
Cincuenta años de un amor bendecido con humor y vino de garrafón
El 3 de enero de 1976 no fue una boda corriente. Don Julio, el cura, tuvo una tarde movida: tras casar a una pareja a las cuatro, le tocó el turno a Toño y Seni a las cinco. Pero lo que nadie esperaba es que los amigos, con esa guasa que los caracteriza, se presentaron en la mismísima iglesia cargando un garrafón de vino. Aquella broma fue el preludio de lo que vendría después: unos celebrando en El Canadá y nosotros disfrutando de la comida en La Charola.

Aquel día no hubo luna de miel, pero no hizo falta cruzar fronteras para construir una vida ejemplar. De aquel brindis con garrafón nacieron tres hijos y, con el tiempo, seis nietos que hoy son el orgullo de este matrimonio de oro.
Cincuenta años después, quizás este sea el año de hacer por fin ese viaje pendiente, pero lo que es seguro es que aquel espíritu alegre de La Charola sigue tan vivo como el primer día. ¡Felicidades, Toño y Seni!
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