La vida de Toño Ferraz vista por los ojos de su nieta Yasmina
Mi abuelo Toño (Antonio Ferraz Diñeiro) nace de la unión de un inmigrante portugués llamado Joaquín y de una mujer nacida en Toral llamada Ángela, hermana de Clotilde (abuela de Javi Portu, entre otros). Tuvieron 11 hijos, de los cuales vivieron 7; mi abuelo era el segundo mayor.
Cuando su madre muere a la edad de 37 años, el padre, que ya trabajaba, junto con los hijos mayores, se tuvieron que hacer cargo de la familia: unos cuidando de los pequeños y otros trabajando.
Con el tiempo conoce a mi abuela Luz y resulta que le coincide ir a la mili, con lo cual tienen que casarse dos veces: una en Santo Tirso de Cabarcos, de donde es mi abuela, porque a ella le faltaban unos papeles y se querían casar; y la segunda, después de venir de la mili, cuando ya se casan oficialmente con los papeles en mano.
En la mili hacía trabajos de barbería y aquí en Toral también estuvo haciendo algo de barbero. Otro de sus trabajos fue en la sierra de Toral, en lo que es ahora la zona de las piscinas climatizadas. Después cogieron un bar, el Bar Ferraz, que estaba localizado en lo que fue la antigua administración de lotería, al lado de la zapatería Rosi. Lo tenía junto a su hermano Quino, además de un taxi (Seat 1500) y algo de áridos.
Sé también que tenía un Land Rover para llevar a trabajar a gente a la cantera de Peñamala o a la mina de Requejo. Después cada uno se quedó con una parte del negocio y mi abuelo siguió con lo de los áridos sobre el año 1972. Empezó con una carroceta repartiendo material y, a raíz de ahí, siguió con el tema del almacén, que lo llevaria al Carralcobo en el año 1985.
Compró el solar enfrente de las piscinas y allí se preparaba material para la construcción. Se construyó allí su vivienda, después de estar años alquilando varias casas por Toral. El almacén estuvo allí unos años más, hasta que fue comprando poco a poco tiras de parcelas en la zona del cementerio, hasta que se hizo todo lo que ahora hay, actualmente adquirido por el ayuntamiento.
Había de todo; muchas veces íbamos allí a tirarnos a los montones de arena. Recuerdo mucho el ir y venir de camiones, llevarme a repartir material a los pueblos o acompañarlo a tomar café al bar Tui. En esa casa comían muchas veces los trabajadores con nosotros, en la cocina, y algunos hasta dormían allí.
Una cosa que le gustaba mucho a mi abuelo eran las reuniones familiares, y cuanta más gente, mejor. Era muy recto, eso sí, menos con los nietos cuando éramos pequeños y, cómo no, con los bisnietos; además, era muy protector.
Tengo un par de anécdotas: cuando mi hermano se cayó una vez de la cama, para que no se volviera a hacer daño, cortó las patas; y cuando mi primo se dio un golpe con un columpio, rompió el columpio y ya no hubo más.
Sé que mucha gente no comulgaba con él porque tenía fama de mal carácter, y sé también que había gente que lo apreciaba mucho, pero con todo esto tengo que decir que era una persona muy trabajadora y muy de su familia, y eso es con lo que me quedo.
Un beso, abuelo.

Categorías:Sin categoría




























fe%20%5BResolucion%20de%20Escritorio%5D.jpg?psid=1)




Bonito «» homenaje»‘ Yasmina,yo es verdad que tuviera mucho trato con el abuelo,porque me fui muy joven de Toral,pero cuando íbamos al río por cerca de la casa,siempre saludaba.
Además lo más importante son los recuerdos bonitos que te dejó a ti y al resto de la famila,un abrazo desde Holanda.
Precioso homenaje Yasmina, habéis tenido el mejor abuelo que cualquier persona le gusta tener, ❤️ El disfrute ha sido mutuo ❤️ Siempre con su familia 👏👏👏