EL CAÑÓN DE DOCE LIBRAS
Capitulo II
Los siguientes días fueron pasando a bordo inmersos en la monotonía
de costumbre, pero el grumete ya no era el mismo que había embarcado
en Black River, Jamaica, semanas atrás … su vida había tomado
sentido, ahora tenía un plan. En sus ojos asomaba un brillo extraño y
audaz, con el cual, se había ganado el respeto del resto de la
dotación.
Esa tarde del dos de Junio de 1.685, una pegajosa calma chicha obligó al
tuerto Van Holm a mantener el «Horizon» al pairo cerca de las islas del
Cisne, 240 millas al este del Yucatán. La tripulación ganduleaba por el
alcázar y el castillo de proa; a media mañana se habían sacado las velas
de repuesto desde la húmeda bodega, extendiéndolas después por toda la
cubierta para orearlas; también se aprovechó para achicar la pestilente
agua filtrada en la sentina y fijar «tapabalazos» donde fuese necesario.
Tras lo cual, y como la limpieza no era prioritaria, poco o nada quedaba
por hacer a bordo, solo dormir… o intentarlo, el calor era soporífero;
el olor a sudor, madera podrida y orín hacía del sollado un lugar muy poco
recomendable para el descanso; a menos que el clima en el exterior lo
impidiera, los hombres ataban sus «coys» a la sombra de las velas o a
barlovento de la suave brisa nocturna.
-¡¡¡ Barco a estribor!!!- gritó el vigía desgañitándose desde el mastelero.
Fréderick subió presto a la toldilla y desplegó su dorado catalejo.
El tuerto capitán llegó a medio vestir y empapado en sudor de su siesta,
pasándose la sucia bocamanga por la cara, interrogó a su segundo:
-¿Que tenemos?
-No te lo vas a creer, es el «Valiant», y enarbola gallardete de parlamento.
Cicatriz se rascó el mentón en actitud de reflexión.
-Esto se pone interesante, así que el «Valiant», el navío de Pitt Collins,
hermanastro de O´Maley. Se dijo que había ido a pique en las Bermudas
durante una tormenta…
-Al parecer no ha tragado la suficiente agua.-añadió el danés, sin quitar
el ojo del horizonte de estribor.- No se pueden acercar sin viento, están
arriando un bote, ¿que hacemos?.
-Déjales que se acerquen, pero mantén a los hombres y a la pólvora listos,
podría ser una artimaña de ese afeminado… puede que, después de todo, no
nos haga falta traducir el maldito pergamino del cañón.
El bote se fue acercando raudo gracias a la vigorosa boga de sus
tripulantes; dando un impulso final, colocaron al unísono los remos de
babor en vertical para acercase lo mas posible al «Horizon», a una orden
de Fréderick, fueron fijados con ayuda de pértigas y cabos al costado del
buque, seguidamente les descolgaron una escala de soga, y con ayuda del
pescante, una especie de columpio para izar a bordo al capitán Pitt
Collins.
Verdaderamente el hermanastro de William O´Maley era un tipo pintoresco,
parecía sacado de una recepción en Versalles: bastón con pomo de plata,
chaqueta de raso, peluca a medida, zapatos de terciopelo, pañuelo de seda
en la manga, y polvos de arroz alrededor de un lunar pintado en la
mejilla. Pero tras esa frágil apariencia se escondía el mas despiadado de
cuantos piratas surcaban el Caribe además de un consumado espadachín, con
mas de cien muertos a sus espaldas.
Coy no perdía detalle de la presencia del peculiar huésped, había oído
hablar de él a su antiguo capitán, que siempre se jactaba de ser su mas
aventajado discípulo.
Mostrando una sonrisa ladina, se pavoneaba por cubierta ante la mirada
reverente de los piratas de Van Holm.
– Bienvenido camarada, ¿a qué debo el honor de tu visita?.
El irlandés se tomó su tiempo, abrió su cajita nacarada de rape y tras
esnifar un poco sobre el dorso de su mano, contestó:
– Últimamente «Cicatriz», me aburro terriblemente, ¿tienes… alguna
novedad que compartir?.
El holandés miró a su segundo por el rabillo del ojo.
-Me pasa lo mismo, lo cierto es que no tocamos tierra desde hace… mucho.
– Jamaica, Van Holm… Jamaica.- le susurró amenazadoramente Collins,
mirando al suelo y rascando con su bastón la brea de la cubierta.
– Hablemos en privado.- respondió contrariado el tuerto, señalando el
camino hacia la escalera que se perdía bajo el castillo de popa.
A Coy no le gustaba nada la situación, pues empeoraba por momentos,
decidió pasar a la acción contando con el único aliado disponible: la
noche, que inexorablemente caía sobre el mar Caribe.
– ¡Dios del cielo!.- exclamó el huésped llevándose su pañuelo de seda a la
boca tras comprobar el lamentable estado del camarote.
El holandés extrajo las pesadas pistolas de su cinto para dejarlas caer
estrepitosamente sobre la mesa, asustando a un par de ratas que hurgaban
en los restos de un asado.
-¿Que se te ha perdido en el «Horizon?”.-interrogó el tuerto con evidente
incomodidad, tras dar un trago de una botella de ron.
-Sé que tienes al muchacho…- espetó Collins con cara de asco, mientras
hurgaba con su bastón entre la ropa sucia amontonada en la cama.
El espeso silencio que se creó entre ellos se diluyó de pronto.
-¡¡¡ Fuego!!!… ¡¡¡fuego en la Santa Bárbara!!!.
El grito cayó como una losa sobre los dos capitanes que, a toda prisa,
subieron a cubierta.
La confusión en el «Horizon» era enorme, no podía haber un sitio peor para
declararse un incendio. Coy aprovechó el desconcierto para colarse en la
estancia de «Cicatriz», y sin pensárselo mas, tomó la escupidera y corrió
sorteando a los apresurados marineros que portaban cubos con agua; desde
una tronera lanzó el recipiente todo lo lejos que pudo y, tras él, se
zambulló, nadando con fuerza hacia el «Valiant», a donde ya se dirigía el
bote de Pitt Collins huyendo del incendio que la tripulación del holandés
comenzaba a dominar.
Una hora después solo quedaba olor a humo y cansancio, pues se había
sofocado el incendio y la pólvora estaba intacta, pero a costa de trabajar
a un ritmo frenético.
-¡¡Voy a poner a secar las tripas del responsable de esto en el palo
mayor…!!.- gritaba fuera de sí «Cicatriz», mientras retornaba a su
camarote seguido de Fréderick.
-Me parece mucha coincidencia con Collins a bordo.-susurró este.
El tuerto se detuvo de improviso , y sin volverse, comenzó a correr
escaleras abajo en busca del contenido de la escupidera, golpeando a quien
le entorpecía por los angostos pasillos. Naturalmente… no estaba.
Mientras apretaba los puños hasta casi hacerse sangre, comenzó a enrojecer
de ira:
-¡¡Danés, trae al muchacho!!.- acertó a decir.
Y, naturalmente, tampoco lo encontraron.
-¡¡Maldito seas Pitt Collins!!…¡¡Los tiburones probarán muy pronto
carne irlandesa !!.-juró Van Holm, gritando como un poseso en dirección a
las luces de lontananza, donde se adivinaba el navío del hermanastro de
O´Maley.
Entretanto, el «Valiant» había levado anclas y comenzaba a maniobrar; lo
de ser una fragata de un solo puente y estar artillado con cuarenta
cañones menos que el “Horizon”, era engañoso, pues lo hacía mas manejable
y rápido, ni que decir de la proverbial pericia con la que Collins lo
gobernaba.
Coy, amparándose en la oscuridad, había contactado con el bote del capitán
irlandés; este, no dudó en auxiliarle tras identificarse como el grumete
de su hermanastro. Al contrario de «Cicatriz», colmó al muchacho de
atenciones tomándolo a su servicio personal y rebajándolo de todo servicio
o trabajo penoso nada mas pisar las tablas de la cubierta del «Valiant».
Fernando Cerezales Fernández
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El cañón de las doce libras I – Cerezales Nª10
Categorías:Cerezales, Colaboradores


















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