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Los recursos materiales y culturales del Municipio de Toral de los Vados (IV) (La vitivinicultura – 3). por Fernando Mallo

Fernando Mallo Fernández es doctor en Matemáticas y Estadística. Fue vicepresidente del Comité Interterritorial de Estadística del Instituto Nacional de Estadística (INE) y Director General de Estadística de la Junta de Castilla y León.

Los recursos materiales y culturales del Municipio de Toral de los Vados (IV) (La vitivinicultura – 3).

El artículo de hoy (continuación del publicado el día 5 de mayo de 2021) es el tercero de la serie dedicada al cultivo de la uva y la elaboración del vino y está dedicado a la continuación de la historia de la viticultura y la vinificación desde finales del siglo XV – en que termina la Edad Media- hasta la actualidad.

Estudiaremos el desarrollo del vino en la España de la Edad Moderna. Analizaremos principalmente dos acontecimientos históricos: la revolución enológica bordelesa y la catastrófica plaga de la filoxera, ambas en el siglo XIX. Acabaremos el artículo analizando brevemente la influencia de los ríos en la viticultura. Todo con el objetivo de seguir profundizando en la comprensión de las claves del cultivo del viñedo y de la elaboración de vino en el Bierzo y muy especialmente en el municipio de Toral de los Vados.

El vino en la Edad Moderna

A partir del descubrimiento de América en 1492, los colonizadores españoles llevaban la vid al Nuevo Mundo y empleaban las materias primas de allí traídas (café, cacao, etc.) para comerciar con ellas (el vino se cambiaba por café, por ejemplo). Mientras tanto, el Renacimiento avanzaba y acababa con el oscurantismo medieval en todos los sentidos.

En esta época se abre una nueva etapa en la historia del vino, con el perfeccionamiento – en los siglos XVII y XVIII – de las técnicas de vinificación. En este periodo, los vinos de Borgoña, Burdeos y Champaña (Francia) adquieren parte de su posterior fama mundial, gracias, en gran medida, a los comerciantes del norte de Europa. En este período comienzan a utilizarse las botellas de vidrio para conservar el vino y se inventa el tapón de corcho.

En 1693 el monje “Don Perignon” – un monje benedictino francés, de la abadía de Saint Pierre de Hautvillers, en la región de Champagne – descubre, trabajando en la bodega, cómo elaborar el mítico vino espumoso que desde entonces se conocería como “Champagne”.

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Dom Pierre Pérignon, el monje benedictino creador del champán.

La revolución enológica bordelesa del siglo XIX.

El siglo XIX – siglo de la técnica – fue un período fundamental para la viticultura europea que experimentó profundos cambios. Como recuerda el historiador británico Eric Hobsbawm, el largo siglo XIX comienza con la Revolución francesa y termina con la I Guerra Mundial. El final del siglo XVII y el comienzo del XVIII supusieron una revolución en la viticultura de algunas zonas de Francia – como los “vinos finos” de Burdeos, donde comenzó la era de los vinos trasegados y clarificados -. Eran vinos tintos con colores más intensos y brillantes que en los siglos anteriores, con notas de roble, fondo de sotobosque húmedo y, a pesar de ser ligeramente astringentes, presentaban sabores más elegantes y equilibrados.

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Volcando las uvas en la prensa.

Las técnicas de cultivo de la vid y la vinificación francesas se exportaron en el siglo XIX hacia otros territorios gracias al desarrollo de la agronomía y de la química que mejoraron la calidad media gracias a un nuevo concepto de vinificación y de interpretación de los terrenos. Se trataba de la revolución enológica bordelesa que se extendió por toda Europa; sin duda alguna una época de referencia del vino moderno.

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Denis Morelot analizó la grandeza de los vinos de Borgoña

La plaga de la filoxera.

Pero, aparte de traer la importantísima revolución enológica bordelesa, el siglo XIX habría de deparar – en pleno auge del sector vinícola – una enorme y dramática sorpresa a la viticultura europea, y por ende a la española: la plaga de la filoxera; la plaga más global, devastadora y decisiva de la historia de la viticultura mundial. Esta plaga a la que tuvo que enfrentarse el vino a nivel mundial habría de cambiar el mapa del viñedo en España. La filoxera estuvo a punto de acabar con todas las cepas de Europa.

La filoxera de la vid es el nombre común de la especie Viteus Vitofoliae, insecto hemíptero de la familia Phylloxeridae Vaxtratix. La mayoría de los autores sitúan su origen en Estados Unidos, donde se alimenta de las hojas y raíces de la vid americana. Los daños que produce dependen del tipo de vid, ya que no participa exclusivamente en su muerte, sino que suele venir acompañada de hongos y bacterias que necrosan y pudren las raíces.

Las raíces de la vid europea responden a la filoxera mediante nudosidades y tuberosidades (hipertrofias y depresiones centrales respectivamente) que permiten la entrada a los microorganismos mencionados provocando su muerte y con ella la de la planta entera. En la vid americana, sin embargo, apenas se forman nudosidades y tuberosidades, por lo que la filoxera se puede alimentar de sus raíces sin provocar la muerte de la cepa.

La filoxera llegó a Europa en 1868, detectándose en tres focos: dos en Francia, Burdeos y Gard, y uno en Austria (Viena). A partir de aquí se fue extendiendo por el resto del continente; Portugal, Alemania, España, Suiza e Italia sufrieron la devastación, quedando sus cepas prácticamente diezmadas, al no estar adaptadas a este tipo de insectos.

La llegada de la filoxera a Europa se debió a la importación desde el estado de Georgia (EE.UU.) de la variedad «isabela» de vid americana, con el objetivo de combatir la plaga de oídium que estaban sufriendo en ese momento las vides europeas.

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La filoxera, azote de España. Caricatura de 1885

Por lo que respecta a la península ibérica, la plaga de la filoxera se introdujo en las principales zonas vitivinícolas por tres focos: Oporto, Málaga y Gerona. Los dos primeros se debieron a la importación de sarmientos americanos y el tercero a la entrada natural por expansión desde Francia, a través del Rosellón y Pirineos Orientales. El primer registro de filoxera en España se remonta a 1878, en Málaga. Otros importantes focos fueron: Mallorca (1891), Pamplona (1896) y Valencia (1905-1906).

Y como, de acuerdo con el refranero español, “no hay mal que por bien no venga”, a pesar del gran coste económico que supuso la filoxera, en España esta plaga supuso también importantes oportunidades que indujeron a muchos estudiosos de la historia del vino a acuñar la frase, “maldita y bendita filoxera”):

ü Por un lado, cuando la filoxera se extendió por Francia, muchos bodegueros de la región de Burdeos emigraron a La Rioja para intentar seguir con su negocio. De esta forma, los españoles aprendieron de primera mano los sofisticados métodos de elaboración franceses.

ü Y, por otro lado, las cepas que habían llevado los misioneros a América resistieron el envite de la enfermedad. De esta forma, se recuperaron las vides silvestres que habían sido llevadas al Nuevo Mundo y se replantaron en España, creándose variedades híbridas, que enriquecieron el panorama vitivinícola aportando nuevos vinos.

De hecho, a pesar de que está muy extendido que la uva mencía fue un legado romano al Bierzo, una prestigiosa investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), María del Carmen Martínez Rodríguez, comenta sobre la gran variedad del Bierzo: “La mencía no es autóctona ni del Bierzo, ni de Galicia, ni de Asturias. La historia de las antiguas variedades siempre es complicada y muy curiosa".

La investigadora continúa: “La entrada de la uva Mencía en el Bierzo hay que situarla en el siglo XIX a consecuencia de las tremendas plagas de filoxera, oídio y mildiu que acabaron prácticamente con el viñedo autóctono”.

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María del Carmen Martínez Rodríguez, investigadora del CSIC.

"Cuando esas plagas llegaron de América a Europa y se encontraron con nuestras viníferas se produjo la debacle. Eso hizo que empezase un enorme trasiego de variedades de unos sitios a otros".

“En el caso de la Mencía, no aparece citada en ningún documento antiguo y, de repente, tras llegar la filoxera, empieza a ser nombrada en Galicia, en Asturias, en el Bierzo y también en zonas del norte de León. Seguramente es una variedad fruto de un cruzamiento artificial", afirma la investigadora.

Durante la primera mitad del siglo XX y con enorme esfuerzo – puesto que la guerra civil española no ayudó y la 2ª guerra mundial tampoco – el sector vitivinícola del Bierzo, y por ende de nuestro municipio, se repuso paulatinamente de la catástrofe de la filoxera – gracias a los injertos realizados en vides americanas -, llegando a su total restablecimiento a principios de los años 50. Tras la apertura de España al mundo, con el desarrollismo español, los viñedos del Bierzo, y en particular los de nuestro municipio, renacieron con fuerza renovada y recuperaron de nuevo su papel económico y social.

En el municipio de Toral de los Vados, los viñedos de mencía y, en menor cantidad los de godello, palomino, Doña Blanca, garnacha tintorera y malvasía, se extienden desde Sorribas, Iglesia de Campo – prácticamente desde el enclave romano de Castro Ventosa -, Villadecanes, Parandones, Otero, Toral de los Vados, Penedelo – viñas coronadas por el Pico Ferreira, castro prerromano primero y romano después -, Paradela del Río, Paradela de Arriba y Valiña.

Para finalizar este artículo, voy a referirme a un hecho que siempre me llamó extraordinariamente la atención, la influencia de los ríos sobre los viñedos. Algo que como expondré a continuación es una constante desde el inicio del vino en las fértiles cuencas del Tigris y Éufrates en Sumeria hasta las también fértiles cuencas del Burbia, del Cua, del Boeza y del Sil en el Bierzo.

La influencia de los ríos en la viticultura.

A lo largo de la historia se ha venido observando que sobre la viticultura influyen factores climáticos, edáficos o geográficos que afectan al cultivo de la vid y la posterior calidad de los vinos; desde la importancia de los tipos de suelos, la altitud en la que están plantadas las viñas o la pluviometría de las diversas zonas vinícolas.

Existe un factor fundamental en cuanto a geografía se refiere, que tiene mucho que ver con las grandes zonas vitícolas del mundo desde el origen del vino. Todas ellas tienen un elemento en común: los ríos. De hecho, desde la antigüedad las grandes zonas vitícolas mundiales se encuentran cerca de los ríos:

§ La reconocida cuna del vino actual, Sumeria, se encontraba en las tierras regadas por los Tigris y Éufrates en la antigua Mesopotamia – Irak actualmente-.

§ El primer vino egipcio se elaboraba a partir de una mezcla de uvas blancas y tintas provenientes de las grandes producciones cultivadas en terrenos irrigados en el último tramo y en el delta del Nilo.

§ En Grecia las zonas vinícolas también se situaban entre ríos, como, por ejemplo, en Rodas -con fértiles valles regados por el río Damují y su mayor afluente el Jabacoa -.

§ Los históricos viñedos de los Etruscos, en Toscana, se situaban próximos a los ríos Arno, Ombrone y Serchio.

§ En Sicilia – la isla más grande del Mediterráneo, a donde llegó la cultura del vino de la mano de los griegos, y que hoy está llena de agradables sorpresas vinícolas – la red hidrográfica está constituida por numerosos ríos cortos y de poco caudal, sobresaliendo por sus viñedos los ríos Ippari, Belice y Dirillo.

§ Las regiones actuales del vino de calidad europeo y americano también se caracterizan por fecundas tierras regadas por grandes ríos. En España, en tierras de Jerez y Sanlúcar de Barrameda los ríos Guadalquivir y Guadalete; en la Rioja y el Priorato Catalán el rio Ebro y sus afluentes; en la Ribera del Duero, Rueda, Arlanza, Arribes y Toro, el rio Duero; en el Bierzo, ríos Sil, Cua, Burbia y Boeza; en el Valle del Páramo, en Tierras de León, el rio Esla; en Ribeira Sacra, el Sil; en Ribeiro, el Miño; en Oporto (Portugal) el rio Duero; en Francia, el Loira, el Ródano y el Garona; en Alemania, el Rin y el Mosela; y en California el río Napa.

Los ríos crean una orografía especial, creando valles de mayor o menor dimensión y profundidad pero que, en todo caso, favorecen distintos climas según la orientación o altitud de las zonas en las que están plantadas las cepas.

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Viñedo junto al castillo de Saumur, original del siglo X, y al romántico rio Loira (Francia).

A pesar de que los ríos forman parte de los más hermosos paisajes vitícolas, las mejores vides no están plantadas justo en sus orillas, ya que se trata de un cultivo que se desarrolla favorablemente en suelos pobres, con pocos nutrientes. Por esta razón cabe preguntarse por la manera en que afecta la proximidad de los ríos al cultivo de la vid. Y posiblemente la respuesta sea que “normalmente, junto a los ríos, existen zonas de pendiente, laderas con más o menos inclinación que facilitan el drenaje de los suelos, es decir, evitan su encharcamiento”. Además, junto a los ríos la atmósfera es siempre más húmeda, por no hablar de la aparición de nieblas en su cuenca, que, con frecuencia, evitan el daño por heladas extremas.

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Viñedos sobre el rio Burbia entre Corullón y el Pelgo en Toral de los Vados.

Seguramente sea por sus terruños y sus ríos, que uno de los más prestigiosos empresarios catalanes y bercianos del vino – Álvaro Palacios- afirmó en octubre de 2018 que “los mejores viñedos del mundo se encuentran en el Bierzo”.

Nuestro próximo artículo versará sobre “la actividad vitivinícola actual en el municipio de Toral de los vados”. En ese artículo analizaremos la actualidad de la vitivinicultura en el municipio.

Buenos días. Como siempre, cuídense mucho, y mantengan las medidas de higiene y protección.

León 27 de mayo de 2021.

2 replies »

  1. Muy bien el articulo Fernando , pero aunque las viñas sean buenas en las orillas de los ríos ,el vino no debe bautizarse un fuerte abrazo .

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