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No es la primera vez que un artículo de Antonio-Esteban ha sido propuesto a los alumnos de un Colegio como análisis de texto. Ya había ocurrido esto en Lugo con uno de sus poemas.
Ahora ha sido en León, en donde, en un Colegio, una de cuyas profesoras es nacida en la villa del Cúa y conocedora de la obra del escritor, la que ha propuesto a sus alumnos el texto para su análisis y en el que, a decir de esos alumnos, ”destila nostalgia, perfectamente mezclada con una ironía sutil de la que hace gala el autor a lo largo de sus textos”.
El artículo en cuestión titulado CUATRO MOZAS EN EL CUA pertenece a la sección IMÁGENES Y RECUERDOS DE CACABELOS, que, desde hace cinco años mantiene Antonio-Esteban, semanalmente, en el blog castroventosa blogspot y que dirige otra persona vinculada a Toral, Carlos de Francisco, nieto de don Sergio Castillo.
Estos textos, acompañados de una foto antigua son muy leídos y aparecen semanalmente en el citado blog y que copiamos. Dice así:
CUATRO MOZAS EN EL CUA
También hubiéramos podido titular este artículo de otra manera, por ejemplo, EL CUA Y CUATRO MOZAS, pero no sería lo mismo porque ellas son las protagonistas.
Lo primero que observo -yo soy muy observador- es que no llevaban medias, aquellas medias, con o sin costura que , algunos, -y algunas- llamaban “de cristal”. Tal vez se hubiesen despojado de ellas en aquella tarde de domingo, cuando decidieron meterse en el agua para retozar. Esto me lleva a recordar que, por aquellos años -o un poco antes- casi estaba mal
visto que las mozas se bañasen en el río y, si lo hacían, era en lugares retirados y escondidos y enfundadas en anticuados trajes de baño, unas veces, y, otras, en viso que era “un forro de color que se colocaba debajo de la falda” o, eso, al menos, dice el Diccionario. Cuando salían del agua, las redondeces de las mozas eran más sugestivas.
La imagen de las mujeres en “viso” es la que yo tengo de las mozas de mi pueblo -aquí, en Cacabelos sería igual- cuando se bañaban en el Pozo Cantón, cerca del túnel de Penedelo.
En esta foto, ellas no trataban de bañarse y, ni siquiera, refrescarse, sino pasar un rato alegres y divertidas y echar unas risas.
Al fondo, detrás, el puente -los arcos del puente o la puente, que, también se dice así- y el HOTEL MIRALRIO y, a su lado, la casa de Antonio Abella que, más tarde, sería comprada por el padre de Agustín, el panadero y en la que vivió Lita, la “Tarula”.
Todo esto forma parte de la historia de nuestra villa, como forman parte Mary Celi, la “Porreta, Marina, la “Molinera, la “Nena” -Toñita Carballo- y Pili , la “Molinera, alguna de las cuales ya no está entre nosotros.
Sirva, pues, la foto para que nosotros recordemos una parte de nuestras vidas y ellas un momento singularmente feliz.
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