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Bierzo 7- AL MAESTRO… DE SU ALUMNO-

AL MAESTRO…
DE SU ALUMNO

Leí alguna vez que la vida es un viaje de ida
y vuelta. En la
ida todo va muy rápido y no hay tiempo de
reflexionar sobre
el paisaje. Es la vuelta cuando
tranquilamente sentado mirás
por la ventana y ves pasar los
postes de la luz y las imáge
­nes del presente te retrotraen al pasado.
Cuando empiezas
a
levantar acta de nuestro bien más preciado, la vida.

Esta carta es una deuda y a la
vez un homenaje, quizás
nunca bien pagada, quizás nunca bien rendido.
Cuando pien
­sas en el entonces y ves el ahora te das
cuenta que somos
meras condiciones de contorno, tan
importantes para aque
­llos que dicen ser físicos
y/o matemá
­ticos. Dos estados iníciales pueden evolucionar hacia estados
finales (lla­mémosles interme­
dios) sumamente diferentes en fun­ción
de mínimos detalles que en cada
instante de tiempo marcan nues­tro
destino. Decía Einstein que Dios siempre
toma el ca
­mino más simple, pero nosotros a ve­ces tendemos a complicarlo

 

Si la estadística nos respeta, mis primeros cuarenta años marcan un punto álgido de la intrahistoria perso­nal de cualquier in dividuo. Es probablemente ese momento
en el que uno se
empieza a hacer preguntas que nadie nos puede
contestar,
pero de forma simultánea intenta racionalizar el
sentido de
su presente. Mi generación
es hija de la dictadura, no del racionamiento pero si de tiempos difíciles, donde
la primera
razón de nuestro destino es el esfuerzo de unos
padres que
nos enseñaron el
verdadero valor de la vida. Desde sus li­mitaciones, que aún los hacen más grandes, fueron
los ver
­daderos responsables del cambio que sufrió este país.
Las
revoluciones nunca surgen de
grandes ideas, las ideas son consecuencia de las revoluciones, cuyo caldo de
cultivo ha
sido ese proletariado del
que nuestros padres fueron la mejor
imagen. Ellos nada tenían que perder sino sus
cadenas, y
sin embargo un mundo por ganar, que nos regalaron
a no
­sotros.

Aparte de ellos, hubo otras razones que nos dieron la oportunidad
de desarrollarnos como individuos. La memo
­ria humana, tremendamente
caprichosa o infinitamente in
­teligente,
selecciona los momentos, las personas. Elimina
lo vano, lo innecesario y sobrevive
lo básico, lo fundamen
­tal. De
ese acopio de recuerdos surge en mi vida Don Ma­nuel. Quizás sólo el nombre
define mis sentimientos, siem
pre será Don Manuel. De él lo aprendí todo,
el gusto por saber y lo que es más importante
el gusto por saber. El nos enseñó lo bonito de aprender y que se puede apren­
der
disfrutando. Conservó aún aquellos trabajos que por primera vez, y lo digo desde el presente, me hicieron sentir­me parte del proceso de aprendizaje, que luego
tanto mar­
có mi vida. Si eso lo
unimos a su continuo ánimo personal, su actitud positiva y ese cariño que aún
hoy sigue emanan­
do su mirada, está clara la inmensa deuda acumulada.

Desde aquellos días
el mundo ha girado varias veces, al
menos eso he leído en los
libros que tan entrañablemente
me enseñó a apreciar. Yo he girado con él, a veces más rápido, a veces más lento, lo que me llevó a otros
latitudes y
como decía Baroja a apreciar
la mejor vacuna contra el te­
rruño.
Ha habido otra mucha gente importante en mi forma­
ción, pero la semilla que luego el tiempo supo
desarrollar la
puso él, y no creo exagerar si digo que somos hijos de su
generación, que él fue el responsable de que aquella es­cuela se llenase de
cariño, de ganas por saber y cuando nos fuimos pusimos lo mejor para no
defraudarle.

Cuando leo lo que escribe, desde los lugares
más remo­
tos
de esa bola que gira, lo sigo viendo desde mi pequeño pupitre y hoy, públicamente, me gustaría rendirle probable­mente el más sencillo pero cariñoso de los
homenajes, dán­dole las gracias desde la tranquilidad que mis cuarenta me
empiezan
a conceder, gracias AL MAESTRO.

 

Alfredo
Valcarce

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3 respuestas »

  1. Disculpeme señor Culebre ,  pero estoy de acuerdo con Alfredo ademas lo importante aqui es el contenido y no la forma. Saludos

  2. Me uno a tu opinión, Alfredo, a la carta y todas y cada una de las palabras que pone en ella.
    A don Manuel decirle que le deseo que sea muy feliz en su vida y que el sábado disfrute mucho con esa presentación, yo, como muchísima otra gente, lo haré.
    Muchísimos besos a los dos.

  3.                                                   Señor Culebre, es usted el mayor tiquis miquis que en mi longeva vida me haya topado.  A no ser que en su paranoia haya empezado el Quijote por el principio y se haya quedado anclado en la aventura de los molinos.  Digo esto porque pudiera darse el caso que fuera usted alguno de esos entes circunspectos que presumen  conocer esa excelsa obra, sin haberla leido.
                                                        Pretende ser el perejil de todas las salsas.  Entiende de todo. A todo el mundo ataca, nada le importa que sea persona ecuánime, o moderada. Tiene usted el don del inoportunismo. Y hasta creo que personas pertenecientes a estas páginas, no le contestan a usted adecuadamente por mor de su buena educación.
         
                                                         Si se habla de sociologia, es usted el máximo experto. Si de moralidad, ni que decir tiene que ahí está usted para discrepar sin ton ni son. Y no digamos de política………ahí si es verdad que usted navega por las procelosas aguas de la inopia mas obtusa.  Pero en fin seamos condescendientes con su persona, porque es probable que su intelecto no dé más de sí.  A decir verdad cuantiosas ocasiones, mi regocijo es amplio al tomar contacto con las simplezas, por no decir otra palabra más acorde, con las opiniones por usted vertidas. 
     
                                                          Sé que esta lineas han de ser motivo de sus críticas, pero no crea que me asombro, lo contrario sí.  Procure hacerlo empleando el poco intelecto positivo que aún le queda.
     
                                                        "Vanitas vanitatun et omnia vanitas" (Apliquese ese versículo)
                                                       

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