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EL SALON DE LOS HERMANOS FABA (II)
Queda dicho y, si no lo dije, lo digo ahora ,m que el título de este capítulo: “EL SALON DE LOS HERMANOS FABA”, tendría que haber sido , pero me pareció una falta de respeto hacia Florín y sus hermanos y lo he dejado en “EL SALON DE LOS HERMANOS FABA”.
También queda dicho que el “Salón” estaba ubicado al fondo del Campo de la Feria, cuando en el Campo de la Feria crecían, todavía, unos raquíticos negrillos.
La taquilla del salón estaba en la fachada del edificio, pero se accedía al local por uno de los laterales: el más cercano al barrio de El Cantón. En el otro lateral estaba la escalera por la que se accedía a los pisos.
El local se situaba en los bajos de una vieja casona en la que, entre otras familias vivieron los Barcia, los Abarrio y José Luís “Piruli”, el de la Cantina de la Estación.
La entrada, si no recuerdo mal, costaba cinco pesetas, por lo que, con cinco duros -quince céntimos de euro- hacíamos la semana ya que, con aquel dinero, ibas al baile los domingos; te tomabas una copa de ponche o de mistela, asistías a la sesión de cine, a las once menos cuarte, comprabas un paquete de BISONTE, tabaco rubio, y jugabas
en el BAR PEON, unas partidas de futbolín.
Al baile, los domingos, se iba en grupo, como puede verse en las fotografías de aquella época: Carlos López Trella, José Antolín, hijo del hornero de CEMENTOS VILLAFRANCA, José Luís Escuredo, que trabajaba en CASA PRADA, Miguel “Mazo”, cuyo padre se llamaba como el mío José González del Valle y que había muerto en un accidente de coche cuando iba a presenciar un encuentro de fútbol de la Selección Española, a Madrid; Gelo Cendón, Quino, el de Liberio y Paco y Toño Tapia, ya fallecidos y quizá alguno más que, seguramente aparecen, como decía antes, en alguna de las fotos de color sepia que quedan en los álbumes.
La primera cosa que se hacía en el salón, además de echar un vistazo a las chicas, era acercarse al “ambigú” o sea, el bar y tomar una copa de mistela, por aquello de darse ánimos y sacar a bailar a la chica que nos gustaba, que, por cierto, ya estaba bailando con alguna amiga y vigilada casi siempre, por la mamá o por alguna tía que se acomodaban en unos bancos que había pegados a la pared.
Te acercabas a la pareja, siempre con algún amigo y, antes de pedir le un baile -“cortar” se le llamaba- te colocabas al lado de la chica que te gustaba. Comenzabas a bailar e iniciabas una conversación intrascendente, la mayor parte de las veces y, antes de los últimos compases del pasodoble solías decir aquello de : “¿Te quedas conmigo…?” a cuya pregunta ella decía que sí o te respondían con una excusa: “Es que mi amiga no quiere estar con tu amigo…” o “No puedo quedarme contigo porque está mi madre ahí y no me deja…”. Y, efectivamente, mirabas para el banco y allí estaba la mamá -a la que llamábamos “carabina”- que no quitaba el ojo a su niña.
En algunos pueblos de los alrededores se permitía “cortar” o pedir la cesión de la pareja. Es decir, que si tú estabas bailando con una chica del pueblo, se acercaba un mozo y te decía: “¿Se cede…?” y tenías que ceder la pareja y, durante aquella pieza, no podías intentar, por tu parte, una nueva cesión y eso fastidiaba mucho.
A mi me ocurrió en una ocasión en. LA BAROSA. Se celebraba la inauguración del apeadero. Había una orquestina y se bailaba en la estación. Tuve que ceder la pareja una vez y, después, como ambos estábamos a gusto, decidimos pasear. Los dos estábamos invitados a la misma casa: la de Senén, casado con Conchita e hijo de la señora Rosa, amiga de mis padres.
La salida del Baile del Salón de los hermanos Faba era sobre las nueve y media de la noche ya que el cine abría sus puertas, para la próxima sesión a las once menos cuarto. Cenabas e ibas al cine.
Mis recuerdos en estos momentos alcanzan para decir que, a la salida, desfilábamos, carretera arriba -Carlos López, José Antolín, Paco y Toño Tapia- cantando una tonadilla que siempre estuvo de moda: “Cuando Fernando Séptimo usaba paletó, paletó. Usaba paletó”. Letrilla que cambiábamos al terminar, usando una vocal distinta: “Canda Farnanda Sátama asaba palatá” o “Condo Fornondo Sótomo osobo polotó…” y así hasta agotar las vocales.
El Salón de los Hermanos Faba, también, en una ocasión sirvió para una representación teatral de una pequeña compañía de provincias: la historia de Genoveva de Bravante, esposa del conde Sigfrido y del malvado Golo que acusó a Genoveva de serle infiel a Sigfrido. Fue condenada a muerte y, posteriormente, indultada. Se refugió en una cueva y una cierva amamantó al hijo de Genoveva. Finalmente todo se aclaró y Genoveva volvió a palacio. Lo que no recuerdo es cómo hicieron para traer una cierva al Salón de los “Caguitas”
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Me enorgullece que mi abuelo «Florin», forme parte de la memoria e historia de Toral. Muchas gracias por el reportaje, seguro que si él lo leyera, le encantaría y daría las gracias.
Yo me recuerdo de niña del baile de carnaval,íbamos los crios y mayores disfrazados.Y porsupuedto que nos lo pasabamos muy bien.Y tu Pili claro que puedes sentir muy orgullosa de tu abuelo un abrazo.