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La Memoria furtiva- Capitulo 4 – Día Mundial del Alzheimer 2015

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La Memoria furtiva- Capitulo  4
Manuel Camuñas Lama y “ La Memoria furtiva”

……..progresaba tu enfermedad y procuraba que no te dieras cuenta de mi actitud; esto me permitía saber mas cosas de ti para poder ayudarte mejor. Los dos os alegrabais mucho cuando nos encontrábamos en la calle porque así hablábamos un rato y eso os sacaba de la rutina de silencio en la que quedan los mayores cuando se vacía la casa porque los hijos emprenden su propio camino en otro lugar.

_Sí, estábamos… solos y… y… no me sale, no… me sale, con la gente, sí hablar, sí, con la gente.

_En mi opinión y después de observarte, creo que, por entonces, tu tenías la mente clara durante la mayor parte del tiempo y los fallos de memoria eran lagunas temporales que duraban poco tiempo, en ocasiones estos fallos los tenías varias veces al día pero duraban unos minutos, pocos, o incluso segundos, sin embargo a medida que pasaban los meses la situación iba cambiando, aumentaban las lagunas de memoria y la duración de las mismas y disminuía el tiempo de claridad.

_¿Está mamá? mamá sabe…eh, lo que me pasa.

_¿Qué dices papá? Parece que no me escuchas, mamá hace tiempo que no está.

_¿Dónde…, donde…, mamá?

_Está bien, vamos a dejarlo por hoy. Mamá se murió hace tres años, ya no vive con nosotros.

_Si está, sí, ella salió a comprar al mercado ¿Porqué dices que no está?

_Veo que estás cansado. Mañana, que estarás mas tranquilo, volveré y continuaremos con los recuerdos antes de que yo los olvide, como te pasó a ti. Ven, dame un abrazo, mañana volveré, hasta mañana.

_Si, tengo que… con el mechero, el mechero… encender…

_¿Qué quieres encender?

_La cocina, quiero encender la cocina.

_¿La cocina?

_Sí, mamá viene y… mamá…

Manuel Miró a su alrededor y le hizo un gesto a Laura para llamar su atención.

_¡Laura! mi padre está algo nervioso, lo voy a dejar para que descanse. Mañana volveré para ver si está mas tranquilo y así continuar hablando con él.

_Tuvo la noche muy agitada, hay noches que se asusta y grita mucho y ahora estará cansado.

_Entonces le dejaremos descansar hasta mañana _Dijo Manuel a Laura mientras se volvía hacia José_ Escucha papá ahora te vas con Laura porque es la hora de la comida, yo me llevo la ropa para lavar y mañana volveré.

Manuel se acercó a José y le dio un abrazo de despedida, le arregló el pelo con los dedos y cuando hizo el gesto de despedirse de él, vio como José le miraba fijamente.

_¿Quién eres tú? _Le preguntó José con la curiosidad propia de estar viendo a alguien totalmente desconocido-

_Soy tu hijo, hace mas de dos horas que estamos hablando ¿Te has olvidado?

_No sé quién eres ¿donde está mi mujer?

Laura se acercó a José y le cogió de la mano, tiró de él para forzar que arrancase a caminar y así dirigirse hacia la entrada del edificio que daba al comedor de donde procedía el bullicio propio de la puesta de las mesas.

_Venga conmigo José que vamos al comedor y después de comer descansará un rato. Cuidado con el escalón, arriba, con cuidado, coge la baranda que subirás mejor.

_Sí, comer, comer, sí ¿Quién es, que… que…?

_Es tu hijo, mañana volverá de nuevo y podrás hablar con él. Ahora tienes que sentarte a la mesa y comer.

III

Manuel lleva, en el bolsillo, el sobre con la carta que Juanita le había dejado antes de marchar de la residencia de ancianos. La había leído el día anterior, durante el trayecto que hacía en el autobús que cada día le llevaba hasta su casa y en el que ahora volvía de nuevo para continuar hablando de los recuerdos con su padre. Sacó de nuevo la carta que Juanita le dejó escrita y la leyó otra vez.

<< He buscado en mi memoria los recuerdos de mi adolescencia y de mi juventud y quisiera hablar de ellos contigo porque confío en ti, confío en la persona que me escuchó, que se interesó por mi estado y por el lugar donde había nacido. Son muchas las cosas que hay en mi memoria y que se atropellan por salir pero no creo que tenga tiempo y por eso te diré que aquella noche de verbena estuve en la fiesta en compañía de unas amigas de colegio. Ocurrió que, mientras mis amigas bailaban con los chicos del pueblo, yo permanecí apoyada de espalda en uno de los árboles de la plaza donde se celebraba el baile, junto al entarimado donde estaba la orquesta. David, aquel joven guapo y fuerte, con el cuerpo endurecido por el trabajo de agricultor, se acercó a mí y sin mas preámbulos, bajó su cabeza para decirme al oído <<Quiero que seas mi novia>>. Dios mío, yo creí morirme, aquel chico que tenía diez y ocho años y que gustaba a todas las chicas del pueblo estaba allí, delante de mí.

En ese momento hubiera deseado que me crecieran las uñas y de esa forma poder escaparme gateando por aquel tronco arriba hasta llegar a la copa del árbol en el que estaba apoyada. Volvió a inclinarse y repitió <<Quiero que seas mi novia>> Como yo no le decía nada, su sonrisa disminuía a medida que aumentaba su pánico.

Yo observaba como los vecinos, desde los balcones que rodeaban la plaza, miraban la escena sin perder detalle alguno. Él estaba deseando que se lo tragara la tierra, así que levanté mi mano izquierda y dejé que me llevara al centro de la plaza donde las parejas bailaban el pasodoble. Allí oía los murmullos y comentarios que habíamos suscitado y que algunos eran ofensivos y fruto de la intolerancia de aquellos tiempos, pero nada había que hiciera mella en mí. Bailamos toda la noche y mientras nos movíamos, yo me miraba en los cristales de la farmacia que nos reflejaban juntos, frente a mí David y sobre mi cuerpo aquel vestido que mi madre me había comprado para que lo estrenase el día de la verbena y que yo lo llevaba ceñido con un cinturón de la misma tela de flores pequeñas y de muchos colores.

Ya ves que no era una historia importante pero si ha sido importante aquel primer minuto que me has escuchado y que me hizo sentir viva>>

Manuel guardó de nuevo la carta mientras bajaba del autobús que había llegado a la parada y se dirigió a la residencia.

El ambiente en el jardín de la residencia era el habitual: los ancianos recién arreglados y paseando por el pasillo o por el jardín después de haber desayunado y pasado por el servicio.

_¡José, José! aquí está tu hijo _Gritó la cuidadora para llamar su atención y después se dirigió a Manuel_ Creo que está dando vueltas por la rampa del jardín, ya ha subido y bajado mas de cinco veces. Parece que está inquieto esperando por usted.

_Voy a buscarlo. Papá ¿Dónde estás? ¡Vaya! veo que tienes el día movido.

_Tú eres, tú…

José se volvió, hacia donde llegaba la voz de Manuel, girándose con parsimonia porque sus pies no respondían con la rapidez que él deseaba. Caminó hacia su hijo que expresamente le esperaba a unos metros de distancia para comprobar como caminaba. Manuel vio como arrastraba los pies con dificultad y como se dolía al apoyarse en el pie izquierdo y hacer fuerza para adelantar el derecho. José se paró por unos instantes.

_Aquí, aquí.

Señaló con la mano hacia el pie que le dolía y continuó caminando hasta llegar al lado de Manuel que le recibió con un abrazo.

_Me alegro de que estés tan contento, me alegro mucho, vamos al banco del jardín que seguiremos hablando de nosotros.

_Espera que… Espera, el pañuelo, el pañuelo…

_Saca el pañuelo, muy bien, así con una mano, con la otra cógete a la baranda no sea que caigas. Yo te ayudo a limpiarte, muy bien, muy bien, ves como sí puedes hacerlo.

_Si puedo, si puedo, si puedo, Si…Si…

Al iniciar de nuevo a andar, José se dolió otra vez del pie izquierdo y de nuevo lo volvió a señalar con la mano.

_Ven con migo, dame la mano que vamos al banco donde da el sol. Así, camina poco a poco que no hay prisa. Bueno, ya estamos, ahora siéntate con cuidado ¿Estás bien así?

_Si, eh… si estoy… estoy…

_ En fin papá, sigamos donde lo dejamos ayer y aunque sé que tú no puedes recordar yo sí recuerdo aquel día que perdiste el rumbo y te equivocaste al regresar a tu casa ¿Recuerdas aquel día que te perdiste al volver a casa después de salir del mercado, con la compra?

_¡¡ ¿?… ¡!!

_¿No sabes que decir o no te acuerdas? No te preocupes, verás: Yo estaba colocando una lámpara en la habitación de mi hija y sonó el timbre de la entrada; cuando abrí la puerta pude ver que eras el que había llamado, llevabas colgando de la mano derecha una bolsa con la compra hecha en el mercado y en la otra mano llevabas las llaves de tu casa con las que intentabas abrir la puerta y que lógicamente no te sirvieron.

Cuando me miraste y al ver que yo estaba colocando una lámpara, te quedaste muy extrañado de que yo estuviera en tu casa haciendo arreglos ¿Recuerdas nuestra conversación?

_No… No sé…

_Estoy seguro de que no la recuerdas pero yo te la recordaré. Yo te miré con la misma extrañeza que tú lo hacías conmigo y te pregunté: << ¿Cómo has venido? y mamá ¿dónde está mamá? >>.

Tú no me contestabas y yo seguía esperando a que dijeras alguna cosa. Rápido me di cuenta de lo que te pasaba: Después de hacer la compra saliste del mercado para emprender el regreso, con la compra hecha y en lugar de dirigirte a tu casa caminaste hacia la mía.

Yo volví a recordar las advertencias que mamá me hizo en su día, con respecto al avance de la enfermedad de alzheimer que padecías. Te observé durante unos segundos y pude ver tu desorientación, cogí las bolsas de tus manos y las dejé encima de la mesa, luego te miré atentamente e intenté sacarte de la situación, de la mejor forma posible, para evitar que te sintieras desplazado y te pregunté.

<< Papá, papá, dime ¿de donde vienes? >>

Te quedaste callado durante unos segundos, después recobraste la memoria y te diste cuenta del error, antes de contestarme.

<< Tu madre me envió a comprar _dijiste con gesto nervioso_ y cuando salí del mercado vine para aquí sin pensarlo >> _me dijiste_. Yo veía que te avergonzabas así que antes de que eso ocurriera empecé a hablar un poco en broma.

<< Bueno, espera un momento hasta que termine de colocar la lámpara y enseguida vamos a ver a mamá, ahora necesito que me ayudes a colocar esta lámpara en el techo >>.

Al cabo de media hora, cuando aún no habíamos terminado el trabajo de colocar la lámpara, sonó el teléfono y al contestar pude oír a mamá que estaba preocupada porque hacía mucho tiempo que debías estar de regreso en casa.

<< Hace más de dos horas que salió _Me dijo ella_ para ir al mercado a realizar la compra y aún no ha regresado, normalmente tarda media hora >>.

Tú me observabas durante la conversación y adivinabas que era mamá la que había llamado, cogiste las bolsas y te dirigiste hacia la puerta sin esperar a que terminara de hablar con ella.

<< Está conmigo_ le contesté_ nos encontramos en la calle cuando salía del mercado y venimos hablando hasta mi casa, ahora íbamos a salir para ahí >>.

Cuando terminé de colocar la lámpara, salimos los dos a la calle para caminar un rato en dirección a tu casa. Durante el camino fuimos hablando un poco de todo, yo estaba preocupado por mamá ya que cada día que pasaba le costaba mucho más respirar y al parecer el mal funcionamiento de las válvulas de su corazón provocaban la inundación de sus pulmones y la falta de oxigeno aumentaba la sensación de asfixia causándole un gran sufrimiento y por tanto era imprescindible la atención rápida, cuando ello ocurría. Pero ella nunca tuvo momento alguno de fallo de memoria, así que esa circunstancia no me preocupaba tanto porque le permitía controlarte.

Cuando llegamos a tu casa tuve que explicar a mamá todo lo que había pasado, ella ya lo sospechaba pero era la primera vez que había ocurrido. Desde aquel día empecé a tomar conciencia de lo que suponía una enfermedad como aquella, no de golpe pero si a medida que pasaba el tiempo y el problema se iba agravando.

Mamá me explicó todos los problemas que tenías para desenvolverte en la vida cotidiana, la dificultad que suponía, para ti, el solo hecho de limpiarte la dentadura o de colocarte los zapatos y una vez colocados la dificultad aumentaba en el momento de atar los cordones. Aquellas dificultades alternaban con la recuperación temporal y cuando ello ocurría volvías a actuar como si la enfermedad hubiera retrocedido pero no era cierto, la alegría no duraba mucho y volvías de nuevo con las dificultades.

Antes de salir de tu casa para regresar a la mía, me quedé unos minutos observándote, miraba tu cara, tus rasgos que eran idénticos a los míos, salvando la edad. Observé tus movimientos y solo conseguí que viniera a mi memoria el recuerdo del tío Fermín ¿Recuerdas al tío Fermín? Aquella persona tan amable que era cuñado tuyo, seguro que no puedes recordarlo pero otra vez más yo puedo recordar por ti.

_Sí, Fermín es mi cuñado, vive cerca… Fermín… cuñado… Vive cerca. Mamá y yo íbamos a verlos a su casa muchas veces y otras veces eran ellos los que venían a nuestra casa. Cuando vuelva mamá podemos ir a verlos otra vez _Dijo José que, al oír el nombre de Fermín, contestó tan de prisa y tan claro que parecía milagro_

_Es cierto, es cierto, él vivía muy cerca, su casa estaba a dos o trescientos metros de la tuya pero ya no podéis ir a verlos porque el tío Fermín ya no vive y mamá tampoco. Él, lo mismo que tú ahora, estuvo afectado de alzheimer, entonces tú no tenías ese problema; él vivía con su familia, en el mismo barrio que vivíais tú y mamá, era mucho mayor que tú y hace unos seis años que ha muerto.

_Fermín ¿muerto? yo no lo sabía, yo también moriré pronto.…………………..seguirá

Capítulos anteriores  :

Manuel Camuñas Lama y “ La Memoria furtiva”

La Memoria furtiva- Capitulo 1

La Memoria furtiva- Capitulo 2

La Memoria furtiva- Capitulo 3

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