La Memoria furtiva- Capitulo 5
Manuel Camuñas Lama y “ La Memoria furtiva”
_Sí papá, sí, Tú y yo estuvimos en su entierro, pero no te preocupes porque tú no morirás pronto.
_No… no… eso, dilo tú, eso dilo tú.
_¿Qué he de decir yo? no te entiendo.
_Eso de antes, eso… ¡Ah… eso!
_Quieres decir que no te preocupa morir ¿Es eso lo que me quieres decir? Ya veo que sí, que es eso, no te preocupa morir ¡Vaya! sí que lo tienes claro.
_No, no tengo… No tengo miedo, es una… morir es una… necesidad, sí, necesidad.
Manuel pensó que su padre hablaba así a causa de su enfermedad pero observaba sus ojos y en la mirada de José se podía ver cuando tenía algunos momentos de claridad mental y no había duda de que aquel era uno de esos momentos.
_¿Te acuerdas de que tú y yo nos encontramos con él muchas veces, en la calle? Cuando yo le saludaba, él me miraba durante unos segundos, como si no me conociera pero de inmediato me reconocía y decía mi nombre, luego hablábamos de cosas sin importancia de cada día y nos despedíamos.
Un domingo, cuando iba a comprar el periódico, yo me encontré con él y su esposa, tu hermana Carolina y al acercarme a ellos para saludarlos, él se apartó de mí mientras yo daba un beso a mi tía y con un gesto muy contrariado me preguntó.
<< ¿Quién es usted señor, que quiere de nosotros?>>
En ese momento pensé que me hacía una broma pero no era así; mi tía se acercó a él, lo cogió de la mano para tranquilizarlo y le dijo al oído << Es Manuel, es el hijo de José, ¿no lo reconoces? >>
En ese momento él cambió el semblante, había recobrado la memoria y ya me reconocía, me abrazó y se disculpó.
<< Estoy perdiendo memoria, a veces no sé con quien estoy y ahora me pasó contigo, parece que tengo principios de alzheimer >>
Todo aquello que me explicaba, yo lo escuchaba atentamente pero con la mente distante, comprendía que él tenía una enfermedad grave pero yo no sufría por ello.
Era como si aquello fuera una enfermedad que solo afectaba a los demás y uno mismo estuviera a salvo de todas las desgracias. Yo no podía imaginar que, unos años después, tú estarías en la misma situación y entonces empezaríamos a hablar de principios de altzheimer, tal como hacía él, cuando en realidad no eran principios porque, cuando el mal es visible, los principios fueron hace mucho tiempo.
Después de aquel encuentro con los tíos, yo no pensé más en el problema porque no me afectaba directamente pero ahora, pasado el tiempo, estoy seguro que tú sentías de forma diferente e intuías que por edad no estabas lejos ni a salvo de caer en la garras de tal desgracia. Seis años después el tío Fermín murió y asistimos a su entierro, durante algunas horas yo estuve hablando con su hijo y su mujer, amen de otros familiares, que me explicaron muchos de los avatares pasados durante los años que vivió su padre afectado por la enfermedad de alzheimer.
Pude saber que en varias ocasiones se había perdido, pasaba mucho tiempo fuera de casa, en una ciudad tan grande como Barcelona hasta que finalmente la policía lo encontraba y lo devolvía a su domicilio. En una ocasión la policía le llamó para comunicarle que tenían a un anciano en la comisaría acompañado de un perro y que llevaba un papel con el teléfono escrito.
El perro siempre lo acompañaba, en todo momento y cada vez que se movía, le seguía como si fuera consciente del problema de su amo y no lo abandonaba nunca.
Durante los seis años anteriores a su muerte, fue empeorando de tal forma que no reconocía a su esposa, hijos y nietos. Su esposa se ocupaba de él de forma permanente y lo tenía vigilado para que no saliese de casa solo, pero era imposible que no apareciera alguna ocasión en la que él conseguía salir de casa para luego perderse en la ciudad y…
_José, José, tiene que venir conmigo que ha venido el peluquero para cortarle el pelo.
_Es Mercedes que te llama. Vete, con ella, a dentro que te cortaran el pelo, vete que yo espero, cuidado, levántate despacio, así, muy bien, vete solo que yo te sigo.
_sí, voy, sí.
_Mercedes, me gusta como habla usted ¿De donde es usted que habla tan bien?
_Soy de Santo Domingo y hablo la lengua que ustedes nos dejaron allí. He oído que su padre tenía familia con alzheimer.
_No exactamente, era un cuñado suyo. ¡Cuidado papá, cógete a la baranda para subir! La familia lo pasó bastante mal, fueron muchos años luchando contra la enfermedad y quedaron agotados.
_Es necesario mucho sacrificio y voluntad para cuidar de un anciano, en esa situación, en casa.
_Es cierto, es cierto. Él perdió la capacidad de controlar sus intestinos y cuando tenía necesidad de evacuar lo hacía simplemente encima de si mismo, se acercaba a la taza del “water” pero se sentaba sin quitarse la ropa; esto era un problema de higiene añadido y no precisamente pequeño porque venía a sumarse a los ya existentes que por sí solos eran harto complicados, máxime cuando la experiencia de la familia era nula exceptuando la que ellos mismos adquirían en cada momento que aparecía una nueva fase de la enfermedad.
En cuanto al cuidado médico el problema era desesperante para toda la familia mas allegada, todos los medicamentos que le suministraban eran para calmarlo y al principio de su aplicación daban un resultado esperanzador ya que evitaban las respuestas violentas por su parte y ello permitía que, el cuidado de su persona como era la limpieza y el cambio de la ropa de vestir, fuera mas calmado, pero al cabo de pocos semanas esos mismos medicamentos ya no hacían efecto y era necesario cambiarlos por otros, de diferente composición.
Otra de las situaciones, especialmente grave, era aquella en la que tenían que hacerle la limpieza corporal. Él se asustaba mucho porque no reconocía la situación ni a las personas que lo limpiaban y debido al intenso miedo que le invadía, se defendía atacando; tuvieron que habilitar una habitación sin muebles y con los utensilios imprescindibles y necesarios para poder mantenerlo limpio y con higiene.
_¡Hola José! hay que ver lo guapo que te han dejado, estás muy lindo. Ven conmigo José que te llevo a este otro banco donde da menos el sol y hay mas sombra porque ya empieza a hacer calor.
_Gracias Mercedes. Papá, ven, acércate a mí, escucha ¿Recuerdas las cosas que te explico?
_Cuando… cuando las dices, sí recuerdo.
_¿Y después, las recuerdas también?
_No sé, después no sé, si… ¡¿?!…
_Ya veo que no recuerdas nada ¿Sabes quien era Fermín?
_Fermín murió.
_¡Vaya, te acuerdas! ¿Y yo, quien soy yo, sabes como me llamo?
_¿¡!? ehm… No…
_Bien Papá, no te preocupes, sabes quien soy pero no recuerdas mi nombre ¿Es eso, verdad?
_Sí, si, es… es… eso sí. Tú sigue, tú sigue, si.
_Pues como te decía, antes de que te llamara el peluquero, aquel día que te acompañé a tu casa y estando a punto de irme, yo seguía ensimismado con los agrios recuerdos de lo que le había pasado a la familia del tío Fermín, incluso ya me imaginaba la situación: Yo contigo en el baño intentando limpiarte y tú asustado, queriéndote defender de mí. En ese momento mamá me tocó en el brazo y me volvió a la realidad. Ahora la realidad era que el afectado no era un vecino, un tío, un familiar lejano o un compañero de trabajo, no, ahora el enfermo estaba en la familia directamente y con estos recuerdos, mi ánimo se venía abajo debido al panorama tan negro que se presentaba. Ahora el problema de la enfermedad empezaba a ser serio porque nos atacaba directamente. En este tiempo eras tú el que cuidaba de mamá y si ahora estabas afectado de alzheimer la situación sería dramática, ella en cama por su enfermedad coronaria y tú perdido completamente en el espacio y en el tiempo.
Yo me despedí de vosotros para regresar a mi casa. Caminé calle abajo, pensando en lo ocurrido, de regreso y de repente, durante unos minutos, me asaltó tal terror que incluso tuve que parar un instante, sentado en un banco del parque, antes de llegar a mi casa.
Observé a los niños que jugaban, unos en la arena y otros en los columpios y barras de gimnasia mientras que sus madres y abuelos cuidaban de ellos; yo mismo había llevado a jugar a mis hijos, cuando eran pequeños, al mismo parque. Algunas veces tú y mamá habíais estado con ellos, lo mismo que ahora hacen otros abuelos con sus nietos.
Esos abuelos, de los que una gran parte de ellos, dentro de unos años, acabaran en una situación igual a la tuya y ellos estaban allí tan tranquilos. ¿Es que no veis la que se os viene encima?, pensé yo ¿Acaso pensáis que no os va a tocar a vosotros? si fuerais listos estaríais ahora preparándoos para cuando os llegue la hora, vuestros hijos tendrían que ser conscientes de que serán cogidos de improviso pero no lo saben y si llegaran a saberlo lo ignorarían voluntariamente como nos ocurrió a todos los que ahora nos encontramos con el drama y en ese momento estamos seguros de que somos únicos con este problema y acabamos creyendo que todos los abuelos del mundo están bien de la memoria excepto nuestros padres. En este pensamiento estaba absorto cuando en los pies me golpeó una pelota, levanté la cabeza y observé al niño que estaba de la mano de su abuelo.
<< Perdone señor, ¿me da la pelota? >>
Cogí la pelota de entre mis pies y se la alargué con mis manos hasta las suyas, miré a su abuelo y le observé con tal insistencia que la situación le resultaba descaradamente incómoda y yo apenas era consciente de ello, lo miraba porque tenía una sensación extraña, él estaba ahí delante de mí, tan tranquilo y feliz y sin embargo tú estabas hecho una calamidad a pesar de que era evidente que tú eras mucho mas joven que el anciano que tenía en mi presencia.
_Tú estas, estas… Tú… _José interrumpió el relato de Manuel colocando la mano en su rodilla_
_¿Eh, quieres decirme algo?
_¿Tienes… esto, dilo tú… susto… tu tienes?
_No te entiendo, habla mas despacio y te entenderé.
_Sí, si, eh… miedo, sí miedo, la cabeza no… como yo.
_¿Si tengo miedo a estar como tú, es eso lo que me preguntas?
_Sí
_No, no tengo miedo, ahora no tengo miedo pero aquel día si lo tuve. Después de que el niño cogió la pelota y se alejó cogido de la mano de su abuelo, la excitación se fue disipando poco a poco, me calmé y recapacité sobre la situación; el caso es que, si la enfermedad avanzaba, esto no sería para el día siguiente y yo tendría un tiempo para reaccionar y pensar en alguna solución.
Por un lado estaba mi mujer que siempre me había ayudado y con ella se podía contar por completo, luego estaban mis hermanos y por tanto el problema se podía repartir entre todos haciendo más llevadera la nueva situación.
Poco a poco, mientras caminaba hacia casa, fui sacudiéndome el espanto que se había apoderado de mí y pasé de un estado de miedo a otro de euforia desenfrenada para, unos minutos después, recobrar la calma completa y ser consciente de que, con la tranquilidad y templanza debida, encontraríamos una solución para así, entre todos cuidar de vosotros dos mientras vivieseis. Respecto a mamá el problema nos… ¿Porqué te giras, a quien buscas?
_Mamá está allí, dentro de casa ¿la llamamos?
_Después papá, después, ahora escucha. Te decía que respecto a mamá el problema nos afectaba a todos pero desgraciadamente no podíamos hacer otra cosa que cuidarla y ayudarla, la situación de su enfermedad coronaria era muy grave para con ella sola ya que tendría que pasar por una operación de válvulas del corazón muy arriesgada y en la que nosotros no podíamos hacer nada, pero su mente estaba completamente viva y despejada. Ella controlaba sus actos perfectamente y en su higiene no necesitaba ayuda especial, podía permanecer sola e incluso preparaba su comida como si se tratara de un ejercicio físico de terapia; con la atención diaria por nuestra parte el problema estaría resuelto, pero contigo papá, contigo el estado de las cosas cambiaba completamente.
_Yo no estaba loco, yo no tengo… en la cabeza…
_Lo sé papá, lo sé ¡Claro que no estabas loco, no lo estabas antes ni lo está ahora! Tú perdías memoria pero eras fuerte físicamente y por ese motivo, la pérdida de memoria te haría cada vez más miedoso, más asustadizo y tu instinto de defensa te convertiría en violento. ¿Cómo podíamos ayudarte y controlarte, en caso de que llegaras a utilizar la fuerza para defenderte de lo que tú creyeras un ataque hacia tu persona? Eso solo
Capítulos anteriores :
Manuel Camuñas Lama y “ La Memoria furtiva”–
La Memoria furtiva- Capitulo 1
La Memoria furtiva- Capitulo 2
La Memoria furtiva- Capitulo 3
La Memoria furtiva- Capitulo 4 – Día Mundial del Alzheimer 2015
Categorías:CulToral



















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