
Me llamo Ángel y soy extremeño de nacimiento, pero vivo desde hace 25 años en Sevilla. Tengo una paraparesia espástica familiar o Síndrome de Strümpell Lorrain. Es una en enfermedad rara degenerativa que me han llevado a estar en silla de ruedas.
En septiembre de 2018 hice el Camino de Santiago por primera vez con una persona que iba a pie y yo con una handbike de paseo.
Era la ruta portuguesa de poco más de cien kilómetros y la diferencia de velocidad entre uno y otro hizo que prácticamente fuera solo desde Tui. La experiencia podría ser calificada de locura. No sé ni cómo llegué a Santiago.
Tras el excesivo sufrimiento abandoné la idea de hacerlo más veces. Estaba desencantado. De casualidad, conocí a Discamino. Decidí embarcarme en una aventura que está siendo maravillosa.
Conocer a otras personas con diferentes discapacidades e, incluso, más graves que la mía derrochar esa ilusión por cumplir un objetivo y ese no es otro que llegar a Santiago hace que me sienta pequeño. Gracias Merchi, Angélica, Edu y Grego por ese ejemplo de superación.
Estamos locos sí, pero más lo están los de Discamino. Es la frase que más repito estos días. No nombro a nadie por el riesgo que implica olvidarme a alguien.

Salvo a su presidente Javier Pitillas porque él inició esta bendita locura, que arrastra a una serie de bellísimas y excelentes personas Por qué? Porque hacen cumplir los sueños de los que por nuestras limitaciones sería imposible hacer el Camino de Santiago. Gracias

Ángel Gil Fernández.
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Sois un ejemplo para muchos y como se suele decir: hace más el qué quiere ,que el que puede. Buen camino.