
Samuel, el cura-maestro de Otero
Este sí. Y es lógico puesto que, siendo cura, tenía los cielos ganados, y por tanto el privilegio para ser enterrado en el cementerio eclesiástico de Otero. No como le ocurrió a los mencionados en el artículo de esta página: “El cementerio rojo-cívico de Otero”.
Don Samuel, como así se le nombra en una vieja, deteriorada y casi hecha añicos lápida del citado cementerio, era originario de Villadepalos; familiar (tío) de otra protagonista de esta página, la poetisa Carmen Diñeiro Ares “Flor de Té”, quien vivió algunos años con su tío. Tenía además varios hermanos, entre ellos Domiciano.
Samuel vino para Otero poco antes de estallar la guerra civil española. El día 16 de marzo de 1936 hace su primera anotación en el libro de defunciones, al inscribir el enterramiento de un párvulo. Antes había estado en Dragonte, desde el 1 de marzo de 1909 hasta 1923, lugar donde años después su sustituto, Recesvinto, tuvo un trágico final. Después lo mandaron a Hornija (1924 a 1935), de donde vendría para Otero.
Tras 9 años viviendo en Otero, “falleció el día 3 (de enero de 1945, un día muy nevoso) a los 72 años a consecuencia de bronconeumonía, según certificación facultativa. […] y no hizo testamento, pero en confidencias con el señor cura párroco de Vilela, Don Ildefonso Carnicer, deja un legado de 1000 pesetas para esta iglesia de Otero, otro de 500 pesetas para la iglesia de Villadepalos y otro de 200 para la de Arborbuena […]. Se le hicieron
funerales de primera clase con asistencia de 10 sacerdotes.”
En Otero vivió en la casa parroquial, propiedad desde el año 1992 de David, cuando Sixto, actual cura párroco de Otero, se la vendió con permiso del Obispado. Con el dinero obtenido (325.000 pts.), más una donación de David (25.000 pts.) y algunos dineros más (500.000 pesetas que puso Herminio, alcalde pedáneo de entonces y ahora colaborar de esta página), se restauró el retablo, colocándolo en el centro del frontal de la Iglesia.
Cuenta Herminio que Don Samuel ayudó mucho al pueblo, además de cumplir con sus funciones. Con los niños especialmente se portó muy bien, les daba clase gratuita a todos los que se acercaban a su casa. Arreglaba los libros, los emparchaba, encuadernaba, etc. Era un cura muy bueno, me dice la señora Alsinda, de Otero, quien junto a Palmira y algunas otras más fueron alumnas de él. “De casa a la iglesia y de la iglesia a casa”, eso es lo que hacía, no se metía con nadie. Era un gran lector, y sobre todo leía libros del teólogo Juan Eusebio Nieremberg y Otin. Ayudó también a los vecinos cuando de aquella “había que andar con pies de plomo”. Por esa época campeaba por los pueblos del ayuntamiento de Toral “Franco”, Serafín Franco, cura de Paradela y vecino de Toral. “Don Serafín, el parrán como era apodado en Toral, igual jugaba con los del monte que con los guardias”.
Hoy Samuel, el cura maestro, descansa bajo una lápida sufragada en su momento por su familia, y desde hace ya tiempo rota debido a la caída de una rama del popular encino del Perouchin. “Ya tuve la idea de ponerla nueva yo, pero se me pasó”, comenta Herminio.
P.D: Este artículo, como se puede apreciar, está escrito con la inestimable ayuda de Herminio Garnelo y con el testimonio de Alsinda. También he contado con la colaboración de Remedios y Sari. Y sin la ayuda de los curas Sixto y Ángel Becerra, habría quedado huérfano de fechas y datos. A todos muchas gracias.
AF2
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