Sin categoría

Zaira rinde tributo a Amelia «La Molinera» : La niña que aprendió a leer entre ausencias para escribir una historia de amor

Amelia – Zaira – Alicia – Emilia- Sara en una matanza .

Mi abuela Amelia «La Molinera»

Mi abuela es hija de un inmigrante portugués, Antonio Santos Correa, e Irene Faba Faba, de Sorribas.

La historia de mi abuela Amelia comienza con un pequeño misterio cronológico propio de los tiempos de antes. Nació en Paradela del Río (La Vega) y aunque sus papeles dicen que nació en marzo de 1938, la memoria familiar y las palabras de su padre, Antonio, cuentan algo distinto: ella es una hija de diciembre de 1937. Por apenas un día, según decía su padre, no nació en un año diferente, reflejando esa época donde el registro civil no siempre corría a la par de la vida.

1 - Foto clase con Dña. Micaela
Amelia bajo circulo blanco en la Escuela de Doña Micaela .

Su infancia estuvo marcada por la pérdida. Con apenas tres años, la muerte de su madre Irene los dejó a ella y a su hermano Santiago huérfanos de madre, quedando ambos al único amparo de su padre. A pesar de tener un molino familiar, la sombra de la necesidad era alargada. Fueron tiempos muy duros, donde la supervivencia era un ejercicio diario. Mi abuela, siendo apenas una niña, tuvo que enfrentarse a la responsabilidad de trabajar, pedir préstamos y ayuda a los vecinos para poder costear las medicinas de su padre enfermo.

2 - Foto joven
Amelia así de guapa de joven

Ir a la escuela era un lujo que no se podía permitir. Las manos de mi abuela eran necesarias en casa, por lo que nunca pudo asistir a clase de forma regular. Sin embargo, su sed de saber era más fuerte: la maestra del pueblo, Doña Micaela, la enseñaba a leer y escribir a ratitos por las tardes. Aquellas lecciones eran constantes saltos de obstáculos, pues a menudo se veían interrumpidas porque la llamaban para ayudar en las tareas del hogar. Así, entre interrupciones y esfuerzo, fue como mi abuela empezó a descifrar el mundo.

3 - Foto boda [Resolucion de Escritorio]
Amelia & Antonio en su boda

La vida le dio un respiro cuando su padre conoció a una mujer de Cabeza de Campo, la tía Eudosia, como ella la llamaba, que se convirtió en un ángel en su camino; una mujer bondadosa que llegaba a quitarse la comida de la boca para dársela a ella. Lamentablemente, el destino volvió a ser esquivo y la tía Eudosia también falleció, dejando a mi abuela nuevamente sola con su padre.

4 - Foto con mi madre
Mila en los brazos de Amelia.

Estas pruebas, lejos de endurecer su corazón, hicieron de ella una mujer incansable, trabajadora y de mucho carácter, de esas que no se achican ante nada y que saben sacar fuerzas de flaqueza para salir adelante por mucho que el viento sople en contra.

Cuando conoció a mi abuelo Antonio, esa fuerza se transformó en el motor de una nueva familia. Juntos, paso a paso y con un esfuerzo incalculable, lograron construir una casita y criar a sus tres hijos. Fue una vida de «poquito a poco», donde el sacrificio se compensaba con un amor inmenso. Sin embargo, la vida le volvió a dar otro revés; en enero de 1962, el mismo año en que nació mi madre, Mila (la mayor de los tres hermanos), falleció el padre de mi abuela. Aquel duelo y aquel nacimiento marcaron un ciclo de renovación y fortaleza, recordándoles que incluso en la pérdida, la vida sigue brotando.

Abril 2014 - Santiago - Amelia
Santiago y Amelia paseando por La Vega.

Para mí, ella es mucho más que una abuela; ha sido una madre. Vivir con ella hasta los 11 años me permitió conocer una infancia que hoy parece un tesoro perdido. Tuve la fortuna de crecer en una casa llena, rodeada de mis abuelos, de mi madre y de mis tíos, conociendo de primera mano lo que significa la palabra familia.

Al mirar a mi abuela, no solo veo a una mujer cariñosa y amable como ninguna; veo a una luchadora que sobrevivió a la escasez y al duelo para regalarnos a nosotros un hogar lleno de amor.

Abuelina Dic.14

Hoy, aunque el paso del tiempo y la enfermedad empiezan a hacerse presentes en su día a día, el sentimiento predominante es la gratitud. Es una auténtica bendición que la vida nos haya permitido coincidir en el tiempo a cuatro generaciones. Ver ese hilo invisible que nos une a todos es el regalo más grande que podríamos tener. Me siento profundamente afortunada de ser parte de su historia y de que ella sea el centro de la nuestra.

Te quiero, abuela. Y aprovecho para desearte un muy feliz cumpleaños. 💛

Zaira Valcarce.

Categorías:Sin categoría

6 respuestas »

  1. Muchas Felicidades,a esa gran mujer,era muy afable y cariñosa y el abuelo también.
    Por cierto como se parece tu madre Mila a ella de joven.
    Precioso «»» homenaje»» un abrazo.

  2. Creo que es la historia resumida de una vida muy dura. Está contada desde el cariño y de forma entrañable, es imposible leerla sin emocionarse.
    Dejo yo también por aquí mi felicitación y buenos deseos para Amelia y para Zaira mi admiración porque no se puede expresar mejor el orgullo y el amor por una abuela.
    Elvi

  3. Que duro pasar por todo lo que pasó tu abuela, esa época fue muy dura😔.. que grande es tu abuela, una persona noble, risueña y cariñosa , Muchas Felicidades Amelia 🫶🏻🎉🫶🏻!!.. Y a tí amiga que decirte.. Que eres estupenda, me parece precioso expresar ese gesto de amor por tu abuela.. por tu familia..que bonito texto, y que bonita tú.. (y como dice Elvi, es imposible leerlo sin emocionarse)..y qué Fotones😍..Mi papi y yo os queremos mucho ❤️, millones de besos para todos.. Pero en especial a esas 4 personas guapas que forman la cuarta generación 😘😘😘😘

  4. Muchísimas gracias a todos!!
    Estoy abrumada por la respuesta tan increíble que ha tenido el texto sobre mi abuela.
    Ver cuánto la queréis y el impacto que ha tenido en tantas personas me ha emocionado muchísimo.
    Gracias por cada palabra, por los recuerdos compartidos y por el cariño que nos habéis hecho llegar. Le leeré cada uno de vuestros mensajes, porque se merece saber lo mucho que la aprecia su gente. ¡Gracias de corazón!

Responder a Elvira Sanchez GonzalezCancelar respuesta