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PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (V)

 

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002(9) [Resolucion de Escritorio]PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (V)

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Iº- PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE (I)
IIº-PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS II
IIIº-PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (III)
IVº- PASION Y MUERTE DE ANTONIO DEL VALLE Y SUS COMPAÑEROS (IV)

-Pues… -dudó Diego- No lo sé. Tal vez dijera lo que usted dice: “incautarse”, -recalcó la palabra- , pero no lo sé

Letamandía se dio cuenta inmediatamente que Diego no quería involucrar en el delito a su compañero.

-Venían a incautarse de la camioneta por orden del alcalde de Toral… –escribió José Letamendía

-¿Sabe usted los nombres de los otros elementos o los conoce de algo?. –terció Gonzalo Galarraga que , de espaldas a ambos, seguía mirando por el amplio ventanal.

-No, don Gonzalo. Dijo, solamente que venían, por orden del alcalde de Toral a incautarse de la camioneta, que la necesitaban y al responderle yo que me enseñase un escrito o un documento que avalara sus palabras, no respondió.

Hizo una breve pausa.

-Y se dirigieron al garaje en donde está el vehículo. Subieron a la cabina; Blas la puso en marcha y se dirigieron a Toral. Eso fue todo.

Diego miró a los dos hombres. Galarraga, seguía dándole la espalda y contemplando al grupo de trabajadores que, fuera, seguían en actitud amenazadora . Letamendía, por su parte, revisaba el escrito. Éste, finalmente, retiró el papel de la máquina de escribir, lo alisó sobre la mesa y lo leyó con lentitud, en voz alta.

-¿Está de acuerdo usted con lo que se dice aquí…? -preguntó

-Sí, señor.

-Pues fírmelo – señaló el pie del escrito.

Diego se acercó a la mesa y tímidamente pregunt, después de firmar.

-¿Puedo retirarme…?. En casa, seguramente estarán preocupados por mi tardanza y, tal y como están las cosas…

-Váyase, Diego -dijo Gonzalo Galarraga sin volverse- y, sobre todo, no comente con nadie lo sucedido. ¡Ah ¡. Deje la tercerola aquí y mañana incorpórese al trabajo normalmente

Diego hizo una leve inclinación de cabeza y salió.

Afuera, el sol, en su declive, seguía quemando los campos cercanos.

CONTOINUARA

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