TORAL: HISTORIAS DEL FERROCARRIL
Aprovecho la celebración, un año más, de Toral en Tren para traer a esta página historias relacionadas con nuestro pueblo y el ferrocarril, continuando de este modo el tema que empecé hace un año.
Ya desde los primeros momentos de funcionamiento de esta línea, el transporte de mercancías originó variadas quejas. Sirva como ejemplo la que en marzo de 1889 Gabriel Suárez daba a conocer en la prensa gallega. Desde la estación del Burgo (A Coruña) remitió el día 7 del citado mes a la de Toral tres bocoyes; en el resguardo se indicaba que estarían en destino el día 12, pero no fue hasta el día 15 cuando recibió aviso de que habían llegado. Cuando se acercó a la estación, comprobó que el número de bocoyes había menguado, encontrándose con tan solo dos. Tras la consiguiente reclamación, se inició la búsqueda por diferentes estaciones, hasta que al cabo de unos días se le comunicó que el bocoy ya había sido encontrado y trasladado a Toral. El referido Gabriel volvió a viajar hasta Toral, pero su decepción fue total: el bocoy que se le quería entregar no era el suyo, sino otro viejo y deteriorado. Un mes más tarde, no sólo seguía sin noticias del mismo sino que tampoco parecía haber intención de indemnizarle por el extravío y los perjuicios ocasionados.
Pero no sólo eran las mercancías de mayor tamaño las que generaban problemas. Unos años después, en 1898, un suscriptor villafranquino de El Lucense, periódico de Lugo, se queja de que lo recibe por el correo de Castilla, es decir, que en la estación de Toral no se hacía el cambio de tren y continuaba su viaje hasta que, una vez apercibidos del error, lo enviaban de vuelta, lo que daba lugar a recibir hasta tres números juntos: porque parece que padece de jaqueca y no despierta hasta que llega a Venta de Baños o Madrid, da la vuelta, encuentra al otro número, el día siguiente en el camino, se saludan, dicen que van mal, vuelven a Toral y allí les aguarda el del día tercero, y los tres vienen en amigable compañía. Resumiendo, que la causa de la caótica entrega parecía estar en los ambulantes de correos, si es que los paquetes no se habían confeccionado de forma equívoca.
Pero los mayores problemas los ocasionaba el mantenimiento de la vía. En noviembre de 1896, es decir, tan solo tres años después de su inauguración, la prensa nacional denunciaba el estado en que se encontraba el túnel de Toral de los Vados, con el riesgo de que se produjera una catástrofe.
Y se iniciaba el año 1900 señalando los problemas que había en el tramo de acceso a Galicia, una vez superada la estación de Toral. El día 19 de febrero, los viajeros del correo se sobresaltaban a un kilómetro de aquí (es decir, entre La Vega y Requejo) al detenerse bruscamente el tren por el desprendimiento de una gran roca. El descarrilamiento hubiera sido inevitable de no haber sido por las señales de un guardavía. Mientras el tren retrocedía a Toral, donde comieron los viajeros, se procedió a volar la roca con dinamita y a apartar todos los obstáculos. En total, unas seis horas de retraso.
Los descarrilamientos debían ser bastante habituales, y en noviembre del mismo año se produce el de un mercancías en el tramo entre Toral y Ponferrada al cruzarse una caballería. Fatal desenlace, además de para el équido causante del suceso, para el ganado vacuno que transportaban seis vagones que quedaron destrozados. La vía también quedó bastante afectada, resolviéndose mediante transbordos que ocasionaban hasta cuatro horas de retraso en los trayectos.
Mismo retraso que acumularía a principios de agosto de 1901, al descarrilar el tren de Galicia junto a Toral por la rotura de un raíl, afortunadamente sin ocasionarse ningún accidentado.
Peor resultado pudo haber tenido la idea de tres lucenses en octubre de 1902; historia que bien parece sacada de una película de cine mudo. Criados de un ganadero, vieron cómo el tren en el que viajaban acompañando al ganado se había ido mientras se encontraban en la estación de Toral. Pensando que podrían alcanzarlo (por las continuas y largas paradas que hacía en todas las estaciones) se pusieron a andar por la vía hasta que encontraron una vagoneta que, una vez colocada sobre los raíles, les sirvió como sistema más rápido de transporte. Por supuesto no contaban con encontrarse de frente con el correo descendente, que por suerte se paró antes de llegar a chocar. Los aventureros fueron detenidos por la guardia civil; feliz final si pensamos en lo que pudo haberles ocurrido.
Sin considerar situaciones como esta última, ajena al estado de la vía, lo cierto es que la situación debió de llegar a ser tan preocupante que en algún periódico gallego se indica en 1903 que el tramo entre las estaciones de Toral y Monforte se encontraba en tal estado de abandono que era conocido por los empleados de la empresa como el trayecto de la muerte, denominación lo suficientemente significativa como para que no sea necesario profundizar más en el tema.
Para no extenderme más, finalizo con el suceso que más debió alterar la que supongo tranquila vida toralense de aquellos años. Me refiero al incendio que la noche del día 20 de enero de 1897, ocasionado según parece por las estufas instaladas en las oficinas, destruyó por completo la vivienda del jefe de estación y el almacén de mercancías con todo lo que contenía. Si bien no hubo que lamentar desgracias personales, el edificio tuvo que ser reconstruido.
Carlos Fernández Rodríguez
León, Junio de 2014
Categories: Carlos, Colaboradores



















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Como todos los artículos de Carlos, este lo es también. Enhorabuena y gracias