Toni , segundo premio del I Certamen de Poesía Bergidum Templi
El poeta y escritor toralenese Antonio Esteban González (Toni) ha conseguido el segundo premio del certamen de poesía “El Último Templario del Bierzo, El Señor de Bembibre” convocado por el ayuntamiento bembibrés.
Este certamen, que tiene carácter anual, se enmarcó dentro de los actos de conmemoración del nacimiento de Enrique Gil y Carrasco el 15 de julio de 1815.
Este sábado pasado, nuestro colaborador recibió el premio (que es el cuadragésimo cuarto) en el Jardín Templario de Bembibre, donde leyó, como pedían los organizadores, sus romances, tipo juglar de ocho sílabas y rima asonante en versos pares. Que dicen :
PONFERRADA
La luna llora en el río
al pasar por Ponferrada
y en la esquina de la noche
sólo el viento la acompaña.
Bajo los arcos del puente
el agua, lenta, se amansa
y una nube muy curiosa
cela a la luna su cara.
Se recortan contra el cielo
-que sueña ya con el alba-
las almenas del castillo
y un pendón a media asta.
En la torre caballera
velaban monjes sus armas
ante un Cristo dolorido
sus cabezas destocadas.
Está triste en la capilla
– la barbacana-
un estandarte, el más noble,
que luce la cruz templaria.
Escritos manda un mal rey
de que sus tierras dejaran
aquellos monjes guerreros
que guardaban Ponferrada.
Rodrigo Yáñez, erguido,
la blanca barba mesaba
y hasta don Álvaro Yáñez
se bebe sus propias lágrimas.
Fuera Señor de Bembibre,
la noble frente añublada.
II
CACABELOS
Triste va el caballero
dejando floja la rienda
a su caballo cuatralbo
camino de Villabuena.
A las orillas del Cúa
se muere la tarde vieja,
dizque un juglar en la sombra
cantaba con voz serena:
-¿Dónde vas, buen caballero,
tan triste con tu tristeza
con el alma adolorida?.
¿En busca de tu doncella?.
"Doña Beatriz ya no está,
que la han hecho ya profesa
en un convento de monjas
do mustiará su belleza".
"¿Dónde vas, buen caballero,
con tus desdichas a cuestas?
que don Ossorio a Beatriz
le ha puesto al convento rejas".
"Vuelve la rienda al caballo,
buen caballero y apriesa.
Pica espuelas hasta Arganza,
don Ossorio allí te espera".
La canción de aquel juglar
desque la oyó tan sincera
hace que Álvaro Yáñez
meta al cuatralbo la espuela.
Doña Beatriz -él lo intuye-
no está en Villabuena presa.
III
ARGANZA
Alonso Ossorio pasea
por su jardín en lo umbrío.
Doña Blanca de balboa
ojea, sin leer, un libro.
Se le va el alma en la tarde
entre llantos y suspiros.
Una calandria en un árbol
se ha refugiado en su nido.
Doña Blanca en el Palacio
-¡sabe Dios cuánto ha sufrido…¡-
"-Al de Lemos, a Beatriz
-habla Ossorio- he prometido"
"Y tú, mi esposa, obedece,
obedece a tu marido
que si Beatriz no hace caso
la encerraré ¡vive Cristo…¡"
"Con el señor de Bembibre,
oye, mujer, no transijo
porque de Rodrigo Yáñez
el de Bembibre es sobrino"
"No ha de unirse, no, a mi hija
un pariente de Rodrigo
Le haré entrar en razones.
Ha de entender lo que digo".
Don Álvaro, el de Bembibre,
quieto está en el camino
de don Ossorio escuchando
cuanto razonaba , a gritos.
Buscará en Villafranca
a sus penas un auxilio.
IV
VILLAFRANCA
A la puerta del Castillo
el caballero ha llegado.
Descabalga lentamente
de su caballo cuatralbo.
Con el pomo de la espada
golpea el portón, cansado.
"-Ah de la casa, marqués…¡
Dadle cobijo a un templario
que necesita consejo
y necesita descanso
y que ayuda necesita
que ha de seguir caminando".
-"En mal hora venís.
En mala hora, don Álvaro"
-dijo una voz en la noche
tras el portalón cerrado.
"Me ha pedido don Ossorio,
por la mañana temprano
que ni amparo ni cobijo
ni consejo os dé, don Álvaro
que tres votos habéis hecho
y que sois monje templario.
No casaréis con Beatriz
¡Idos con Dios a otro lado…¡
Doña Beatriz se unirá
-así lo tiene mandado-
Alonso Ossorio, de Arganza-
con el de Lemos, al cabo.
Idos, pues, en buena hora
y no caigáis en pecado".
V
AQUIANA
El cielo estaba nubloso.
La lluvia caía fría.
Por el camino enfangado
un peregrino subía.
Se apoyaba en un cayado
que otro apoyo no tenía
y un manto de basta lana
sobre la carne aterida
Un caperuzo de cuero
el lacio pelo cubría.
Era su andar fatigado.
Su mirada era cansina.
Al llegar a lo más alto
do un ermitaño vivía
le habló así el caminante.
escuchad lo que decía:
"-Soy pecador, padre mío
y esa ha sido mi desdicha.
Busco perdón en los cielos
en los restos de mi vida".
"-Siente aquí el caballero
que no hay mejor medicina;
que la soledad de dos
es soledad compartida".
Allí moró luengos años
sanando así sus heridas
que eran heridas del alma
y eso el Buen Dios lo sabía..
En lo alto de la Aquiana
solo lloró una avecilla.
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