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EL HONGO

toni- cabalgamos

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Lo confieso: para escribir sobre el “hongo”, del que muchos de mis lectores quizás no hayan oído hablar, he recurrido, naturalmente, a mis recuerdos, vivos aún; a un artículo aparecido en EL PAIS y al blog de Pepe Guzmán, un sevillano jubilado, que hace siete u ocho años publicó algo sobre el “hongo”. En ese artículo vierte una serie de conceptos con los que no estoy de acuerdo, pero, que respeto porque no en todos los lugares, el “hongo” funcionaba igual.

Ayer, -y hablo de un ayer muy lejano: los últimos años de la década de los cuarenta o los primeros de los cincuenta del siglo pasado- ayer, decía, en todas las casas existía un recipiente de cristal -una especie de cuenco- en el que sobrenadaba un hongo -ignoro a qué familia pertenecía- que, a lo que parece, al pudrirse, producía una especie de líquido semejante a la penicilina ,salvando todas las diferencias. Podríamos decir que era penicilina en estado puro que, por lo que decían, curaba todos los males.

Supongo que el hongo había llegado a España -o la idea de que el líquido en el que sobrenadaba un hongo podrido contenía un producto contra las infecciones- porque años atrás Alexander Fleming había descubierto la penicilina que tantas vidas había salvado. De boca en boca corrió la noticia de que alguien había descubierto que los hongos producían un líquido -llamémoslo así- que curaba las infecciones.

Pepe Guzmán, de quien hablé antes, escribía en su “blog” que, allá por los años cincuenta hubo una gripe muy puñetera en Sevilla y murieron muchas personas por carecer del medicamento que podía curarla: la penicilina que, eso sí, podía adquirirse de contrabando -ya hablé de ella en el artículo sobre Enrique Piensos- y a precios desorbitados para la época, pero ahí estaba el hongo que era capaz de curar todas las enfermedades, desde un enfisema a la hepatitis o una infección de seno cavernoso, si uno se esforzaba en beber aquel líquido repugnante que, eso decían, era la panacea para curar todo tipo de enfermedades.

En Toral, en casi todas las casas, había un recipiente con el hongo que yo no sé de dónde había salido. Quizás mi padre que gustaba de la naturaleza y estaba interesado en cosas de este tipo, lo buscó en el campo; lo encontró y lo colocó en un recipiente como le habían enseñado y nos obligaba a

beber aquel líquido asqueroso -lo era- que sanaba, según decían, todo tipo de infecciones. (Recuerdo, a este respecto, que, también, mi padre, metía los huesos, ya sin carne, después de cocidos, en el fogón de la cocina. Allí se quemaban y, después, comíamos los residuos, carbonizados, que, a lo que parece, conservaban todas sus propiedades alimenticias aumentadas).

En mi casa, el recipiente del hongo estaba colocado, como si se tratase de un icono o un cuadro digno de veneración, sobre el aparato de radio que presidía el comedor, en la planta baja, y que, a su vez, estaba en un mueble construido por mi padre en el que, en su parte inferior, se guardaban los más diversos objetos.

El hongo, a veces, era mostrado a viajantes amigos como Jaime Artazcoz, que venía desde IBI, en Alicante, en Noviembre, con los últimos juguetes y se les decía que era el mejor remedio contra las enfermedades infecciosas.

En algunos lugares -cuenta Pepe Guzmán- al agua le echaban canela y azúcar, tras estar el hongo en maceración una semana larga y el agua era tan asquerosa que te cagabas.

Cuando se había consumido todo el líquido del recipiente, éste se colocaba bajo el grifo -y no en todas las casas había agua corriente- se llenaba y, de nuevo, se dejaba que el hongo volviese a pudrirse y, comenzaba el ciclo otra vez.

Esta historia quizás a alguno de mis lectores les parecerá increíble, pero en aquellos años cincuenta había muchas historias como esta.

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4 respuestas »

  1. En mi casa yo también recuerdo que mi madre nos hacia beber aquella agua asquerosa , pero no se lo que seria pero sobrevivimos, y el agua era del pozo que en la Vega no teníamos agua en casa

  2. Pues no se lo que sería que apesar de no beber leche sin»»lactosa»» ni productos de soja ni un montón de cosas más que dicen los anuncios.Salimos bastante «» sanos»» en todos los aspectos.

  3. Supongo que esa «gripe puñetera» de los años 50 en Sevilla es la Gripe Asiática, llamada así porqué se inició en la China. Durante los años 1957-1958, mató más de un millón de personas en todo el mundo. A España llegó en octubre-noviembre y fue bastante severa y muy contagiosa. En mi casa, en Barcelona, íbamos agrupándonos por habitaciones a medida que caíamos enfermos,. Sólo se libro mi padre, mi madre y los cinco hermanos, lo pasamos muy mal.

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