
Corullón volvió a echarse a la calle para dar vida a la XXXIII Pasión de Jesús, una representación ya profundamente arraigada que cada Semana Santa transforma el municipio en un escenario vivo de fe, cultura y tradición. Organizada por la Asociación Cultural San Esteban con la colaboración del Ayuntamiento, la cita reunió a cerca de 600 personas en un recorrido que llevó al público por distintos espacios del pueblo, convertidos en escenarios bíblicos.
El Prao de Perejón acogió la Última Cena, mientras que las casas de Hermelinda y Argimiro recrearon los juicios ante Caifás y Pilato. La Iglesia de San Miguel, por su parte, volvió a ser el sobrecogedor final con la Crucifixión. En cada escena, vecinos de todas las edades —desde niños hasta mayores— dieron vida a apóstoles, soldados, músicos y personajes clave como María, Pedro, Verónica, Nicodemo, Barrabás o Judas, en una implicación colectiva que es la verdadera esencia de esta representación.
Especial mención merece Borja Ares en el papel de Jesús, quien, pese a su timidez, firmó una interpretación intensa y realista, llegando incluso a soportar en primera persona la dureza de los latigazos para dotar de mayor autenticidad a la escena.
Detrás del espectáculo, el trabajo de técnicos de sonido e iluminación, así como de quienes ayudan en el vestuario, resultó fundamental para el desarrollo de la representación. Tampoco faltaron nombres imprescindibles ligados a la memoria de la Pasión, como José Guerrero, encargado de inmortalizar cada edición, ni la aportación este año de Miguel Guerrero, cuyas imágenes aéreas ofrecieron una nueva perspectiva del evento.
La jornada sirvió también para recordar a todas aquellas personas que, a lo largo de los años, han contribuido a hacer grande esta Pasión Viviente, convertida hoy en uno de los símbolos más reconocibles de Corullón.
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