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La crisis del coronavirus pone en evidencia la falta de capacidad de España para fabricar vacunas humanas (El País 2-6-2020)

A veces el lisonjear, se convierte en humillación a la persona, porque este titular es funesto y es una ignominia para los que lo leemos. El origen de nuestras carencias, en mi modesta opinión, arranca desde 1800 hasta 1960. Es un período, en exceso, dilatado que nos llevó a un gran atraso, pero que el tesón y la entrega de nuestros ascendientes, a los que tanto debemos, nos sacaron de las tinieblas para conducirnos al “supuesto estado de bienestar” en los últimos cincuenta años. Un estado de bienestar, por supuesto, mejorable para gozar de lo bueno y no cegarnos con fatuas y suntuosas alabanzas de petulantes políticos, cortados por la misma tijera de perpetuarse en el poder. Para nuestra desgracia, no tenemos unos partidos políticos que antepongan el interés de España al de sus propios intereses.

No pretendemos con esto denigrar nuestro país, pero como dice Larra en su artículo, En este País, “ si nos comparamos con el extranjero que sea para mejorar lo nuestro y para rivalizar con ellos con nuestros adelantos” y huir siempre de lo intrascendente, buscando lo esencial. Algo pasa aquí, cuando los licenciados solo tienen como meta dedicarse a opositar o a trabajar en la hostelería, vigilando a los del “balconing” y nuestros técnicos cualificados emigran a otros países de Europa. No podemos retroceder en capacidad científica e investigadora, sino estaríamos aún sumidos en la expresión lapidaria y perniciosa, atribuida a Unamuno: ¡Que inventen ellos, para aprovecharnos nosotros!

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