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Parandones o Perandones: breve historia de un pueblo y un nombre

 48417226_367781397362252_5707985663501008896_nMarcos García Pérez, para los que no lo conozcáis es el nieto de Gaspar Pérez e hijo de Luis y Esther,nos envía este  interesante artículo sobre uno de sus tres pueblos “Parandones”, el pueblo de los cuatro nombres, para intentar dejar resuelto un problema de nomenclatura que lleva perdurando durante tanto tiempo.   

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Parandones o Perandones: breve historia de un pueblo y un nombre

He de comenzar advirtiendo que el pequeño artículo que presento no viene tanto motivado por un afán de verdadera concordia (me sigue pareciendo algo más gracioso que preocupante el hecho de que un pueblo se denomine de cuatro maneras distintas) como por un afán filológico de investigación. Y aunque realmente la investigación se corte rápidamente debido a la falta inconmensurable de información y de recursos sobre un pueblo tan pequeño, me ha parecido curioso el hecho de que con hora y media de indagación pueda dejarse prácticamente resuelto un problema que lleva perdurando tanto tiempo (más, desde luego, del que lleva el letrero de Perandones corregido por Parandones por algún grafitero esporádico con espíritu de filólogo). He de anunciar, en cualquier caso, la crónica de un fracaso: encontrar la etimología unívoca de Parandones es imposible, y lo único que se pueden presentar son conjeturas posibles y probables, así como razonamientos al respecto que permitan solventar el problema actual.

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Por no faltar a mis fuentes, he de decir que me preceden dos artículos en esta misma página que con buena intención trataron de resolver el problema. Miguel Arias García (1) habló de “los cuatro nombres” del pueblo, y a partir de la lectura de su propuesta (y de su sabor a trabajo inacabado) me decidí a investigar un poco sobre el nombre de Parandones, lugar en el que pasé toda mi adolescencia. También otro artículo de esta misma web (2) propone algunas etimologías citando a Jesús García García (3): dice que la vacilación se podría dar por asimilación o disimilación, lo cual realmente no resuelve nada; propone la etimología “Petrus Antonius”, que pasaría a “Per-Antonis”; cita la escritura del Tumbo de San Pedro de Montes (4), donde un tal Perandonez habría firmado en 1243. También cita otra etimología, relacionando Parandones con la tribu romana de Pelendones, lo cual rechaza; y termina por rechazar también la conocida etimología (que aparece hasta en Wikipedia, pero desconozco el origen) de “Parada de los Dones”, aunque tampoco aporta argumentos.

Todas estas notas son interesantes, pero ninguna parece tener fuerza suficiente para poder admitirse como origen del topónimo. Además, hay que recordar que existe otro Parandones en Asturias, en La Regla de Perandones, con el monasterio de Santa María de Perandones, en Cangas del Narcea (5). También en ese lugar se mantiene la vacilación, pero con mayor tendencia a la forma con /e/, quizás por influencia del asturiano (aunque la /a/ no está en sílaba final de palabra). El hecho de que el nombre aparezca en otro lugar no parece apoyar la teoría de que Perandonez sea el origen del topónimo. De hecho, cabe decir que Parandones aparecía ya antes de 1243. O al menos eso debemos creer hasta que no se pruebe lo contrario.

En el Tumbo del monasterio de San Julián de Samos aparece Parandones en un documento del 2 de noviembre de 1122 (6). Además es indudable que se refiere al nuestro y no al de Cangas del Narcea: “de ipsa aqua de Burvia, et per terminos de Parandones et per terminos de Valle Toilli usque in terminos de illa villa de Burvia, per suos terminos antiquos cum domibus et opibus et arboribus et vineis”, fechado “sub die IIIIº nonas novembris era Mª Cª LXª” (7). Si la transcripción del Tumbo es correcta, entonces no hay duda: este es el documento más antiguo donde se registra el nombre de Parandones, y debemos hacer caso de ello para denominar al pueblo. No obstante, es realmente raro que un pueblo que en 1850 tuviera solo 11 habitantes (8) ya existiera en el siglo XII. De hecho, tan pequeño era el pueblo que durante el siglo XIX se le consideró barrio de Villadecanes (que tampoco era excesivamente grande) (9), y antes del XIX no se encuentra ninguna referencia de no ser la ya mencionada, lo cual hace tambalearse peligrosamente la veracidad del documento del Tumbo Viejo (o de su transcripción). Habría que realizar un análisis paleográfico del Tumbo Viejo, pues era práctica habitual la de falsear las fechas de los documentos durante la Edad Media (véase la ardiente polémica en torno a la fecha de composición del Cantar de Mio Cid, que oscila entre 1148 y 1307; incluso 1347 se ha llegado a proponer). En cualquier caso, hay tres argumentos para no dudar de la fecha: por un lado, el documento se encuentra escrito en latín, lo cual evita pensar en una falsificación moderna (a menos que la falsificación fuera realmente buena); por otro lado, el hecho de que aparezcan topónimos reconocibles (como Valtuille y Burbia) que aparecen en otros documentos de la época (10), siendo también poblaciones de muy bajo nivel demográfico (11); y por último, el hecho de que Vilela, como se atestigua en algunos textos medievales (citados en las notas 10 y 11) fuera un terreno que reyes y obispos conocían y utilizaban como concesiones o como propiedades.

Sabiendo esto y conociendo la cercanía de Vilela a Parandones se puede pensar que, si Vilela (etimológicamente “villa pequeña”) ya era conocida incluso en el siglo X, Parandones pudo surgir como una extensión al aumentar la población, que se habría ido repartiendo también por Otero, Horta y Villadecanes, impidiendo que el “barrio de Villadecanes” (i.e. Parandones) tuviera una población demasiado grande, explicando así las cifras de demografía a lo largo de un periodo de tiempo tan grande. Puede incluso que Parandones llegase a ser un pueblo fantasma durante algún tiempo en el que aumentase el éxodo rural. Todo esto son conjeturas. Lo que sabemos es que lo más antiguo que se ha encontrado entre las viñas de Parandones son monedas de la época de Alfonso XII (quizás también alguna de Isabel II); también que buena parte del pueblo (la que corresponde al inicio de la cuesta de Otero que se encuentra en la carretera hacia Toral) es de nueva construcción, y cuando digo nueva me refiero a finales del siglo XIX y primera mitad del XX, años en los que mi tatarabuelo compró las tierras, por entonces sin edificar, a una familia de Villafranca. Hoy en día habitan esa zona los descendientes de la prolífica familia García.

Lo que se puede extraer como conclusión, entonces, es que muy probablemente el generalmente aceptado nombre de Parandones es correcto, al menos por recurrencia histórica. De las etimologías que se han propuesto, quizás varias sean válidas. Los pocos habitantes de esa zona, seguramente casi todos (o todos) iletrados, nombraran a la zona de la falda de Otero según les sonase mejor: por parecido con “parar” y con “dones”, por parecido con “Per Antonez” (nombre común de frailes), o por cualquier otro parecido fónico. La vacilación es también comprensible. Existe en castellano la palabra “pera”, y es un término lo suficientemente frecuente en una zona rural como El Bierzo como para que los hablantes no sientan el parecido y mezclen (sin saberlo y sin malicia) las letras de ambas palabras. Antes mencioné otro topónimo similar que parecía decantarse por la forma Perandones (aunque en diccionarios del siglo XIX, curiosamente, tienda a aparecer como Parandones); estaba atrasando un dato en el que muchos ya habrían pensado: el apellido Perandones (rarísima vez Parandones) se dio con mucha frecuencia en América, en especial en Argentina (se puede encontrar innumerables veces en el Boletín Oficial de la República Argentina). ¿Influirá en esto una migración de bercianos? ¿Se dará la confusión por el contacto cultural que con la Argentina tuvo la generación de mis bisabuelos? La verdad es que sería raro que los topónimos naciesen a ambos lados del charco con formas tan parecidas. En algún lugar nació antes (tiene todas las papeletas de haber sido aquí), pero no se sabe muy bien cuándo comenzó la confusión de vocales. Como dije antes, lo más probable es que no haya un origen unívoco, sino un proceso lento y no intencionado en una época muy remota en la que, como en Macondo y en la Biblia, había que poner nombres a las cosas. En cualquier caso, hoy es preferible evitar la confusión (pues la forma Perandones parecen haberla preferido ya los asturianos y los argentinos), y llamar al pueblo por el nombre que parece haber perdurado a lo largo de los tiempos (solo siendo confundido en las últimas décadas): Parandones.

Marcos García Pérez

(1) https://af2bierzo.com/2018/02/01/parandones-el-pueblo-de-los-cuatro-nombres-por-miguel-arias-garca/

(2) https://af2bierzo.com/2016/11/25/parandones-o-perandones/

(3) Pueblos y ríos bercianos, Consejo Comarcal del Bierzo, Diputación Provincial de León, 1994. Otra etimología ofrece Francesc Costa Oller (Villuga comentado: repertorio de todos los caminos de España, Mataró, 2018; específicamente el anexo del Itinerarium de Brugis de Raphael de Marcatello, pp. 147-153 [publicado en Le livre de la description des pays de Gilles Le Bouvier, dit Berry, París, 1908], p. 151), quien traduce Pamers por Parandones; es poco probable porque no aparecen otra poblaciones más importantes en el itinerario (solo Ponferrada y Villafranca) y porque el parecido fonético es muy lejano.

(4) Vid. Augusto Quintana Prieto, Tumbo Viejo de San Pedro de Montes, León, Centro de Estudios e Investigación san Isidoro, 1971; no he podido consultar esta obra. En el AHN se encuentra en Clero Secular-Regular, 2639/2642-5217/5221.

(5) Mario Gómez, “Rumbos de rengos”, La Maniega: boletín del “tous pa tous”, Sociedad Canguesa de Amantes del País, 26 (1939), pp. 1-5. En las pp. 1-2 habla de Regla de Perendones, pero no se atreve a aventurar una etimología. No obstante, Tomás González (Censo de población de las provincias y partidos de la Corona de Castilla en el siglo XVI, Madrid, Imprenta real, 1829, p. 287) hablando de La Regla de Perandones, escribe “San Juan de Parandones”.

(6) Manuel Lucas Álvarez, El tumbo de San Julián de Samos: (siglos VIII-XII), Santiago de Compostela, Caixa Galicia, 1986, pp. 362-363. Agradezco a Miguel Costa, del blog “Fror na Area”, que me facilitara la referencia bibliográfica.

(7) La fecha transcrita literalmente es 1160, pero al decir “era” se refiere a la fecha ab urbe condita, con lo que hay que restar 38 para saber el año de nuestro calendario, lo cual nos da 1122.

(8) Pascual Madoz, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar. Tomo XVI, Madrid, 1850, p. 113, col. 2: “en su térm. [de Villadecanes] de encuentra el barrio de Parandones compuesto de 11 vecinos”. En Villadecanes había sólo 70 casas (Ibíd., p. 113, col. 1).

(9) Pascual Madoz, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar. Tomo XII, Madrid, 1849, p. 689, col. 1. Escribe Parandones y lo presenta como “barrio de Villadecanes”. También en Pelayo Vizuete Picón, Diccionario enciclopédico hispano-americano de literatura, ciencias y artes. Tomo XXII, Barcelona, Montaner y Simón, 1897, p. 583, col. 3: “barrios de Iglesia de Campo, Parandones y Villamayor”.

(10) El propio Manuel Lucas Álvarez cita a Maximino Arias (“El monasterio de Samos durante los siglo XI y XII”, Archivos Leoneses: revista de estudios y documentación de los Reinos Hispano-Occidentales, 73 (1983), pp. 7-82, p. 41, nota 109), quien también cita el MS. 18387 de la BNE, fol. 306, con letra del siglo XVIII, donde se encuentra copiado parte del texto (por desgracia no el que corresponde a Parandones; el Tumbo se encuentra en Santiago, AHU, Tumbo, f. 72 r/v). Este autor recupera documentos de sitios ajenos al Tumbo que, si bien no contienen el nombre de Parandones, sí presentan otros como Vilela, el cual aparece en documentos incluso más antiguos (Maximino Arias, “El monasterio de Samos desde sus orígenes hasta el siglo XI”, Archivos Leoneses: revista de estudios y documentación de los Reinos Hispano-Occidentales, 70 (1981), pp. 267-350, específicamente p. 350, donde transcribe un documento del 3 de julio del año 988: “…villa de Villela in valle Bergido, ripa fluvio Burbia…”; cita a M. R. García Álvarez, “Novidio, abad de Samos y obispo de Astorga”, en Cuadernos de Estudios Gallegos, 42 (1959), págs. 6-34, pág. 28 (en realidad pp. 28 y 29), donde también se encuentra, y de nuevo el MS. 18387 de la BNE, fol. 273 v).

(11) Vid. Maximino Arias, “El monasterio de Samos durante los siglo XI y XII”, Archivos Leoneses: revista de estudios y documentación de los Reinos Hispano-Occidentales, 73 (1983), pp. 7-82. En la p. 31 menciona al abad Formarico, a quien en 1087 “encontramos […] en Vilela, junto a Villafranca del Bierzo, adonde había concertado encontrarse con el obispo de Astorga, Osmundo”. En la p. 33 se menciona que ambos tenían posesiones en Vilela. En la p. 78 transcribe un documento del 13 de julio de 1165 en el que se menciona Vilela: “uestram uillam dictam Uilela […] que est diuisio inter Uallem Tuille et Uillam Francam et per caminum antiquum […] et per terminum de uilla de Canes et de Orta…” (da la referencia del AHN, Clero, Samos, carp. 1240, núm. 13). En la p. 52 se menciona que en 1170 el abad Rodrigo Fernández concede a Juan Núñez, Nuño García y Sancha (mujer de este último) una vega en Magaz “para que la planten de viñedo” (da la referencia del AHN, Clero, Samos, carp. 1240, núm. 14). No debe extrañar la antigüedad del viñedo, que también aparece mencionado en el Tumbo de San Julián (“vineis”), y que llevaba muchos siglos en España. En cualquier caso, las viñas actuales vienen de América, como explica Pelayo Vizuete Picón, op. cit., p. 585, col. 3 (menciona la destrucción del viñedo por la plaga filoxérica, así como la implantación de viña americana). Ya que el conocimiento no ocupa lugar, cabe recordar que entre los encargados de la edición de este monumental diccionario (el de Vizuete Picón) figuran nada menos que Juan Valera encargado de la estética, José Echegaray del magnetismo y la electricidad (!), Pedro de Madrazo de la pintura, escultura y grabado, Francisco Pi i Margall de la filosofía del derecho y Marcelino Menéndez Pelayo de las obras maestras de la literatura española.

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2 respuestas »

  1. Por casualidad leí hoy este artículo. Estupendo trabajo. Enhorabuena a Marcos aunque no tengo el placer de saber quién es.
    Y gracias a Toño también por la recopilación y difusión de tanto esfuerzo. En el futuro alguien irá a tu blog a consultar datos con la misma validez del Tumbo de San Pedro de Montes…

  2. Con todo el respeto me quedo anonadado de que no aparezca el nombre real y popular del pueblo en el artículo (entiendo que serán las otras dos opciones invisibles de las cuatro mencionadas?). Solo cabe pensar que, o bien ha sido a propósito por algún tipo de cuestión, o sus autores y editores son de bien lejos. No sé cuántos artículos online sobre el topónimo de Parandones se pueden encontrar pero por lo menos es fuerte que no aparezca en este el nombre patrimonial ni mención aunque fuera a él o a su substrato filológico.

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