Sin categoría

Nuestro colaborador de blog Marino Castro, escribe el prólogo del libro «Los valles de Ancares y Fornela» de Abel Soto.

Autor: Abel Soto Carbajo

Año: 2022

I.S.B.N: 978-84-15535-67-6

INSTITUTO DE ESTUDIOS BERCIANOS

Prólogo: Marino Castro Antolín

FORNELA Y ANCARES

¡PARA QUE NO HABITE EL OLVIDO!

¡Adiós, gloria! ¡Adiós, contento!

¡Deixo a casa onde nacín,

deixo a aldea que conoso,

por un mundo que non vin!

Deixo amigos por extraños,

deixo a veiga polo mar;

deixo, en fin, canto ben quero…

¡quén puidera non deixar!

Rosalía de Castro

Turistas, caminantes y descendientes de ancareses y de fornelos visitan todos los años estos agrestes valles, especialmente en la época primaveral y estival. Observan su cielo puro y nítido que contrasta con muchas edificaciones desoladas y deterioradas. Se preguntan qué obligó a sus moradores a renunciar a estos entornos naturales. Al menos, quizá, algo consiguen: ¡qué no habite nunca el olvido!, porque el Bierzo vaciado existe y, especialmente, en estos parajes. Visitarlos merece la pena, nos ayudará a conocerlos y comprenderlos.

Abel Soto, autor de este estudio y como buen historiador, procura conocer e interpretar su pasado, comprendiendo los sucesos generales e individuales para interrelacionarlos. Se centra en un tiempo pretérito que solo es posible reconstruir a través de indicios, documentos escritos y testimonios orales.

Estas demarcaciones han sido objeto de publicación por parte del IEB. Así en el año 2009 se reeditó el estudio lingüístico de 1954, elaborado por los ilustres filólogos Dámaso Alonso y Valentín García Yebra, demostrando que el dialecto ancarés es el habla más interesante de todas las variantes del gallego hablado fuera de Galicia, marcando los límites lingüísticos del gallego y leonés entre ambos valles.1

Primitivo Martínez Fernández, año 1994, realizó un interesante estudio etnográfico centrado en el pueblo fornelo y remoto de Faro en el que incluye un vocabulario y expresiones fariegas. 2

Realizando un acercamiento a la siempre discutible toponimia de estos lugares, nos encontramos con lo siguiente: para el profesor Jesús García3, el topónimo Fornela que da nombre al valle, puede ser un derivado de FORNO y recurriendo al significado metafórico, ‘paraje de difícil acceso’. En el dialecto berciano FORNIELLA, es el sitio donde se recoge la ceniza.

En cuanto al término Ancares, existen varias hipótesis y hemos optado por esta: quizá tenga que ver con la raíz prerromana ANK- ‘doblar, curvar’, De ANKARIS, podría salir

ANCARES, pues el sufijo –AR es latino y los significados de “curvo, ángulo y recodo” pueden tener relación con la sinuosidad del valle.

Los trazados de los límites de estos valles arcaicos y abruptos, con sus correspondientes poblaciones, fueron y son irregulares por la multiplicidad de enclaves y por obedecer la organización o distribución administrativa a unos fines hacendísticos, como el cobro de impuestos, primando los señoríos estamentales sobre lo geográfico y administrativo.

Estas dos demarcaciones, hermanadas geográficamente, situadas en el occidente de la comarca berciana y objeto de este trabajo de investigación, han sufrido de forma secular la confraternidad estoica del abandono y ostracismo político dirigente durante siglos, con la consiguiente salida obligada o éxodo por parte de sus habitantes. ¿A quién podemos pedir responsabilidades…?

El conocimiento de su intrahistoria nos muestra las duras condiciones de vida y la laboriosidad de sus gentes, luchando ante una naturaleza hostil y contra una administración que, a veces, dice lo que se puede hacer, pero no lo hace. Esta premisa se puede aplicar a cientos de municipios de la España interior, afectados por el drama del despoblamiento desde décadas y donde la hipermiopía administrativa se disfraza de indiferencia o desconsideración.

El estudio histórico el autor, basado en la documentación catastral del S.XVIII, es una lección de rigor y de honestidad intelectual, además una prueba capital para entender la deriva histórica del aislamiento de estos municipios: de dónde parten y hacia dónde pueden llegar, pero también es un ejemplo clarividente del tesón y de lucha de sus gentes para adaptarse a un medio adverso, a un clima riguroso y sobrevivir gracias a una ganadería y agricultura minifundista y de subsistencia.

El gran dominio señorial, ejercido por el monasterio de Vega de Espinareda, se traducía en una serie de derechos e impuestos que en las más diversas formas de pago: dinero, especie o en trabajo, recibía el dominio monástico de los habitantes de su jurisdicción y que, actualmente, nos resultaría anacrónico.

Pese a la mejora actual de las comunicaciones que, como a tantos otros lugares, llegó a destiempo, aún persiste la falta de una vía de comunicación apropiada desde Guímara, último pueblo del municipio de Fornela, es “el fondo de saco” sin salida al Principado de Asturias, limitado a una pista forestal y solo apta para vehículos especiales, pero pendiente, como casi siempre, de las promesas de un vial asfaltado. Actualmente siguen incomunicados entre sí los dos valles. La comunicación con el valle hermano de Ancares, en concreto, con la población de Suárbol, distante a 12 km., es a través de otra pista de tierra poco accesible para turismos. Ironía o más bien sarcasmo del mundo rural: ¡Para qué se va a comunicar lo que siempre ha estado incomunicado!

Respecto al valle de Ancares, tiene mejor comunicación con los ancares lucenses, pero con una vía estrecha y bastante sinuosa que nos dirige hacia la atractiva localidad galaica de Piornedo, pueblo siempre atrayente para el turismo rural. Quizá el gobierno autonómico gallego ha promocionado mejor los espacios naturales ancareses que el nuestro. Valladolid está y seguirá estando en las antípodas de estos emplazamientos, alejados del mundanal ruido civilizado.

Desde el año 2006 el valle de Ancares fue declarado reserva de la biosfera, debido a su legado histórico, cultural, etnográfico y cultural. A partir de esta fecha se ha

intentado promocionar su visita y se han destinado más medios materiales para publicitarlos, pero con repercusión turística más bien estacional. El valle de Fornela al estar situado geográficamente dentro del espacio natural de la Sierra de Ancares, goza de especial protección y también está incluido.

La investigación exhaustiva, realizada por Abel Soto, nos permite conocer de primera mano el legado histórico de estos dos valles en el Antiguo Régimen. Estamos ante un estudio riguroso y fielmente documentado, que recurre a fuentes escritas fidedignas y acertadas y ante un trabajo fecundo, orientado de forma dinámica por un historiador experto en el manejo de archivos.

La bibliografía utilizada es la apropiada al contexto socio-cultural y demuestra el autor ser un perfecto conocedor de este período histórico, tanto a nivel nacional como local.

Las fuentes utilizadas derivan hacia una expresión expositiva-argumentativa que implica un análisis de correlaciones e interferencias comprobadas entre Fornela, Ancares y otros municipio del Bierzo.

Pensamos que el historiador en su análisis ha conseguido plasmar indirectamente un estudio psicológico y profundo de los vecinos de estos valles y su compleja inserción en el medio natural, político y sociológico. El procedimiento metodológico utilizado reconstruye e interpreta los factores existenciales del período histórico y de la actividad humana de los individuos que habitaron en estas demarcaciones.

EL VALLE DE FORNELA

En las localidades fornelanas se conservaba la tradición del Concejo abierto, es decir, asamblea de todos los vecinos que se convocaban para deliberar sobre asuntos que afectaban a la población. Dichas asambleas tenían lugar para repartir los impuestos, derechos señoriales y réditos de censos, lo cual se hacía verbalmente entre los vecinos.

En cada localidad había un regidor, encargado de la administración de los bienes y rentas del Común, y un juez pedáneo. En general, la duración en el desempeño de estos cargos era anual. El principal ingreso que tenían los Concejos era el abasto del vino.

El Monasterio de Espinareda, basándose en sus derechos como señor jurisdiccional y como poseedor del dominio directo, mantuvo abundantes litigios con lo vecinos al arrendar las brañas a gentes forasteras e imponía elevadas sanciones a los vecinos que introducían su ganado a pastar en dichas brañas.

Derechos reales y derechos eclesiásticos, en forma de diezmos, primicias y el voto de Santiago, este último sobre las heredades trigales y percibido por el cabildo catedralicio oprimían las condiciones de vida de los habitantes del valle.

Las poblaciones presentan un agrupamiento concentrado. Un elevado número de edificaciones están abandonadas por ruina. Entre las causas de ello está la fragilidad de los materiales usados en la construcción, madera y paja, por lo que era frecuente que se deterioraran y desplomasen.

Es complicado tener un censo real de los habitantes que integran el municipio, pues lo padrones muestran solo los vecinos. Sí destacamos un aumento demográfico

espectacular en Peranzanes. Existían dos estamentos privilegiados: el clero y la nobleza. La distinción entre estos dos estados y el denominado estado llano, común o general, se materializaba en la exención de impuestos y del servicio militar, disfrutar de privilegios de orden penal, etc.

Los vecinos del Valle de Fornela eran todos hijosdalgo tal y como aparece en el padrón de 1650. A pesar de gozar de la hidalguía no se diferenciaban en el nivel de vida y en el trabajo que realizaban de los miembros del estado llano, por lo que los hijosdalgo fornelanos, al igual que los asturianos, montañeses y vascos, no les era incompatible la nobleza con labrar la tierra y el ejercer todo tipo de oficios por lo que la vida que llevaban no era diferente a las del plebeyo o vecino del estado llano.

La mayoría de las personas atendían no solo sus haciendas, sino también desempeñaban otra actividad, bien como jornaleros, bien fabricando productos artesanales en épocas de baja actividad agrícola, o bien dedicándose a la arriería, etc.

En cuanto a la arriería era un recurso necesario para no verse obligados a abandonar el valle, pues los suelos poco fértiles no ayudaban a subsistir. De esta forma el comercio ambulante será un complemento fundamental para mejorar sus ingresos.

Los vendedores y albarderos del valle de Fornela (Furniella) utilizaban un lenguaje especial, una jerga propio para entenderse entre ellos. Este medio de comunicación, llamado burón, lo usaban, mayormente, en los intercambios comerciales y cuando no había gente fornela entre ellos.4

EL REAL VALLE DE ANCARES

Con un planteamiento preciso y documental, señala el autor como se originan los criterios político-administrativos del valle de los Ancares y la historia de su división territorial en los siglos XVI, XVII y XVIII y lo que implicaba ser jurisdicción de realengo.

La existencia del Concejo abierto en tantas localidades bercianas pudo ser algo distinto a la escasa participación vecinal existente en la actualidad. Dentro de las competencias del concejo está la capacidad de legislar sobre asuntos propios de cada pueblo, controlar unas costumbres aceptadas por el común de los vecinos, así como el imponer multas al convecino que las transgrediese. Su intervencionismo era amplio: control del abasto de los artículos de primera necesidad, recaudación y distribución de los derechos o impuestos, reparación de caminos y puentes, contratar al maestro, dictar ordenanzas y regular la vida concejil.

Se destaca en la documentación escrita del S. XVIII el elevado número de edificaciones, toscamente construidas, que están abandonadas por ruina o bien vacías sin moradores, lo que viene a demostrar que la emigración ha sido una constante en este valle. Las viviendas eran muy deficitarias: Roberto Shoutey, dice que “la gente lleva una vida pobre, que en sus chozas humildes conviven con los animales y le llamó la atención que en una localidad una mujer introdujera una ternera en casa como si de un familiar se tratara”. Este testimonio es propio del naturalismo de Zola.

Hace constar el autor el problema que se plantea al estudiar la veracidad del hábitat y los censos de la época preestadística, porque en el caso del Catastro de Ensenada, al realizarse para obtener un resultado fiscal, ha podido dejar a un lado gentes que no se registraron por vivir marginadas, como los vagabundos, y que no estaban supeditadas a ninguna administración. Podemos aceptar por valida una densidad de población cercana a lo 12 habitantes por Km cuadrado en un hábitat concentrado, que corrobora una constante en su historia, la despoblación, unida a una alta mortalidad por las epidemias.

Las duras condiciones de vida, ya comentadas, convierten la arriería en un complemento necesario para su economía doméstica que la agricultura y ganadería no les facilitaba. Tanto en el valle de Fornela como en el de Ancares se convierte en la principal fuente de ingresos. Los principales productos citados son: el azafrán, el pescado, el aceite, el jabón, además de otros géneros y especies, como vino, que no se producían en estos valles y lienzos de la zona de Bembibre.

La pobreza o penuria económica se tasa en el 1,3%, aunque el autor establece que, en realidad, las cifras debían ser más elevadas, ya que las respuestas se refieren normalmente al cabeza de familia y no se incluyen a todos sus miembros.

Respecto al estamento clerical, el estudio señala que la participación de los eclesiásticos en la percepción de las rentas eclesiásticas era elevadísima: diezmos, primicias, voto de Santiago, aniversarios, foros y arriendos. Todo un sostén económico fundamental, propio del Antiguo régimen y enriquecedor para el clero secular.

Los Impuestos reales resultaban ser un residuo de las ideas estamentales, y en el que estaban exentos de impuestos personales los privilegiados: ¿quién si no?

La agricultura era el condicionante económico de la zona, pues el 90% de la población activa trabajaba en ella. La producción está en consonancia con el sistema bienal, una cosecha cada dos años. El cultivo hortícola estaba muy limitado por el minifundismo.

El cultivo del castaño estaba muy extendido en la zona y por toda la comarca del Bierzo. El interés por poseer castaños radicaba, además de los usos citados, en que la castaña era uno de los productos que los arrieros llevaban a vender a los mercados de Castilla y desempeñaba un papel primordial en la dieta alimentaria.

En cuanto a la ganadería, es un complemento de la agricultura. El ganado equino es muy útil para el trabajo de la arriería como medio de transporte. El ganado porcino, como ocurre en toda la comarca, estaba estrechamente vinculado con la economía y alimentación doméstica.

Categorías:Sin categoría

Deja un comentario