UNA pequeña HISTORIA DEL BIERZO
Manuel Camuñas nos regala : “TIEMPO DE IRA Y MISERIA”
TIEMPO DE IRA Y MISERIA : Capítulo1
TIEMPO DE IRA Y MISERIA : Capítulo 2
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 3
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 4
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 5
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 6
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 7
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 8
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 9
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 10
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 11
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 12
“TIEMPO DE IRA Y MISERIA” Capitulo 13
Capítulo 15
Muy temprano, el vecino de Cantejéira, Ricardo do Amigo llamó a la puerta de la casa de los García y esperó en silencio.
– Ya voy _Se oyó desde dentro de la casa _ Ahora salgo.
– Date prisa que tendremos que caminar todo el día y conviene hacer el mayor camino posible antes de que salga el sol.
– ¿Que hora es?
– Falta poco para las seis _ Respondió Ricardo_ tenemos que salir ya.
Maria colgó en sus hombros el hatillo donde llevaba sus cosas personales y se acecó a Manuel que le esperaba sentado en la cama completamente despierto.
– Me voy, dame un abrazo. _ Maria se acercó al pequeño Manuel con los brazos abiertos_ Procura hacer bien todo lo que te manden.
– Dile a José que venga a buscarme pronto _Suplicó_ Quiero ir con vosotros. Domingo busca cualquier escusa para pegarme y Emilia no me defiende, a ella solo le interesa el dinero que manda el estado para nosotros dos.
– José vino a por mí y tambien vendrá a por tí _Los dos hermanos se abrazaron_ pero hasta que llegue el dia, debes hacer todo lo que te manden para evitar que te maltraten.
Ricardo do Amigo y Maria emprendieron el camino a través del monte hasta que, pasadas mas de tres horas llegaron a Paradaseca. Ricardo do Amigo sacó el reloj del bolsillo y comprovó que las agujas marcaban las once y media de la mañana. Era una buena hora ya que el tiempo fresco de la mañana les permitio caminar mas de prisa. Después de desayunar con pan de centeno y carne de cerdo, siguieron la carretera en dirección a San Martin de Moreda, donde descansaron media hora y siguieron el camino, pasando por Moreda y Fonolledo hasta llegar a Fabero.
Maria paró a la entrada del pueblo, puso la mano en la frente para evitar que el sol del atardecer le deslumbrara y observó por primera vez la carretera que atravesaba el pueblo y se volvió hacia Ricardo.
– ¿Que hora es? _Preguntó Maria mostrando, en su cara, el cansancio insoportable de todo su cuerpo.
– Son las seis y media de la tarde.
– Ahora tenemos que ir a casa de mis hermanos. ¿Sabes donde está?
– Sí, sé donde está, es una casa con tres viviendas y ellos hace poco que alquilaron una.
– Entonces sigamos. Tengo ganas de ver mis hermanos pero tengo mas ganas de descalzarme y descansar los piés.
Continuaron el camino por en medio del pueblo hasta llegar a la calle que giraba a la izquierda. Al fondo se veia un balcon corredor, que colgaba de la pared de una casa, debajo del cual habia un portón que daba acceso al interior. Ricardo levantó la mano señalando con el dedo.
– Maria, aquella es la casa. La vivienda es el piso primero.
– ¿La casa que se vé al fondo?
– Sí, es aquella que se ve al fondo _Señaló Ricardo_ aquella que tiene un balcon encima de la puerta de entrada.
Maria aceleró el paso hasta llegar a la puerta de la casa y se giró para mirar a Ricardo que caminaba sonriente y sin tanta prisa como lo hizo ella. Cuando llegó empujó la puerta con intención de abrirla para poder entrar.
– No podras abrir, estan todos trabajando y tienes que esperar a que vuelvan _ Ricardo observó la cara de Maria que mostraba el inmenso cansancio provocada por tantas horas de camino_ A esta hora, tus hermanos habran salido de la mina, pronto llegaran.
Maria observó los alrededores de la casa que estaba construida en los límites del pueblo donde habia huertas con diferentes cultivos, cuyos frutos ayudaban a sobrevivir a las familias de los mineros, y zonas que estaban pobladas de árboles y arbustos que servian para esconder a los paisanos mientras hacian sus necesidades fisiológicas.
– Está todo lleno de mierda. Cuando hay necesidad hay que hacerlo entre los huertos y los arbustos. En este barrio no hay cloacas.
– ¿Todos tienen que hacer lo mismo? _Preguntó Maria.
– Algunos vecinos tienen en sus casas cuadras con cerdos, gallinas y conejos. Cuando tienen que cagar lo hacen en las cuadras y después les sive de abono para los huertos.
– Es lo mismo que hacemos en Cantejéira.
– Sí, es lo mismo _Ricardo sonrió_ Solo que en esta casa no hay cuadras.
– ¿Tu casa donde está? _Pregutó Maria.
– Mi casa está allí _Ricardo señaló con el dedo el final de la calle y se volvió hacia Maria_ Tú los esperas aquí, no tardaran en venir. Si no fuera asi, vas a mi casa y me lo dices.
– ¡Alli! _Maria señaló con el dedo índice hacia el principio de la calle_ Allí, allí vienen. Son José y Eliserio.
– Sí, son José y Eliserio.
– Falta Valentin.
– No te preocupes. José sabrá donde está.
Maria, contenta como pocas veces estuvo, corrio hacia José y se abrazó a él. Era el hermano con el que se sentia segura. Con los otros hermanos tambien se sentia asi, pero con José era diferente.
– ¿Qué traes en la bolsa? _Preguntó Maria.
– Traigo cosas para hacer la comida.
– ¿No viene Valentin?
– No, no viene _ Respondió José poniendole la mano en la cabeza y alborotandole el pelo_ Se han quedado trabajando dos horas más. Volveran a casa cuando ya sea noche, hace falta ganar mas dinero.
José consiguió liberar su cuello de los abrazos y besos con los que le obsequiaba su hermana Maria y se acercó a Ricardo do Amigo.
– ¿Como habeis venido?
– Caminando.
– ¿Caminando? _ Preguntó Eliserio.
– ¿Desde Cantejéira? _Pregunto José incrédulo mirando a Maria_ ¿habeis venido andando desde Cantajeira?
– Sí, vinimos caminando _Afirmó Maria_ Salimos de Cantejéira hace once horas y hace media hora que llegamos.
– Yo me voy _ Avisó Ricardo do Amigo_ Me estan esperando en casa y tengo ganas de descansar.
José y Eliserio prepararon la cena con cuidado de no despertar a Maria, que se habia quedado dormida a causa del cansancio acumulado, durante el día, en el camino recorrido. Eliserio puso los platos en la mesa y se preparaban para cenar.
– Bueno, esto ya está _ Eliserio puso los platos en la mesa_ Llama a Maria para que venga a cenar.
José entró en la habitación y vio a Maria encogida sobre la cama y presa de un sueño profundo causado por el cansancio acumulado durante todo el día. Cogio una manta, la extendió sobre el cuerpo acurrucado de Maria y salió de la habitación para sentarse a la mesa donde Eliserio le esparaba para cenar.
– No viene, se quedó dormida como un tronco.
– Mejor que duerma y descanse ¿Has visto como tiene los pies?
– Si los he visto, sí _Respondió Eliserio_ Los tiene muy inchados y con llagas. Tendrá que cuidarlos durante una semana.
– Deja, en la mesa, el plato con la comida. Valentin tardará poco en llegar y tendrá hambre.
Cuando Valentin llegó a casa José permanecia sentado en la silla, adormecido con la cabeza apoyada sobre los brazos encima de la mesa. Se sentó frente al plato de comida que estaba en la mesa y comenzó a comer mirando como José se despertaba levantando la cabeza.
– ¿Como es que no estas en la cama?
– Es que llegó Maria _Respondió José mientras se pasaba la mano por los ojos _ Ahora está durmiendo.
– ¿Cuando llegó el autocar?
– No vinieron en autocar _Respondió José_ Vinieron andando.
– ¿Vinieron andando? ¡Que barbaridad! Hay más de cuarenta kilómetros ¿Como tiene los pies?
– Mal, necesitará algunos días para que se curen las llagas.
Valentin se levantó y entró en la habitación, donde Maria permanecia acostada, en silencio se acercó a la cama y se agachó para mirarle la cara sin despertarla pero Maria se giró, levantó los brazos para abrazar a Valentin y los dejó caer para seguir durmiendo. Valentin observó de nuevo los pies de Maria y salio de la habitación.
– José ¿Como nos repartimos para dormir?
– Tú y Eliserio dormireis en la otra habitación. Maria y yo dormiremos en ésta.
Valentin volvio a sentarse delante del plato y terminó su cena. Los dos hermanos estaban en silencio hasta que Valentín se levantó, recogio el plato de la mesa lo llevó a la fregadero y se sentó frente a José.
– José, en la mina la gente dice que los americanos van a ayudar Francia y a Alemania para rehacer todo de nuevo. El proximo año necesitaran trabajadores.
– Yo tambien oí eso que dices pero, como Franco instauró la dictadura, no sé si los españoles podremos ir _José apoyó el mentón en el puño_ Pero tengo otros planes. No quiero seguir en la mina de carbón. Prefiero trabajar la tierra o cualquier otro trabajo que no sea en dentro de la mina.
– ¿Donde tendras tierra para cultivar? En Cantajeira las tierras son de Domingo y Emilia porque las heredaron de su madre. Nosotros no tenemos nada.
– En Pradela. Allí hay unas fincas para trabajar pero aún no sé nada seguro. Cuando este mes quiero ir a Cantejéira y cuando vuelva pasaré por Pradela para hablar con aquella gente.
– En ese caso José, lo mejor que podemos hacer ahora es ir a dormir. Mira que Maria tenga el orinal a la vista para que, cuando se despierte, pueda verlo. Buenas noches.
– Hasta mañana, buenas noches.
Eran las seis y media de la mañana cuando el reloj despertador sonó. José se levantó de la cama, sin encender la luz se vistio con cierta urgencia y a oscuras salió de la habitación para ir al campo a cagar. Cinco minutos después volvia a la casa con el cinto apretado, sujetando el pantalón y abrochandose los botones de la bragueta. Eliserio y Valentin fueron apareciendo uno tras otro, cruzandose con José en el camino de vuelta a la casa, sin decir palabra alguna.
Cuando entraron en la cocina, encontraron en la mesa el cuchillo al lado de la hogaza de pan y las cazuelas que Maria estaba llenando con leche caliente.
– Buenos dias Maria ¿A que hora te has levantado?
– Hace una hora, me levanté para orinar y como no tenia sueño me metí en la cocina para preparar el desayuno.
– Maria ¿Que vas a hacer esta mañana? _Preguntó José.
– En primer lugar, voy a organizar la casa y ver lo que teneis aquí. Despues, cuando haya terminado, iré a dar una vuelta por las calles para conocer el pueblo. Yo nunca estuve aquí, es la primera vez que estoy en Fabero.
– Mira todo bien y haz una lista de lo que puedas necesitar. A las cinco de la tarde salimos de la mina. Yo vendré a buscarte para ir contigo a comprar lo que te haga falta.
Maria asomada a la ventana observaba como los tres hermanos caminaban por la calle, cuesta abajo camino de la mina, hasta que desaparecieron de su vista. Abrio todas las ventanas para ventilar la casa y registró todos los armarios y rincones de la vivienda. Sacó las sabanas de las camas y las puso en las ventanas para ventilarlas. Fue a la fuente con un caldero para llenarlo de agua y depués, al volver, pasó al lado de la carbonera para comprobar si habia carbón suficiente para muchos días. Entró en casa, vació el agua en el depósito de la cocina.
– Aún falta un caldero más de agua para llenarlo _Se dijo a si misma mientras salia de casa camino de la fuente_ y otro más para fregar el suelo.
En la fuente, otra vecina estaba llenando un garrafón de agua. Maria se acercó a ella y dejó el caldero en el suelo.
– Buenos días
– Buenos días _Respondió la mujer_ ¿Tú eres Maria, la hermana de los hermanos Camuñas?
– Sí señora, yo soy. Llegué ayer durante la tarde.
– Yo vivo en la casa de al lado ¿Te vas a quedar con ellos?
– Sí señora _Respondió Maria mirando a la señora con cierta desconfianza_ Soy su hermana y voy a vivir con ellos, pero dígame como se llama usted.
– Mi nombre es Avelina, pero díme ¿Que vas a hacer cuando termines de limpiar el piso? _La señora Avelina observó cierto recelo y desconfianza en la cara de Maria_ Te lo pregunto porque yo tengo que ir a comprar algunas cosas y si quieres vamos juntas.
Avelina y María caminaban calle abajo camino del centro del pueblo. La conversación era animada hasta que, al doblar una esquina, Maria se paró y miró a Avelina.
– Avelina ¿Que pasó aquí?
– Hubo un incendio muy grande que quemó mas de medio pueblo.
– ¿Cuando pasó?
– Pasó a mediados de septiembre. Ardió una parte grande de Fabero y Pontedo, pero nadie sabe como empezó. Se corrió la voz de que fueron los prisioneros del campo penal.
– ¿Hay un campo penal aquí, en Fabero? _Preguntó Maria.
– Sí, dicen que es un penal pero los mineros le llaman campo de trabajos forzados. Cuando se acabó la guerra civil, los nacionales mandaron construirlo cerca del pueblo. Los sacaban para llevarlos a trabajar a unas minas que llaman “Minas Moro”. Trabajan todo el dia y por la noche los traian de nuevo para encerrarlos hasta la mañana siguente.
– ¿Donde está? _volvió a preguntar Maria.
– No sé decirte exactamente. Yo oí que lo construyeron donde hay un pozo muy antiguo de la empresa “Antracitas de Fabero” pero nunca estuve allí. Pregunta a tus hermanos, ellos te lo podran decir mejor que yo porque conocen los montes donde estan las minas.
Avelina y Maria recorrieron el pueblo haciendo las compras imprescindibles y emprendieron el camino de vuelta a casa. Era la primera vez que Maria caminaba por las calles de un pueblo semidestruido por el fuego.
– Avelina, mi hermano José me habló de una sala de baile que abria los días de fiesta.
– Así es _Respondio Avelina señalando con la mano_ Está alli, es aquella casa, la mas grande que se ve desde aquí.
– Me gustaria ir el domingo. _ Dijo Maria mostrando la sonrisa en la cara_ Yo nunca estuve en una sala de fiestas.
Avelina observó el esplendor que Maria reflejaba en su cara, tersa y sonriente, enmarcada por su pelo negro. Bajó la vista para mirar las manos que mostraban los callos formados por el trabajo duro y volvio a mirar su cara. Era una mujer completa que irradiaba vida, acostumbrada al trabajo duro desde que nació.
– ¿Cuantos años tienes?
– Dieciocho _Respondio Maria.
– ¿Tus hermanos estan todos solteros?
– Sí, los que estamos aquí, en Fabero, estamos todos solteros.
– Díselo a tus hermanos. Diles que quieres ir al bailar y seguro que alguno de ellos querra acompañarte el proximo domingo.
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