¡Benjamín, Benjamín, qué callado te lo tenías! El cariñoso abrazo que me brindaste y el cafelito al que me invitaste en el bar Avenida tenía truco. Delgado y enjuto, imitando a don Quijote, como lo fuiste siempre. Listo también. Me comentaste cómo son ahora las empresas, que contratan y descontratan a tutiplén. Que Bilbao, en tu segunda residencia, trabajan muchos extranjeros. ¡Claro! Por menos dinero. Qué diferencia con otros tiempos. Sí, aquellos cuando te conocí y me ayudaste en mis labores del laboratorio. ¡No sabes cuánto te lo reconocí! Y, ahora, te vas. Reconozco la suerte que he tenido por ser una de las últimas personas que te he visto. Y estabas, a tus años, francamente bien. Te pido que, allá donde estés, hagas un hueco para tus colaboradores y amigos y nos reserves plaza. Así podremos seguir comentando las calidades del clínker que se utilice por aquellos espacios infinitos. Benjamín, un entrañable abrazo y, una vez más, gracias por haberte conocido.
Hace poco pregunté por Benjamín a quienes podían saber de él y no me dieron detalle. Como ya a otros muchos le eché en falta en el Avenida. «Seguirá por Bilbao?», pregunté y me lo confirmaron. No pensé que por tan poco tiempo.
Una vez conté a mi grupo de amigos, cuando me reprocharon que pagaba con demasiada frecuencia, que lo hacía porque quería parecerme a un hombre cordial y generoso del pueblo de mi padre que mostraba el cariño que nos tenía, además de interesándose por todo lo nuestro, invitando siempre: desde entonces siempre que pago me dicen «Ya está el Benjamín» y yo sonrió. En adelante la sonrisa será un poco más amarga pero será porque sonriente enfrentabas tú la vida. Descansa en paz y hasta siempre, Benjamín!
¡Benjamín, Benjamín, qué callado te lo tenías! El cariñoso abrazo que me brindaste y el cafelito al que me invitaste en el bar Avenida tenía truco. Delgado y enjuto, imitando a don Quijote, como lo fuiste siempre. Listo también. Me comentaste cómo son ahora las empresas, que contratan y descontratan a tutiplén. Que Bilbao, en tu segunda residencia, trabajan muchos extranjeros. ¡Claro! Por menos dinero. Qué diferencia con otros tiempos. Sí, aquellos cuando te conocí y me ayudaste en mis labores del laboratorio. ¡No sabes cuánto te lo reconocí! Y, ahora, te vas. Reconozco la suerte que he tenido por ser una de las últimas personas que te he visto. Y estabas, a tus años, francamente bien. Te pido que, allá donde estés, hagas un hueco para tus colaboradores y amigos y nos reserves plaza. Así podremos seguir comentando las calidades del clínker que se utilice por aquellos espacios infinitos. Benjamín, un entrañable abrazo y, una vez más, gracias por haberte conocido.
Hace poco pregunté por Benjamín a quienes podían saber de él y no me dieron detalle. Como ya a otros muchos le eché en falta en el Avenida. «Seguirá por Bilbao?», pregunté y me lo confirmaron. No pensé que por tan poco tiempo.
Una vez conté a mi grupo de amigos, cuando me reprocharon que pagaba con demasiada frecuencia, que lo hacía porque quería parecerme a un hombre cordial y generoso del pueblo de mi padre que mostraba el cariño que nos tenía, además de interesándose por todo lo nuestro, invitando siempre: desde entonces siempre que pago me dicen «Ya está el Benjamín» y yo sonrió. En adelante la sonrisa será un poco más amarga pero será porque sonriente enfrentabas tú la vida. Descansa en paz y hasta siempre, Benjamín!
Carlos,Lydia mi mas sincero pesame,un fuerte abrazo para toda la familia.
Gracias Ana un beso