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«Vente a Alemania Pepe, a Francia o Suiza» por Marino Castro.


Una vez finalizada la guerra incivil, la economía española tardó en recuperarse veinte años, pero la penuria siguió existiendo a principios de los años sesenta: viviendas deterioradas, trabajos precarios, salarios escasos y, a veces, prole numerosa.
El plan Marshall, ayuda yankee, facilitó el despegue de los países de la actual Unión Europea, masacrados por la segunda guerra mundial, excepto España, marginada por su colaboración con el régimen nazi. Esto tuvo consecuencias nefastas para la economía española.  Dos millones de españoles prepararon sus maletas «sin ruedas» para buscar una nueva oportunidad y labrarse un futuro mejor en la vecina Francia, Suiza o Alemania, ante la nostalgia de abandonar su patria y su entorno familiar y vecinal.  Como decía Juanito Valderrama en su célebre copla: «El emigrante»:
Adiós, mi España querida
dentro de mi alma te llevo metía
y aunque soy un emigrante
jamás en la vida yo podré olvidarte…

Fue una válvula de escape para el régimen franquista que, a nivel económico, se tambaleaba y con un déficit crónico, debido a una política autárquica. También fue de gran ayuda la llegada del turismo extranjero, flujo que no ha parado y que ha convertido a España en una potencia mundial.
Quién en nuestro municipio, no tiene familiar o conocido que fuera emigrante? Yo, el primero. Las repercusiones a nivel local y nacional fueron notables:
1) Entrada de divisas y, como consecuencia, despegue del municipio y de la economía nacional.
2) Construcción de inmuebles en los pueblos y en las ciudades. Sirva de ejemplo, el barrio ponferradino de la estación.
3)  Se mitigó el paro obrero nacional y las tensiones sociales.
4) Se robusteció el sistema bancario con los ahorros de los emigrantes. Cerca de tres mil millones de dólares entraron en nuestra querida España en la decada de los sesenta.
5) Los  salarios, al cambio de divisas,  eran superiores a los del mercado laboral español, consecuentemente, mejoró la calidad de vida y el consumo.
Hoy, afortunadamente, esto ha cambiado, somos receptores de inmigrantes. Pero lo que me parece penoso es que las distintas administraciones políticas que nos han gobernado, no hayan tenido un reconocimiento especial a estos compatriotas que, con su trabajo y desvelos, auparon la economía española en tiempos difíciles e incluso, la exigua pensión, justamente ganada en el país de acogida, tengan que tributarla como un ingreso  extraordinario y atípico, ignorando las circunstancias humanas que rodearon la emigración: trabajos duros (construcción, restauración, limpieza…), sacrificio y desvelos de estas familias que, como dice Valderrama:
«Cuando salieron de su tierra,
volvieron la cara llorando,
porque lo que más querían,
atrás se lo iban dejando».

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