Artículo de opinión

Es evidente que “dar patadas a un balón” se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos de la época actual. El dinero que mueve lo que se inició como un deporte, uno más, en 1863 ha tomado una senda diferente. Cantidades astronómicas, fichas desproporcionadas y gastos suntuosos convierten este invento inglés: ”football” en un espectáculo de masas que apasiona a sus aficionados y consigue momentos de éxtasis o de depresión en sus fieles seguidores.
No soy antifútbol, también lo veo, pero me preocupa “el que no solo para el fútbol vivan muchas personas”. Me aterroriza pensar que nuestro ocio pueda quedar oscurecido solo por esta actividad deportiva y que la vorágine futbolera no nos permita valorar o apreciar: el teatro, la lectura, la música, el contacto con la naturaleza y una reflexión seria y profunda sobre los problemas de nuestra sociedad: consumismo, sanidad, educación, despoblación, participación ciudadana, etc.
Me comentó hace unos meses un viejo conocido que había estado con su peña en Granada para ver competir a su equipo del alma, pero que solo visitó el estadio de los Carmenes. ¡Lástima!, le comenté yo.
En los años sesenta, los abuelos y los padres suspiraban porque sus hijos fueran “Joselitos o Marisoles”o figuras del cante. Hoy la meta, a veces, por encima de todo, es ser profesionales del balompié. Pero hay una máxima que se mantiene: muchos son los llamados, pero pocos los elegidos. ¿Por qué será…?

Marino Castro.
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