

AL MAESTRO…
DE SU ALUMNO
Leí alguna vez que la vida es un viaje de ida
y vuelta. En la ida todo va muy rápido y no hay tiempo de
reflexionar sobre el paisaje. Es la vuelta cuando
tranquilamente sentado mirás por la ventana y ves pasar los
postes de la luz y las imágenes del presente te retrotraen al pasado.
Cuando empiezas a
levantar acta de nuestro bien más preciado, la vida.
Esta carta es una deuda y a la
vez un homenaje, quizás nunca bien pagada, quizás nunca bien rendido.
Cuando piensas en el entonces y ves el ahora te das
cuenta que somos meras condiciones de contorno, tan
importantes para aquellos que dicen ser físicos
y/o matemáticos. Dos estados iníciales pueden evolucionar hacia estados
finales (llamémosles intermedios) sumamente diferentes en función
de mínimos detalles que en cada
instante de tiempo marcan nuestro
destino. Decía Einstein que Dios siempre
toma el camino más simple, pero nosotros a veces tendemos a complicarlo
Si la estadística nos respeta, mis primeros cuarenta años marcan un punto álgido de la intrahistoria personal de cualquier in dividuo. Es probablemente ese momento
en el que uno se empieza a hacer preguntas que nadie nos puede
contestar, pero de forma simultánea intenta racionalizar el
sentido de su presente. Mi generación
es hija de la dictadura, no del racionamiento pero si de tiempos difíciles, donde
la primera razón de nuestro destino es el esfuerzo de unos
padres que nos enseñaron el
verdadero valor de la vida. Desde sus limitaciones, que aún los hacen más grandes, fueron
los verdaderos responsables del cambio que sufrió este país.
Las revoluciones nunca surgen de
grandes ideas, las ideas son consecuencia de las revoluciones, cuyo caldo de
cultivo ha sido ese proletariado del
que nuestros padres fueron la mejor imagen. Ellos nada tenían que perder sino sus
cadenas, y sin embargo un mundo por ganar, que nos regalaron
a nosotros.
Aparte de ellos, hubo otras razones que nos dieron la oportunidad
de desarrollarnos como individuos. La memoria humana, tremendamente
caprichosa o infinitamente inteligente,
selecciona los momentos, las personas. Elimina
lo vano, lo innecesario y sobrevive
lo básico, lo fundamental. De
ese acopio de recuerdos surge en mi vida Don Manuel. Quizás sólo el nombre
define mis sentimientos, siempre será Don Manuel. De él lo aprendí todo,
el gusto por saber y lo que es más importante
el gusto por saber. El nos enseñó lo bonito de aprender y que se puede aprender
disfrutando. Conservó aún aquellos trabajos que por primera vez, y lo digo desde el presente, me hicieron sentirme parte del proceso de aprendizaje, que luego
tanto marcó mi vida. Si eso lo
unimos a su continuo ánimo personal, su actitud positiva y ese cariño que aún
hoy sigue emanando su mirada, está clara la inmensa deuda acumulada.
Desde aquellos días
el mundo ha girado varias veces, al menos eso he leído en los
libros que tan entrañablemente me enseñó a apreciar. Yo he girado con él, a veces más rápido, a veces más lento, lo que me llevó a otros
latitudes y como decía Baroja a apreciar
la mejor vacuna contra el terruño.
Ha habido otra mucha gente importante en mi formación, pero la semilla que luego el tiempo supo
desarrollar la puso él, y no creo exagerar si digo que somos hijos de su
generación, que él fue el responsable de que aquella escuela se llenase de
cariño, de ganas por saber y cuando nos fuimos pusimos lo mejor para no
defraudarle.
Cuando leo lo que escribe, desde los lugares
más remotos
de esa bola que gira, lo sigo viendo desde mi pequeño pupitre y hoy, públicamente, me gustaría rendirle probablemente el más sencillo pero cariñoso de los
homenajes, dándole las gracias desde la tranquilidad que mis cuarenta me empiezan
a conceder, gracias AL MAESTRO.
Alfredo
Valcarce
Categorías:Noticias Sociales


















fe%20%5BResolucion%20de%20Escritorio%5D.jpg?psid=1)




Disculpeme señor Culebre , pero estoy de acuerdo con Alfredo ademas lo importante aqui es el contenido y no la forma. Saludos
Me uno a tu opinión, Alfredo, a la carta y todas y cada una de las palabras que pone en ella.
A don Manuel decirle que le deseo que sea muy feliz en su vida y que el sábado disfrute mucho con esa presentación, yo, como muchísima otra gente, lo haré.
Muchísimos besos a los dos.
Señor Culebre, es usted el mayor tiquis miquis que en mi longeva vida me haya topado. A no ser que en su paranoia haya empezado el Quijote por el principio y se haya quedado anclado en la aventura de los molinos. Digo esto porque pudiera darse el caso que fuera usted alguno de esos entes circunspectos que presumen conocer esa excelsa obra, sin haberla leido.
Pretende ser el perejil de todas las salsas. Entiende de todo. A todo el mundo ataca, nada le importa que sea persona ecuánime, o moderada. Tiene usted el don del inoportunismo. Y hasta creo que personas pertenecientes a estas páginas, no le contestan a usted adecuadamente por mor de su buena educación.
Si se habla de sociologia, es usted el máximo experto. Si de moralidad, ni que decir tiene que ahí está usted para discrepar sin ton ni son. Y no digamos de política………ahí si es verdad que usted navega por las procelosas aguas de la inopia mas obtusa. Pero en fin seamos condescendientes con su persona, porque es probable que su intelecto no dé más de sí. A decir verdad cuantiosas ocasiones, mi regocijo es amplio al tomar contacto con las simplezas, por no decir otra palabra más acorde, con las opiniones por usted vertidas.
Sé que esta lineas han de ser motivo de sus críticas, pero no crea que me asombro, lo contrario sí. Procure hacerlo empleando el poco intelecto positivo que aún le queda.
"Vanitas vanitatun et omnia vanitas" (Apliquese ese versículo)