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La Memoria furtiva- Capitulo 2

La Memoria furtiva- Capitulo 2

alzehimer [Resolucion de Escritorio]Manuel Camuñas Lama y “ La Memoria furtiva”

 

su hijo y tiró de ella para llamar su atención.

_Yo recuerdo, sí pero no se las palabras.

_Ahora lo has expresado muy bien.

_Sí, ahora sí pero después no me acuerdo.

_Bueno, no te preocupes. A todos nos cuesta recordar muchas de las cosas de nuestra vida incluso las mas recientes y aquellas que más han afectado a nuestra vida y creo que lo mejor para que esto no sea un monólogo en el que yo hable con la esperanza de que me escuches, será que hablemos de las cosas mas antiguas porque yo sé la dificultad que tienes de recordar las cosas mas recientes y así espero traer a tú memoria hechos pasados hace años, que por ser mas firmes, son de mejor recuerdo para ti.

José, que tenía uno de esos momentos de lucidez cada vez más escasos, mostraba una actitud increíblemente normal.

_Yo también quiero hablar sí, quiero hablar.

_Verás papá _Dijo Manuel viendo el momento tan bueno que tenía su padre_ Hace aproximadamente diez años que yo fui advertido por mamá, de que tenías algún “problema de cabeza”. Fue un día que ella estaba hablando contigo sobre los regalos que queríais hacer a los nietos, regalos que cada año consistían en ropa como camisas, calcetines o cualquier otra prenda de vestir, cuando se percató de que algo extraño te estaba ocurriendo.

La conversación, que hasta el momento había transcurrido normalmente, de repente se transformó en un monólogo. Ella hablaba contigo mientras envolvía los regalos hasta que se dio cuenta de que tú estabas completamente quieto y no le escuchabas, mirabas a tu alrededor como si no conocieras nada de lo que veías, estabas con la mente ausente como si en el salón solo estuvieras tú. En el momento que ella observó tu actitud se asustó mucho al principio y después se acercó a ti y te tocó con su mano en el hombro. Tú la miraste como si no la conocieras, como si ella fuera un ser completamente extraño al que jamás habías visto. Solo pasó un instante, unos segundos nada más y volviste en ti para seguir como si nada hubiera ocurrido, pero ella supo ver que algo extraño te había pasado. Proseguisteis los dos con la tarea de los regalos mientras ella te observaba por si se repetía otra vez aquella situación pero no volvió a repetirse en todo el día. No te comentó nada al respecto pero su alarma no desapareció y al día siguiente habló conmigo sobre lo ocurrido, mostrando una gran preocupación.

_Yo no sé cuando pasó eso, ella no me dijo nada, no se cuando pasó.

_Es normal que no lo recuerdes porque ella no te dijo nada pero ahora te lo explico yo, verás: Yo escuché a mamá, pero no le di importancia a algo que me parecía una cosa fortuita o casual. Pensé que ella estaba asustada sin necesidad y traté de quitar importancia a lo que me decía pero ahora recuerdo que no la convencí en absoluto. Yo olvidé aquella situación casi de inmediato y si no fuera porque, años después, tú acabaste afectado por la enfermedad de alzheimer, ya desarrollada por completo, tampoco lo hubiera recordado ahora. Siempre ocurre que cuando las personas desesperadas piden auxilio, casi en silencio para no molestar, esperando que los que estamos cerca nos demos cuenta y les prestemos ayuda, no tomamos en consideración sus problemas o los minimizamos para que, a causa de nuestro egoísmo, no se vea afectada nuestra comodidad.

_¿Y después, qué pasó después?

_Nada especial. Durante los años siguientes, en las reuniones que hacíais mamá y tú con tus hermanos, cuñados y demás familia, vosotros y ellos conversabais durante varias horas, hablabais de los problemas cotidianos de vuestra vida, contabais historias repetidas del pueblo y de las personas con las que habíais vivido en vuestra juventud hasta que se acababa el día y llegaba la hora de despedirse. Así pasabais los fines de semana, año tras año, sin que ocurrieran incidentes graves respecto a tu salud y siempre bajo la atenta observación de mamá. Ella consultó al médico de cabecera sobre lo que observaba en ti y debido a eso, sabía que estabas afectado de la enfermedad de alzheimer, era solo el inicio y por tanto el problema era, de momento leve pero, con el tiempo, progresaría sin remedio.

En este momento José, que escuchaba con mucha atención a su hijo, se puso serio, su mirada adquirió más brillo de lo habitual y comenzó a valbucear palabras, inconexas al principio, que eran un acto en defensa de su dignidad.

_Yo hablaba con mis hermanos y con los vecinos. Yo estaba bien, ahora no pero antes estaba bien, yo estaba bien – repitió varias veces la misma afirmación hasta que su hijo le cogió las manos y le calmó la ansiedad que le atormentaba.

_Claro que estabas bien papá, claro que estabas bien. En esas reuniones, algunas veces tú confundías sus nombres o no los recordabas; tampoco recordabas hechos acaecidos en vuestro entorno, aunque estos fueran recientes y otras veces ocurría que tú hablabas de algo que habías hecho y antes de acabar la narración, atropellabas las palabras durante cinco segundos y te quedabas callado dejándolos en silencio y pendientes del final del relato pero tú no proseguías y quedabas también a la espera, como si fuera otra la persona que estaba hablando y no tú.

_Espera, espera, mamá está allí, le voy a preguntar, espera –Dijo José señalando con la mano a una mujer que miraba a dos gorriones que mantenían una riña estridente por una miga de pan en el suelo e intentaba poner paz entre ellos, hablándoles_ mamá está allí ¡Vamos, vamos! Antes de que se vaya –Insistió José.

_No papá, quédate aquí, aquella no es mamá, mamá ya no vive desde hace un año, aquella no es mamá.

_¿No es mamá?

_No, aquella es la señora Orisida que vive en la residencia igual que tú y todas las demás personas que están paseando por el jardín.

_Mamá habrá salido a comprar, volverá pronto. Cuéntame más cosas.

Manuel observó que, durante la conversación, José no babeaba, que la saliva no goteó ni una sola vez y que se mantenía atento a lo que eran recuerdos. Recuerdos que muchas veces le alegraban y otras le molestaban por despertar en él tragedias vividas o contadas. En cualquier caso todo era de su interés y nada le dejaba indiferente.

_Está bien, seguimos: Al principio, esa actitud era causa de bromas cariñosas y de risas afectivas por parte de la familia, pensábamos que “eso le pasa a cualquiera” ya que no ocurría siempre pero ahora, visto todo desde la distancia en el tiempo, hemos constatado, con nuestra experiencia, que aquello que te ocurría no era para tomarlo a broma sino que era el principio de un mal que acabaría siendo causa de tu sufrimiento y de la desesperación de los que te queremos y no soportamos verte sufrir.

Llegado a este punto Manuel calló durante unos instantes y mientras miraba a su padre se dio cuenta de que los indicios de la enfermedad, que años antes había mostrado su padre, se mostraron en él apenas cinco días antes ante aquel semáforo, el día que su mujer fue a buscarlo a la comisaría de policía.

_Yo no estoy… no… eh… no loco no _Decía José inquieto y apresurado hasta que la abundancia de saliva aparecía de nuevo en sus labios_ Yo no tengo memoria pero… Pero… Yo no estoy loco, yo no estoy loco –Repetía una y otra vez_

_Lo sé papá, lo sé ¡Claro que no estas loco! Dame las manos, deja que te coja las manos, tú no te acuerdas de muchas cosas pero no estás loco, así que no te enfades. Acércate un poco que te limpio, así, así, muy bien –Y José volvía a calmarse y a controlar su desasosiego_ No pienses más en eso, todos sabemos que te falla la memoria y eso no es locura, eso es mala suerte pero no locura.

José se emocionó como se emocionan los viejos que todo lo perdonan. Ninguna fase de la enfermedad conseguiría hacerle olvidar las veces que intentó hablar con la familia y en especial con sus hijos, que siempre le quitaban importancia a todas las cosas que a él le interesaban y que quería compartir aunque solo fuera por breves momentos pero que nunca consiguió que le escucharan teniendo que tragarse todas sus emociones y sentimientos.

_Cuenta mas cosas… cuenta más… Si… si te acuerdas, cuéntame más…

_Así me gusta, que no te enfades ni te pongas triste, tú escuchas y yo sigo con los recuerdos: Fue aquel día de navidad de 19998, estábamos reunidos en mi casa toda la familia, estabas tú, mamá y mis dos hermanos, cada uno con su esposa e hijos. Durante el transcurso de la comida pude comprobar que a veces tú estabas como ausente, e incluso decías cosas que no concordaban con la conversación que manteníamos todos los familiares, allí reunidos. Pasaron las horas y ya al final de la fiesta, cuando nos disponíamos a terminar la reunión familiar, mientras tomábamos un último café yo me acerqué para hablar contigo y… Papá ¿Te acuerdas de algo de lo que te explico?

_No sé, yo… ooo… No, recordar no, yo… pero mamá si, si.

_Estuvimos hablando y Recordamos… ¡Espera que te limpie la saliva, ya está!, recordamos que el verano anterior, el día diez del mes de julio día de san Cristóbal, yo me encontré contigo y con mamá en la calle mientras dabais el paseo de cada día. Te pregunté si había ocurrido algo bueno porque te veía muy contento y me explicaste que habías recibido la paga de jubilación puntualmente y además recibiste la paga extra de vacaciones. También me explicaste tus temores a causa del cambio de gobierno en el país. Antes gobernaban… ¿Qué te pasa, quieres levantarte? dime, dime lo que quieres.

_Allí, allí eh… Allí… orinar.

_Ya veo, ya veo, vamos al servicio, vamos, arriba, así dame la mano que te…

_¿Qué le pasa a José? –Preguntó Erica, la cuidadora que se encontraba observando a los ancianos que deambulaban por el jardín, unos solos y otros acompañados por algún familiar_.

_Quiere ir al lavabo –Contestó Manuel, haciendo ademán de ayudarle a levantarse del banco donde estaban sentados.

_Ya lo llevo yo, tardaremos un poco pero no mucho ¿Eh, José?

_Erica, yo quería preguntarte si se lo hace encima muy a menudo, quiero decir si se orina y lo demás.

_Ahora casi siempre, de hecho ya le ponemos pañal de forma continuada. A todos los que tienen esta enfermedad de alzheimer muy avanzada les pasa lo mismo, no les permite controlarse.

_Está bien, pasearé por aquí. Aquí te espero papá.

Manuel paseó por el jardín observando a los ancianos que padecían algún tipo de demencia. Cada uno estaba en su mundo y ajenos a cualquier circunstancia que les envolviese. El silencio que mantenían los internos era constantemente interrumpido por las estridencias de los gorriones que tenían su guerra particular revoloteando entre las ramas de los pinos y las moreras. Vio como una anciana con el pelo muy blanco y de aspecto muy delgado cogía algo de entre las ramas de una enredadera y luego con las dos manos juntas a modo de cuenco lo acercó a sus ojos que brillaban de sorpresa. La anciana comenzó a hablar mientras Manuel se acercó a ella para satisfacer su curiosidad y vio como entre aquellas manos blancas y casi transparentes, una cría de gorrión luchaba con desesperación por salir volando de entre aquellos dedos temblorosos. Manuel se acercó a una de las cuidadoras avisándole de lo que ocurría y los dos volvieron al lugar donde quedó la anciana con el gorrión entre las manos pero ya no estaba allí, rodearon el edificio y la encontraron arrodillada en un rincón, junto al muro exterior. Lloraba y hablaba sola mientras, con las manos, hacía un agujero para enterrar al gorrión que estaba muerto junto a su rodilla y entre la hierba.

La cuidadora cogió a Carmen, así se llamaba la anciana, por los brazos y le ayudó a levantarse y Carmen, ya erguida se volvió sonriente hacia la cuidadora y le acarició la cara _Guapa, guapa_ y siguió paseando por el jardín rodeando el edificio por enésima vez y parando a observar, en silencio, cualquier cosa que se movía.

Mas adelante había una silla junto a una mesa, en la que solía encontrar a Juanita leyendo unas veces, otras escribiendo y otras dormitando pero esta vez no estaba, la silla y la mesa estaban desocupadas. La primera vez que Manuel saludó a Juanita, ella levantó la cara y le miró mostrando su aspecto de mujer mayor pero no anciana, que fue muchacha joven y bonita. Su mente funcionaba perfectamente y estaba allí por voluntad propia. Juanita no se fiaba de nadie, era muy reservada y si le saludabas, ella muy amable, te devolvía el saludo pero se mantenía reservada.

Hace un mes Juanita sintió la necesidad de hablar, de contar sus cosas a alguien que quisiera escucharle pero tenía miedo de que se burlaran de ella o de que la tomaran por una vieja pirada. Manuel, cuando iba a ver a su padre y entraba en la residencia, tenía por costumbre saludar, junto a su padre, a todos los ancianos, les hacía bromas, les hablaba y les cogía las manos porque había comprobado que ………….……………………………….seguirá

Capítulos anteriores  :

 Manuel Camuñas Lama y “ La Memoria furtiva”

 La Memoria furtiva- Capitulo 1

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