
Después de una vida recorriendo empresas, Manuel Castro “Perucho” ha cambiado las paredes por la libertad (y la dureza) de trabajar a la intemperie.
Rodeado de su ganado, Perucho observa cada día una jerarquía que rompe mitos: burros que no tienen un pelo de tontos, que buscan el calor de las cabras para dormir secos cuando las vacas imponen su ley en el patio, y que demuestran una lealtad capaz de proteger a un cachorro frente a todos. Para Perucho, la lógica de estos animales «irracionales» deja en evidencia la nuestra: desde trazar las mejores carreteras de montaña hasta defender la casa de los extraños, en su finca manda la sabiduría del burro.
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