Vivencias con :

Don Antonio – La caída

Antonio  Sernández  López

“El maestro”

 La caída

Sucedió en el curso 74/75. La mesa del profesor era de madera, fuerte y con tres cajones; cerrada por la parte delantera y con una fuerte barra por la parte trasera. Todavía, en algunas aulas, permanecen casi intactas este tipo de mesas. Las de ahora son mucho más modernas pero con una vida bastante limitada. El sillón del profesor también era de madera con unas patas metálicas, bastante fuerte, pero que había, de vez en cuando, que apretarle los tornillos. Detrás de la mesa estaba colocado el armario, fuerte, todo de madera y cerrado por todas partes. Las mesas bipersonales de los niños eran muy malas, de madera pero con unas patas y un armazón de hierro muy débil. Las sillas eran un tanto brutas, pero muy buenas; era muy difícil estropearlas.
Cierto día, mientras los niños, en completo silencio, hacían unos ejercicios de matemáticas yo, como de costumbre, me balanceaba en el asiento, haciendo fuerza con los pies y la espalda en la barra de la mesa y el respaldo de la silla. De repente, con gran estruendo, se rompe la silla y yo, en forma de V, quedé empotrado entre la mesa y el armario. El silencio se rompe con una carcajada, lógica, de los alumnos. Yo no podía salir de aquella trampa y fueron los niños los que tuvieron que rescatarme.
Cambié de asiento, pero la costumbre del balaceo no conseguía quitármela. Cuando lo hacía los niños callaban; de reojo miraban, esperando que la escena volviera a repetirse. Yo también me hubiera reído.

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