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Historias de la “Pascua” en Valiña – según Marcelino

Historias de la “Pascua” en Valiña – según Marcelino

 

Era habitual en los años 40-50 durante la noche del sábado de Gloria al amanecer del domingo de Resurrección, que la juventud de un pueblo llevara a otro pueblo rival lo que llamábamos la Pascua, unos muñecos de cierto tamaño que las chicas confeccionaban con bastante arte y que los mozos plantaban triunfantes en el pueblo vecino, lo cual desataba un pique considerable.

Recuerdo que sería en el año 1950 durante el mes de abril, mes de muchas lluvias, cuando los mozos de Requejo nos trajeron a hurtadillas la Pascua a Valiña. Creo recordar que fueron Paco, Alicio, Lisardo, Julio y Ovidio, o sea, lo mejor de cada casa.

En mi casa teníamos un perro pequeño que lo llamábamos Lili, y sobre las tres de la mañana me despertó con sus ladridos. Decidí levantarme a ver qué ocurría y al salir fuera cuál fue mi sorpresa que al mirar para nuestro pajar veo en el pico clavado un muñeco con los brazos en cruz, algo semejante a la estatua de un hombre. ¡Nos habían traído la Pascua! Mi reacción fue llamar a mi hermano Ventura, a Eladio y a Clodomiro, así entre los cuatro cogimos el susodicho muñeco y lo llevamos de vuelta a Requejo.

Quiero recordar que ellos tuvieron que hacer todo el viaje por el puente del ferrocarril de Mumao, ya que el puente colgante de Valiña se levantó en 1970, y hasta entonces para llegar hasta Valiña había que atravesar en barca el río Sil o ir por este camino del ferrocarril.

Nuestra ventaja era que teníamos barca para llegar rápido hasta Requejo, lo cual suponía un atajo importante frente al camino de Mumao. Pusimos el muñeco con mucho sigilo en el pajar de David y nos volvimos rápidamente al río. Cuando ya estábamos de vuelta a Valiña, vimos que en el pajar de Abel… ¡había otro muñeco que no habíamos visto! Pues tuvimos que hacer la misma operación: descolgarlo del pajar y otra vez llevarlo de vuelta para Requejo. Este segundo lo colocamos detrás de la casa de Alfredo, que está en la mitad del pueblo. Recuerdo muy bien ese momento porque cuando estábamos colocándolo sonó el despertador para que Alfredo se levantara a trabajar. Yo era jefe de los escombreros y al igual que Alfredo también tenía que acudir los domingos a la cantera de Cosmos para dejar saneada la piedra, y así el lunes pudieran trabajar sin problemas los barrenistas y la gente de los vagones.

Lo gracioso de este caso es que cuando los de Requejo el domingo a la mañana encontraron por la mañana en su propio pueblo los muñecos que habían hecho, armaron un follón terrible, y se echaban la culpa unos a otros diciendo que no los habían llevado a Valiña y que los habían colocado en Requejo ellos mismos, y me consta que en ese momento de rabia algunos incluso llegaron a las manos.

Aparte de todas estas rivalidades quiero decir que guardo un buenísimo recuerdo para todos ellos y ellas, sobretodo para algunos que ya no están entre nosotros y otros que por motivos de la emigración no nos hemos vuelto a ver.

Relato de Marcelino Granja, por Ignacio Granja

Continuara……..
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