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Me llamo Miguel Ángel García Nieto, y soy alumno de Doña Sofía, porque no se deja de aprender aunque tu Maestra no se encuentre a tu lado, pues uno lleva ya su propio barco. Cualquiera de los niños y niñas que pasaron por sus manos podría estar hoy aquí y tendría algo que contar.
Cuando me enteré de su fallecimiento sentí que debía comunicar a sus hijas, conocidas y amigas mías, mis sentimientos hacia su madre, hacia Doña Sofía. Pude hablar con Luisa, y recuerdo que lo primero que le dije es que había perdido un referente en mi vida. Estaba triste, pero a la vez me sentía afortunado por haber tenido una maestra como ella. Los recuerdos de un niño de 9 o 10 años, los que yo tenía cuando ella me dio clase, no se basan en los conocimientos adquiridos junto a ella, sino en lo que te hacía sentir. Doña Sofía me hizo sentir un niño importante, un niño querido, y sobre todo, lo hizo con respeto y amor. No recuerdo de ella un mal gesto o una mala palabra, y a pesar de mis dificultades, siempre dejaba alguna frase de ánimo para que siguiera trabajando. Hay un momento, podría contar muchos más: no sé el motivo por el cual un día me encontraba llorando en clase, pero sí recuerdo que ella me sentó en su regazo y secó mis lágrimas con su mano, y ese tipo de acciones las llevaba a cabo con cualquiera que lo necesitara, pues ella nos conocía a la perfección.
Doña Sofía ha hecho, junto con los demás maestros y maestras, que el niño que yo era llegara a ser lo que soy hoy en día, y por ello le estoy agradecido.
Tuvo una vida plena, siempre dedicada al colegio y a su familia. Hace poco leí una cita que bien podría haberla firmado ella, y dice así: “No vivas para que tu presencia se note, sino para que tu ausencia se sienta”. Ella vivió sin estridencias, pasando desapercibida, pero dejando su huella en cada uno de sus alumnos y alumnas. Su ejemplo podemos verlo en sus hijas Luisa y Sofía, a las que desde aquí animo a llevar su recuerdo siempre vivo, y a las que traslado mi agradecimiento por dejarme escribir y leer estas palabras.
Quisiera terminar leyendo un texto de Gabriel Celaya, que dice así:
"Educar es lo mismo que poner un motor a una barca… hay que medir, pensar, equilibrar… … y poner todo en marcha. Pero para eso, uno tiene que llevar en el alma un poco de marino… un poco de pirata… un poco de poeta… y un kilo y medio de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar mientras uno trabaja, que ese barco, ese niño irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hacia islas lejanas. Soñar que cuando un día esté durmiendo nuestra propia barca, en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada."
Gracias Doña Sofía, gracias Maestra.
Miguel Ángel García Nieto
Categories: Carta abierta...

















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Precioso y justo homenaje a una gran maestra en todos los sentidos.
Gracias Miguel Ángel yo también fui su alumna,tremendamente traviesa y revoltosa.
Pero si alguno o alguna de sus colegas,comentaba algo al respecto.
Ella me defendía al cien por cien.
Y como a mí a todos sus alumna@s,antetododo éramos sus niñ@s y luego el resto.
Y aunque no tengo el gusto de conocerte,recibe ese abrazo que une a la gente que aprecia a las mismas personas.
Miguel, amigo, suscribo tus palabras. Una hermosa carta para una persona especial, nuestra maestra de cuarto de EGB. Siempre tuve una excelente relación con doña Sofía. También mi familia ha tenido un contacto siempre fructífero con la familia Olego Fernandez. Miguel, a pesar de la distancia, los buenos amigos son para siempre. Mi profundo respeto y cariño hacia sus hijas, sobre todo a Luisa por aquello de estudiar y jugar a su lado durante aquellos años de EGB. Mas tarde por el contacto esporádico y siempre cercano, en redes sociales o presencialmente. Un saludo y de nuevo mil gracias, Miguel. Un abrazo.
Todo en Doña Sofia era dulce, tierno y bondad . Un abrazo enorme a Luisa y Sofia.
Gracias, Miguel Angel, has expresado muy bien el sentimiento que nos embarga a los que fuimos, no sólo sus alumnos si no, de alguna forma, también sus hijos. Así era en aquellos años, en los que carecíamos de todo y no necesitábamos nada. Con las maestras, la escuela y los compañeros nos sobraba el resto.
Creo que eres el hijo de Nati, si no me equivoco con el nombre de tu madre, pero hace muchos años que no te veo, pero tenemos algo en común: el cariño, respeto y gratitud a las/os maestras/ os que tuvimos. En un porcentaje, alto, les debemos las personas que hoy somos.
Un abrazo Miguel.
Hola Miguel Angel:
Que carta tan bonita.
Vecino, compañero de clase, de aventuras, de buenos ratos….y algunos no tan buenos ( el apodado que me pusiste…..lo recuerdo, hoy, con una sonrisa, pero en aquellos años no me hacia nada de gracia).
Mis felicitaciones por esta pedazo ….carta.
Para mí está carta refleja perfectamente las enseñanzas de una gran profesora que tuviste, al igual que la tuve yo, Dña SOFIA.
Un abrazo muy fuerte
Begoña Nieto (Alias Ñ…)
Tuve el placer de tenerla como profesora y también mi hermano; y tanto mis padres como mi hermano y yo guardamos un magnífico recuerdo de ella a nivel profesional y, lo que todavía es más importante, a nivel humano. Qué descanse en paz.
Mª Concepción López Pérez.