“El Sevillano y El Cordobés”
Quizás estemos hablando del primer panadero ambulante con permiso de venta aquí, en Toral. “… a lo mejor fue mi abuela, había oído algo, pero no creo”, me cuenta el panadero.
En verano, a caballo; en invierno, como no se podía pasar el río y no había ni puente ni carretera, iba a Toral por el puente de la vía, con una carretilla. Llevaba de un viaje tres sacos de hogazas: “ponía unas tablas para que las hogazas no se estropearan, que pesaba entre 70 y 80 kilos” las hogazas, me dice.
El puente de la vía era el puente de unión, nunca mejor dicho, entre Toral y Villadepalos. Era el paso obligado para mucha gente, incluidos los obreros de Cosmos.
En un domingo de verano de hace 40 y pico años, el panadero de Villadepalos, a lomos de su caballo y con la compañía de su perro-lobo, se dirige a Toral con las alforjas (serones) llenas de pan. Cruzaba el río por donde había previsto, por el vado donde menos cubría, “a veces me rozaba un poquitín el agua, a veces se mojaba alguna hogacilla y tal… bueno”, para llegar a La Isla. En Toral empezaba a vender en el Cantón, “por donde vivió Miguel Ángel, el que fue cantante”, después por la Poza, etc.. Llegaba a vender de 50 a 70 hogazas.
Una vez hecho el reparto por la mañana, volvía para casa cuando vio a un grupo de chavales jugando al fútbol en la plaza de la iglesia. Al verlos jugar a lo que a él más le gustaba, se bajó del caballo, lo ató a un negrillo y, mientras su perro lobo hacia compañía al caballo, se puso a jugar. Cuando estaba jugando, oyó un ruido de pelea de perros. Al volverse, ve a su perro peleándose de manera encarnizada con otro perro pinto de caza, que se le había ocurrido la brillante idea de meter el “focín” cerca del caballo.
Los chavales y él, asustados sin saber qué hacer, observaban atónitos la pelea cuando oyen: ¡¡¡sinvergüenza!!!, al tiempo que unas manos le abordan por la espalda y le golpean con violencia “a modo de platillos” los oídos. Del impacto cae al suelo sin sentido; “de hecho estoy jubilado por problemas de vértigos y de oído. No sé si viene de entonces”, dice.
Desde el suelo, y aún con la vista borrosa, ve a su lado a un cura, remangando la sotana y diciendo: “¡¡¡ahora verás cómo se mata a un perro!!!”, a la vez que saca una navaja automática de unos 20 cm. La coge por la punta “¡¡¡¡y flaxxxxx!!!! como si
fuese un tío de esos del oeste”, me cuenta, la lanzó clavándola en la pata de atrás del perro-lobo. Éste, al verse herido, intentó y consiguió quitarse la navaja a mordiscos, no dejando de sangrar. “Le jodió el tendón”.
El cura, un tanto avergonzado, se fue con la cabeza gacha a dar la misa de las 12. Al menos la mitad de la gente que esperaba para ir a misa y vio lo acontecido se dio la vuelta y se marchó escandalizada. Presenciando todo esto, entre otros muchos, estaba un carnicero que de aquella tenía su carnicería próxima a la iglesia. Con un mandil blanco impregnado de sangre y con un cuchillo en la mano, le recriminó públicamente al cura su actitud, exclamando en voz alta: “¡¡¡¡Hijo de puta, si es mi hijo te lo clavo!!!”. “Eso a mí no se me olvida; ¡¡¡ le echó muchos ‘güevos’, para los tiempos que corrían!!!”, me dice.
El muchacho se levantó, dolorido y lloroso se subió al caballo y se fue para su pueblo con el miedo en el cuerpo, por lo que había sufrido y también por lo que iba a sufrir en casa: “Sabía que me iban a dar”, y de hecho le dieron un par de guantazos. El primero, cuando en casa le preguntó su madre por lo que le había pasado, y el segundo cuando respondió. “De aquella era así, las llevabas dos veces”.
El tema no se quedo ahí, cogió una importancia inusitada. Un teniente de la Guardia Civil, que pasaba los veranos en Villadepalos, se interesó por el asunto, queriendo incluso tramitar el destierro del cura. Pero, a sugerencia de la madre del panadero, lo descartaron, y así quedo la cosa.
Algunos medios de comunicación, como el Faro de Vigo, se hicieron eco de la noticia.
También el cronista del pueblo de Toral informó por radio en una emisora de Ponferrada, en la que llegó a comentarla como un hecho lamentable.
Después de muchos años, el panadero tuvo la intención de hablar con el cura para pedirle explicaciones: ¿Qué paso aquel día? , ¿Por qué ocurrió todo aquello?. Pero un día por otro… el cura se murió y él se quedó sin explicaciones.
Fin
Publicado con anterioridad: 16/02/2009
AF2
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Luciano y el Sil…dos fenómenos…