Así se llamaba el chiringuito que, en 1969, Ricardo Real mandó construir a la entrada de la playa fluvial. La construcción —unos cuantos bloques, un poco de madera y unas uralitas— la llevó a cabo, por unas ciento y pico mil pesetas, Jesús Alba, conocido como Chucho. Estaba casi, casi donde ahora se encuentran las puertas de entrada a la playa fluvial.
Como Ricardo también regentaba el bar Veracruz, solo abría el chiringuito los domingos. En una ocasión, cuando 4000 Ponferradinos visitaron en un día la Playa Fluvial de Toral de los Vados, llegó a vender 32 cajas de refresco en un solo día. También vendía bocadillos y empanada que podían degustarse en las diez mesas/bancos que tenía instaladas a lo largo de los terrenos de la Junta Vecinal de Toral de los Vados.
Aunque el lema de Ricardo siempre fue «Hay que ser sufridos», no lo utilizó en el chiringuito y lo sustituyó por otro que podía leerse en una de las paredes: «Alameda Bar agradece su visita y le desea feliz estancia en esta campiña toralense».
Después de unos cuatro años al frente de este negocio, se lo alquiló a algún miembro de la familia de Guillermo Acebo Gutiérrez.
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Toral siempre ha sido un pueblo de «»‘ emprendedores»» Ricardo era un hombre bueno y campechano,un fuerte abrazo para sus hijos.