliente en espera de que, uno tras otro, los hermanos vuelvan aliviados de sus urgencias.

– Ya estamos aquí _Los tres entraron en la cocina para sentarse en la mesa.

– Lavaros primero las manos y después os sentais _Maria colocó en la mesa la olla con la leche caliente, el cuchillo, el pan y la manteca_ Cuando hayais terminado, lavarlo todo y lo dejais en la fregadera, secandose.

Maria ocupó las horas de la mañana del domingo en reorganizar la habitación grande en la que dormirian los tres hermanos y la mas pequeña donde ella tendria la intimidad que una chica de su edad necesitaba, incluso cuando los hombres de la casa eran sus hermanos.

– ¡Maria! _Valentín golpeó la puerta de la habitación de Maria_ ¿Puedo pasar?

– Sí, puedes pasar _Respondió Maria.

Valentín paso al interior de la habitación y vió la ropa, que Maria usaba los dias de fiesta, tendida encima de la cama.

– ¿Estás guardando la ropa en el armario?

– No la guardo. Estoy preparandola para vestirme esta tarde, José me dijo que vendria conmigo a la sala de fiestas donde los domingos ponen música para bailar.

– ¡Valentin! _Llamó José desde la cocina_ Es mejor que seas tú quien la acompañe al baile, yo iré mas tarde. Nos encontraremos allí. Toma, este paquete es para Maria.

– Dile que sí, dile que sí _Maria hablaba en voz baja_ Valentin, dile que me acompañas tú.

– De acuerdo José _Respondió Valentín_ Esta tarde yo la acompañaré para ir al baile.

– ¿Que te dio para mí?

– Esta caja. Creo que es un espejo _María abrio los ojos y sonrió al ver el paquete envuelto con papel_ Toma ábrelo tú y mira lo que es.

– Sí, es un espejo _Maria puso el espejo delante de su cara e hizo muecas moviendo la nariz y los labios.

– Maria, dime si necesitas alguna cosa para la comida del mediodia.

– No, tengo todo lo que se necesita _ respondio sin dejar de mirarse al espejo.

Era domingo, el único dia de fiesta que había en toda la semana. El reloj del armario marcaba las trece horas del mediodia cuando María terminaba de hacer la comida y la colocaba en medio de laa mesa para que cada uno se sirviera lo que deseaba comer. Era un buen día y estaban contentos.

– ¿Qué haremos con Manuel? _Preguntó Maria mientras se servía la comida_ Sin un ojo, con lo travieso que es y con Domíngo en la misma casa, lo pasará muy mal.

– No te preocupes _Respondió Eliserio_ Ahora tenemos una casa donde vivir. Yo pediré permiso en el trabajo e iré a Cantejéira para traerlo con nosotros. Le buscaremos algo que hacer hasta que tenga la edad de trabajar. Ahora vamos a comer con tranquilidad y después hacemos la siesta para estar en forma.

Maria preparó el balde que utilizaba para cargar la ropa cuando iba al lavadero, se encerró en la cocina y lo llenó hasta la mitad con agua fria y caliente. Se desnudó dejando al descubierto su cuerpo en pleno esplendor. Tenia diecisiete años y pronto cumpliria los dieciocho. Se metio de pie en el balde, juntó las manos formando un cuenco con el que recogia el agua templada para verterla por la espalda y por el pecho, acariciandose las tetas que burlaban la ley de la gravedad, hasta que se sintió completamente mojada. Deslizó suavemente la pastilla de jabón haciendo círculos sobre su piel dejando un rastro de espuma que cubria su cuerpo por completo. De nuevo, con sus manos en forma de cuenco, cogia agua para verterla por todo el cuerpo haciendo desaparecer la espuma que lo cubria. La sensación de bienestar que sentia le llevó a acariciarse, una y otra vez, con las manos llenas de agua y espuma de jabón.

Valentin, tumbado en la cama, dormitaba despertandose a intervalos girando sobre si mismo para cambiar de posición. Se levantó, miró el reloj y salió al pasillo en el momento que Maria salia de la cocina cubierta con la toalla.

– ¿Has terminado?

– Sí, ya terminé _Respondió Maria_ Voy a secarme bien y a vestirme. No tardaré mucho.

Valentín vació el balde, donde Maria se había lavado, y dejó la cocina ordenada. Sentado en una silla puso los brazos sobre la mesa, a modo de almohada, para apoyar la cabeza. Un ruido ligero hizo que levantara la cabeza mirando hacia la puerta.

– Ya estoy lista.

Valentín levantó la cabeza, miró a María y guardó silencio por unos segundos. Ella estaba acostumbrada al trabajo duro y a la falta de compensaciones de cualquier tipo pero, al ver la cara de admiración de su hermano Valentín, comprendió que la niña que fué dejaba de existir.

– Bueno _ Suspiró Valentin_ Si estás lista vámonos.

Maria y Valentín caminaron hasta llegar a la entrada de la taberna “El Bierzo”. Cuando Valentín abrio la puerta esperó a que Maria entrara pero ella se quedó atrás. No era frecuente que las mujeres entraran en las tabernas.

– Voy a ser la única mujer que estará dentro.

– No te preocupes _Valentin cogio a Maria de la mano_ Tú eres mi hermana y entras conmigo. Además, Liserio y José estan dentro.

Las mesas estaban ocupadas por hombres que jugaban a las cartas o al dominó. Otros, apoyados en el mostrador o sentados en las banquetas, tomaban a sorbos el vino de sus vasos o el coñac de sus copas mientras observaban las jugadas. Los cigarrillos “Ideales”, que ardian atrapados entre los dedos de los jugadores, no cesaban de echar humo y enrarecian el ambiente.

– Mira, estan allí, en la mesa fondo _Maria señaló con la mano.

José los vio entrar y levantó la mano para llamar la atención de Maria.

– Valentin ¿Quieres tomar algo?

– No, no quiero beber _Y volviendose hacia Maria añadio_ A esta hora es mejor que vayamos a la sala de fiestas. Cuando salgamos de alli, será de noche y volveremos a casa.

Maria miraba a su hermano Valentin y sonreia, todos los hermanos son muy guapos se decia ella en silencio. José y Valentin eran los hermanos mayores y la mimaban mucho desde que nació. Pasaron pocos minutos hasta que llegaron a la puerta de la sala de fiestas. Habia chicos y chicas en grupos separados. La mayor parte de las chicas estaban sentadas en grupos, haciendo corrillos.

– Mira _ Señaló Maria el escenario_ Se llaman “Los 30 de Lillo”.

En el escenario habia un equipo de bombo, tambor y platillo. En una mesa habia una gaita gallega, un alcordeón, un saxofón, una guitarra y algún otro instrumento mas que no estaba a la vista.

– La verdad es que son del pueblo de Lillo pero, en realidad solo son tres y según la música que tocan, usan diferentes instrumentos.

Valentín vio que entraba Vitoriano en compañía de otros amigos y le hizo señales alzando la mano. Cuando Vitoriano se acercó a ellos saludó a Maria.

– Bueno, yo os dejo, me voy fuera a ver si encuentro a unos amigos. No tardaré en volver.

Vitoriano observó como Valentin se alejaba y miró a Maria. Se metió las manos en los bolsillos del pantalón, luego sacó una haciendo el gesto de hablar sin saber como empezar.

– Falta poco para que empiece la música. Si tu quieres me quedo contigo y bailamos juntos.

– Como quieras. A mí me parece bien _Respondió Maria sonriendole_ podemos estar juntos hasta que vuelva mi hermano.

Empezó la musica y Vitoriano miró a Maria y sacandose las manos de los bolsillos, se acercó a ella con la intención de preguntarle si queria bailar pero no consiguio articular palabra alguna. Maria lo contemplaba intentando aguantarse la risa que aquella situación le provocaba.

– ¿Me sacas a bailar? _Le preguntó Maria tendiendole la mano y mirando al suelo para que no se notara las ganas que tenia de reirse_ Yo sola no puedo bailar.

– Sí, vamos a bailar _Vitoriano respiró aliviado de la situación en que se encontraba y cogio la mano de Maria.

Vitoriano tiró de ella hacia el centro de la pista, perdiendose entre las otras parejas que bailaban intentando seguir el ritmo de la música. Valentin, que observó la escena desde la puerta de salida, sonrió y volvió a la cantina para reunirse con sus hermanos. Fué entonces cuando Maria puso toda su atención en Vitoriano. Mientras bailaban, Maria jugaba con él permitiendole que se le acercara mas de lo que convenia. Ella sonreia dejando que Vitoriano tirara de su cintura hasta quedar separados solo por la ropa que ellos mismo llevaban puesta. Esperaba unos segundos y cuando notaba que Vitoriano estaba en pleno apogeo, con un movimiento brusco, se separaba de él mostrando una ligera mueca de enfado y seguian bailando.

– ¿Vendrá tu hermano a buscarte?

– No lo sé _Respondió Maria_ Cuando termine el baile, si no ha venido voy para casa yo sola.

– Maria, pronto será de noche y si quieres yo te puedo acompañar hasta casa.

– Me parece bien. Podemos irnos ahora, ya está oscureciendo.

Después de caminar hasta casa, Maria ofreció la mano a Vitoriano sonriendole de tal forma que él no conseguia sacar la suya del bolsillo.

– ¿Vendrás el próximo domingo? _Preguntó Maria sonriendole.

– Sí, vendré _Respondió Vitoriano a la vez que se separaba de ella.

Cuando Maria iba a entrar en casa, vio a Vitoriano despedirse de sus hermanos que llegaban en ese momento. Subieron a casa y José cerró la puerta y entró en la cocina donde Eliserio ponia una olla con caldo a calentar.

– Escuchad un momento. Ayer sábado pedí la cuenta en el trabajo, no volveré a trabajar en la mina.

– ¿Donde trabajaras? _Preguntó María con preocupación.

– Quiero trabajar la tierra o poner un negocio. Picar carbón me perjudica mucho a los pulmones y no puedo aguantar más.

– ¿Cuando te marcharas? _Preguntó Maria_

– Mañana temprano. Hablé con un camionero de los que transportan carbón y me llevará hasta Villafranca. Vuelvo a Cantejéira para reunirme con Emilia y Domingo. Quiero llegar a un trato con ellos para que yo pueda trabajar las tierras que ahora estan abandonadas.

– Pero las tierras son ellos _Le recordó Valentin_ Las heredaron a la muerte de su madre antes de que padre se casara con la nuestra.

– Lo intentaré y si no quieren llegar a un acuerdo me buscaré otra forma de ganarme la vida.

– En ese caso, haznos saber donde estaras _ Valentín y Eliserio salieron de la cocina y entraron en la habitación. La noche ya estaba cerrada.

José y Maria quedaban solos en la cocina. Ella le miraba en silencio y José adivinaba en su cara la tristeza que le causaba la noticia. Sonrió y se acercó a ella para abrazarla.

– ¿Lo has pasado bien en el baile?

– Sí _ Maria se abrazó a José_ Lo pasé bien. Nunca habia bailado en una sala se fiesta.

– ¿Te gusta Vitoriano? _La cara de Maria enrojeció _ Ya es un hombre y trabaja mucho.

José apartó a Maria, que seguia abrazada a él, y pudo ver que lloraba.

La decisión no volver a trabajar en la mina, que José habia tomado, no le permitió dormir durante la mayor parte de la noche. Se levantó antes de que el sol apareciera, preparó agua caliente, y con la brocha, llenó la cara jabón para que la navaja pudiera cortar la barba deslizandose con suavidad. Después de abrocharse los botones de la camisa, se puso la chaqueta y apoyó, contra la pared, el petate donde habia metido todas sus pertenencias. En silencio, abrió la puerta de la habitación donde dormia Maria, vio su cara con los ojos cerrados y volvió a salir para no despertarla. Cuando la puerta quedó cerrada, Maria se levantó, cogió un pañuelo para secarse las lágrimas y volvió a acostarse.

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