Déficits Bercianos
LA RUTA DEL ORO [1] Y OTRAS AMNESIAS.
2-LAS LECCIONES DE LA HISTORIA.
Encetado ya el siglo XXI y siendo
evidentes las posibilidades que la ciencia y la técnica nos brindan, se hace
inaplazable la construcción de esa vía.
Pero, previamente, consideramos de utilidad algunas anotaciones, con
el fin de evidenciar el estado de la cuestión y algunas realidades del pasado,
que siguen condicionando intensamente nuestro presente, tan inevitables por lo
demás, como que las bondades o negligencias de ayer, condicionan el hoy y éstas
a su vez, determinan el mañana.
Muchas de las obsoletas infraestructuras
bercianas fueron proyectadas y ejecutadas en otros tiempos, para otras formas
de producir y en unas coordenadas sociopolíticas ajenas a cualquier orientación
democrática. En este sentido, resulta muy extemporáneo que, la línea férrea
Madrid-La Coruña, discurra por el mismo trazado que en el siglo XIX, con el
mismo ancho, los mismos puentes, los mismos Túneles, los mismos lazos y las
mismas rampas, que cuando aquel Alfonso Triste de ti, traía a mal traer
a la Mercedes de sus entretelas, a su paso por nuestra región. Pero el
ferrocarril de por aquí languidece y su papel es hoy mucho más irrelevante que
en los tiempos de las correrías del bisabuelo del suegro de Marichalar.
Para ir en un coche desde Villadepalos o
Toral de los Vados hasta Borrenes o Carucedo, es necesario recorrer unos 35 ó
40 kilómetros, cuando, sobre el terreno, la geografía sólo obliga a 4 ó 5. En
el mismo argumentario, ir desde Las Médulas u Orellán hacia Pombriego o Benuza
impone otra kilometrada. El periplo navegatorio hasta Luarca-Avilés, el
occidente de Zamora o las tierras portuguesas al otro lado del Duero, se vuelve
penosísimo e interminable en la actualidad.
Aunque a los señores de la
democracia orgánica nada más les interesasen los Kw. Turbinados desde la presa
de campañana, alimentada por el canal de Cornatel, esa forma de proceder era
propia de quien toma y conserva el poder por la violencia y el proceder
criminal, y nunca emplea la fuerza de la razón, acaso porque sus células grises
fuesen también enanas o inexistentes; pero, habiendo muerto hace ya 33 años el
viejo dictador, Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde (qué
nombre tan largo y rimbombante para tan escaso recorrido), y su régimen, parece
increíble y anacrónico a todas luces que los pueblos de Toral de Merayo, Rimor,
Villalibre de la Jurisdicción, Priaranza del Bierzo, Santalla y Borrenes, en
estos tiempos, que se dicen de democracia, y en el año 2009 se sigan muriendo
de sed[4], a sabiendas de que, aunque no se lo crean,
dicho canal no se ha movido y sigue pasando por encima de sus bocas. Esa vía de
agua fue construida bajo el látigo y con los óbolos de los españoles en los
tiempos de oprobio y, paradójicamente, fue privatizada sin tener en cuenta la
sed de los pueblos por los nuevos demócratas, adalides del libre mercado con
paréntesis periódicos e inevitables. En la actualidad, esa empresa nacional de
electricidad (alias ENDESA), tras dejar de ser nacional, pasó por la mano
invisible del mercado y, ¡nueva metamorfosis de lo neoliberal!, pues una nueva
venta en el mismo mercado de las maravillas, la ha re-estatalizado, colocándola
en manos del gobierno italiano. Se trata de hacer compra-ventas en bucle entre
zánganos que nada de su trabajo han puesto en la cría del animal, Para entre
toma el gallo y daca el gallo, se quedan plumas en sus manos.
Como ahora reina la moda de la micro-democracia,
seguro que alguien, antes de que pasen otros 33 años, en aras del interés
general y del fin de la sequía, iniciará los trámites para la expropiación de
parte de esa infraestructura, por la que fluyen cantidades ingentes de
potenciales hidrokilowatios que, por otra parte dice la ley que en su fase
líquida son patrimonio público[5], ¡que ahora controla
Berlusconi!
Parece igualmente anticuado e innecesario
mantener durante tantas décadas a cielo abierto el Canal bajo del Bierzo. En
dicha acequia, que en la actualidad sólo riega una pequeña parte[6] de la superficie que antaño fertilizó, han sufrido
innumerables accidentes los ciudadanos bercianos y, en demasiadas ocasiones, la
muerte por el impacto contra sus paredes o por quedar sepultados bajo sus
aguas. Ya va siendo hora de que los ayuntamientos de Ponferrada, Camponaraya y
Carracedelo unifiquen posiciones y se pongan a negociar con quien corresponda
el entubado, impermeabilización y cubrición del mismo, con el fin de
acondicionar el nuevo acceso, para dedicarlo al servicio i disfrute (superada
ya la época de la mortal ratonera) de la ciudadanía, depositaria de iure,
desde el principio hasta el final, de toda la acción institucional de los
cargos públicos. El terreno liberado bien podría dedicarse a la realización de
un pasillo verde, paseo seguro para peatones y cicloturistas que, mediante la
oportuna señalización, tuviesen siempre preferencia en los cruces respecto a
los vehículos de motor. Estos pasillos ya los han hecho otros hace 50 años y,
con una aceptación popular gigante, también se han inaugurado en algunas
regiones de nuestro país. Estas obras, aunque no sirven a los especuladores, sí
dan muchos votos. ¡A ver si lo entienden sus señorías de una vez! Se
identificarían los usos primigenios del canal con poderosas rejillas de acero
inoxidable o cualquier nuevo material resistente y funcional, de fina trama y
al nivel del pavimento, que, a la vez, servirían como registros de acceso en
cualquier contingencia.
Es notorio asimismo, que quienes diseñaron, cuando ya
el pueblo se había pasado en masa al ignorado constitucionalismo, las redes de
agua, alcantarillado y otros servicios mancomunados en esta región del Bierzo,
se olvidaron de la primera regla de una democracia real, que es emplear óptimamente
los impuestos de los contribuyentes. No se acordaron que en su día habría que
depurar las aguas residuales, pero no las de lluvia, porque no hay depuradora
que lo aguante. Además, sería un gasto tan inútil, como el de abrir una y otra
vez zanjas por todas las calles del Bierzo para, básicamente, fastidiar a la
ciudadanía y aligerar sus bolsillos. ¿O es que para soterrar el cableado de las
eléctricas, telefónicas, alumbrados públicos, cordones de fibras ópticas,
conducciones de agua potable y para separar las fecales de las de lluvia se
necesita hollar tantas veces las entrañas de nuestras destripadas
calles? No me digan que así siempre tienen trabajo las empresas constructoras
de Zanjas, sus afines y los munícipes, porque ello equivaldría a destruir las
leyes del mercado y a poner en duda la mínima inteligencia entre los actores
citados.
Que en la época de los dictadores se
abriesen inmensos boquetes en nuestras montañas, para obtener cal y otros
derivados sin suturar las heridas, era lo más normal en aquellos tiempos de
rastrojera e ignominia; pero que, tantos años después, se continúe con las
mismas prácticas, con profundas canteras a cielo abierto (San Juan de Paluezas,
Carucedo, Villavieja, Paradela, Toral de los Vados, etc.), saltándose a la
torera las leyes, agravando el impacto ambiental, sin rellenar ni resembrar
esos inmensos boquetes, es algo ininteligible en estos tiempos nuevos. Tal vez
se puedan curar esas montañas laceradas con los materiales que salgan de los
mismos túneles calizos de la futura autovía[7] o, como
en el caso del monte de Cornatel, construir las gradas, pues el hueco ya está,
para un anfiteatro al aire libre y de usos multiculturales en ese marco sin par
de la región, imitando a los clásicos de Epidauros, Mérida, etc. Para ello
sería necesario un poco de imaginación, diseñar unos aparcamientos discretos
para el conjunto de Cornatel y retirar algunas toneladas de basuras allí
depositadas en tiempos recientes por una institución inmediata.
Algo más que sestear o contemplar como se
entierra la historia bajo huracanes de amnesia se merecerían determinados hitos
de nuestra arqueología industrial. Pedagogías de campo se pueden realizar de
manera ilustrada en una mina abandonada; tampoco es obligatorio someter al
pillaje del olvido a todas las instalaciones que sirvieron para el trasporte
aéreo del carbón; el continuar impidiendo a los bercianos sacar provecho de
alguna vía férrea que llegaba hasta Villafranca, aún no es imperativo legal;
tampoco redunda a favor de nuestro decoro ni ensancha nuestra virtud el seguir
escondiendo el hecho nada casual de que en nuestra región hay lugares y
edificios semiderruidos en los que se extrajo Wólfram que, además de costarle
la vida a mucha gente, sirvió para alimentar las máquinas de matar del ejército
nazi, en aquellas fechas nada lejanas en que a la primera ciudad del Bierzo se
la empezó a denominar como ciudad del dólar, tal vez porque algunos hicieron
las américas en tiempo récord, o porque estaba a punto de desembarcar por aquí el
Tío Sam con su enmascarado Plan…
¿Habrá que esperar otros 33 años, para
planificar efectivamente la colecta y el tratamiento de tantos envases de
productos fitosanitarios, altamente contaminantes?
¿Seguirán tales agentes mortíferos rodando por las presas
y fincas otras tres y pico décadas?
Se hace urgente cambiar el sentido de la
marcha, pues somos espectadores ávidos de aplaudir hasta rabiar a los
funambulistas de la escena, entre los cuales pululan Prestidigitadores que
desaparecen montañas de carbón bajo sus chisteras, magos que se sacan Rosaledas
de la manga, faquires que tragan en un instante los caudales y lingotes de oro,
presupuestados para toda la legislatura, pantagruélicos devoradores de la
hacienda pública, neoliberales socializantes de los infartos y otros
colaterales efectos de tamaña glotonería…, porque, bajo nuestros pies y redes
cerebrales, ya fallan las leyes de la física, de la economía, de la ética, de
la estética y hasta las del arte culinario.
Es propio de los humanos equivocarse,
pero sólo los necios persisten en el error, sentenciaron nuestros antepasados
va ya para XXV siglos.
Por muy de puntillas que se pongan
algunos de los empleadores de nuestros impuestos, para salir en la foto, ni
conseguirán alargar su estatura ni será más alta su talla como gestores de la
res pública. Y parece bastante improbable que los advenedizos a la nueva
democracia inorgánica, animales políticos según Aristóteles, nos sorprendan con
un huracán de eficiencia, agoten sus neuronas por pensar en la optimización de
lo de todos, se vayan a la tumba por una sobredosis de imaginación o se ahoguen
en un tsunami de creatividad, para devolver a la ciudadanía lo que de ella
recibieron.
La cosa no es fácil porque, entre otros
errores e iniciado el tercer milenio, no se puede gestionar eficazmente lo
público con una deuda gigante con las entidades financieras privadas, con el
poder desmesurado de las élites de unos partidos raquíticos (que se han ganado
a pulso su mínimo implante social), un sistema seudo representativo a
base de listas electorales cerradas y con una administración del siglo XIX,
obsoleta y en la UCI desde tiempos inmemoriales.
Hay suficientes razones para pensar que,
quienes trazaron las calzadas romanas, las cañadas de la mesta, los caminos
reales, la red de las vías de hierro del XIX, teniendo en cuenta los posibles
de entonces, fueron buenos e ingeniosos proyectistas, porque sus obras de
siglos o milenios perduran en muchos casos, en otros han significado el punto
de arranque para modernas obras de comunicación y transporte y, además, usaron
su inteligencia partiendo del sentido común y no se apartaron un ápice de los
dictados de la madre naturaleza.
A quienes les parezca utópica la
ejecución de una infraestructura viaria, que atraviese el Bierzo en direncción
norte-sur, les recordaremos nada más que, al otro lado de los Pirineos,
los italianos, franceses, alemanes, austriacos…, ya levantaron sus
autopistas hace casi 50 años e instalaron modernas redes ferroviarias hace varias
décadas, sorteando desniveles alpinos mucho mayores y con unas técnicas de
ingeniería que hoy entenderíamos periclitadas.
Ni qué decir tiene, que los trazados
radiales de las infraestructuras viales de hace siglos, ya no sirven para hoy.
El continuar con esa miopía centralista en estos días, al menos en lo que se
refiere al NO de España, es síntoma de atraso y extemporaneidad. Estas
políticas más que unir alejan y acrecientan las diferencias entre los
ciudadanos de los centros y las periferias. Mucha urdimbre y poca trama.
¿Cuánto podría sobrevivir la araña, si su tela-territorio sólo la conformasen
los hilos radiales? De la telaraña podemos aprender, si somos capaces de
empatizar con el alma del pequeño insecto, cómo se liga a una sociedad y
la manera de conseguir la trabazón entre sus tierras y gentes.
Fco Javier Prada Fernández
Escritor
1º- Javier -Déficits Bercianos – 1-INTRODUCCIÓN.
Categorías:Colaboradores



















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