
Un año después de los devastadores incendios que arrasaron El Bierzo y Sanabria, los ríos siguen pagando las consecuencias.
Las lluvias arrastran las toneladas de ceniza, tierra y sedimentos que antes retenía el bosque. El resultado es un agua convertida en barro, ecosistemas degradados y pueblos que ven cómo el río que les da vida durante el verano se transforma en un lodazal.
Porque los incendios no terminan cuando se apagan las llamas. Sus efectos permanecen durante años, lejos de los focos y de los titulares.
El verdadero incendio también discurre río abajo.
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¿Dónde está la Administración? Apagar el incendio es solo el primer paso. Un año después, los ríos siguen evidenciando que la recuperación del monte no ha terminado. Los pueblos no pueden afrontar solos las consecuencias de una catástrofe de esta magnitud.