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– PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE (I)
–PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS II
–PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (III)
–PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (IV)
– PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (V)
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Aquella noche oscura de Julio, iluminada en la lejanía, hacia Naciente, por los incendios de Ponferrada, Carmen González del Valle, subió a la terraza superior de su casa.
Había, en el edificio, dos terrazas: una miraba hacia la carretera, hacia Ponferrada y la otra, la inferior, limítrofe con las huertas del Ferradal, el soto de castaños de El Lago y , más lejos, la cantera de Cosmos.
La casa había sido construida por Narciso Martín, quien supo dar luz a las habitaciones interiores con claraboyas situadas, precisamente en aquella terraza, desde la que Carmen, con unos potentes gemelos Voigtlander Braunscheweig, confiscados, días más tarde, por un falangista de Sobrado, contemplaba aterrorizada como el fuego devoraba iglesias en Ponferrada.
Pocos minutos después, Antonio del Valle, su marido, perfectamente vestido, a pesar del calor, con un traje de dril y una corbata de topos blancos sobre fondo verde, subía también a la terraza. Se miraron en silencio y ella le cedió los prismáticos para que contemplase los incendios que amenazaban la capital de El Bierzo.
Antonio se despojó de la americana y arremangó la camisa hasta los codos.
-Son los mineros, Carmen, -dijo- que pretenden hacer la Revolución por su cuenta y así no llegaremos a ningún lado.
-Este país necesita un cambio total. Sobra caciquismo, pero, a las bravas, desgraciadamente, no conseguiremos nada.
Hizo una breve pausa mientras enfocaba, de nuevo, los prismáticos hacia la lejanía.
-El ejército se ha sublevado en Canarias y, seguramente, muchas capitanías, en la Península, lo apoyarán. Esto se va a convertir en un caos. Vamos directamente, a una guerra civil.
-A Toral, quizás no llegue la guerra… Es un pueblo tranquilo. –dijo ella- .
Movió, el hombre, dubitativamente la cabeza
-Tal vez no llegue la guerra, -repitió- pero los fascistas -y hay muchos- intentarán ayudar a los militares y anular la legalidad. O sea, Carmen, querrán hacerse cargo de la autoridad en el pueblo y disolverán el Ayuntamiento como primera medida.
Carmen se acercó a su marido
-Ya te dije, Antonio, que no te metieras en política. Yo nunca quise, lo sabes bien, que entrases como concejal en el Ayuntamiento.
-Yo no soy político, Carmen… No he venido a la política para lucrarme, bien sabe Dios. Yo entré en política porque Toral necesita muchas cosas… Por ejemplo, Escuelas Municipales dignas.
Carmen se apoyó en el hombro de su marido y acarició, con mano temblorosa el rostro del hombre en el que comenzaba a azulear la barba, a pesar de haberse afeitado, perfectamente, al amanecer ya que Antonio, desde siempre, acostumbraba a levantarse muy temprano.
CONTINUARA
Categorías:Colaboradores, Toni



















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