






Tras pasar el puente colgante de Villadepalos y utilizando una nueva senda, realizada por el grupo Zapatateam para su II Zapatakedada BTT, iniciamos la ruta de los miradores de Médulas y Carucedo.
El primero que visitamos es el más desconocido , se trata del Mirador de La Frisga, situado en paraje con el mismo nombre, el cual conserva claras evidencias de las labores mineras romanas, que explotaron en esta zona ,en una segunda fase, un conglomerado especialmente productivo y rico en oro; debido a ello, los ingenieros romanos emplearon aquí técnicas más selectivas que en otros sectores de la mina, como el de Las Valiñas.
Como resultado de la actividad minera, el relieve original de La Frisga se ha transformado en una meseta colgada delimitada por taludes al sur y abierta por el norte a una amplia pendiente formada por la acumulación de ingentes cantidades de estériles. Donde no son aprovechados para pasto o cultivo de castaños, los terrenos se ven invadidos de un monte espeso de brezos y jaras, con algunas encinas y alcornoques.
El segundo y más popular, el Mirador de Orellan, que comparte protagonismo en número de visitas con la galería de época romana vestigio de la explotación.
El tercero en ruta es el Mirador de la Pedrices , desde el cual se puede comprender, de forma global, las distintas etapas de la explotación minera romana y las huellas que cada una de ellas ha dejado en el paisaje. Se puede observar las sucesivas zonas explotación minera, con los desmontes y canales de evacuación, el amontonamiento de murias y las acumulaciones de estériles de buena parte del Sector III, tanto del frente norte, como del frente sur.
Es un lugar idóneo para observar el impacto de la minería romana sobre la red de drenaje natural del entorno, dando lugar a la formación de los lagos y humedales de Las Médulas.
El cuarto y dentro del mismo entorno paisajístico del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, de Las Médulas , localizamos el Mirador del Lago Somido, aunque también es valido el termino Sumido.
Desde el que se ve el Chao de Maseiros, un valle colmatado por la acumulación de estériles procedentes de la actividad minera de Las Médulas. En tiempos de los pobladores astures, debía ser un valle rectilíneo y de fondo estrecho, surcado por un impetuoso torrente que fluía hundido entre laderas forestadas (recuadro I). Sin embargo, la llegada de los romanos, a principios del siglo I d.C., marcó el inicio de un intenso proceso transformador como consecuencia de la apertura de la que llegaría a ser la mayor mina aurífera de todo el Imperio.
Durante las primeras etapas de extracción del oro (recuadro Il) la explotación avanzó de forma lenta y metódica por la parte baja del yacimiento, mediante el lavado sistemático de los terrenos.
Resultado de estos trabajos son los montones de cantos rodados que se apartaban de forma selectiva para evitar que obstruyeran los canales de lavado, y que forman las denominadas «murias», como la que sirve de asiento a este mirador. Los lodos sobrantes comenzaron a acumularse en grandes cantidades valle abajo.
Por último y ya fuera de Las Médulas , pero en su Ayuntamiento , Carucedo , junto a Borrenes, está el Mirador de Carucedo .
El paisaje espectacular que puedes observar desde este mirador posee una gran diversidad en cuanto á sus valores naturales, al estar ubicado en la depresión del Bierzo, caracterizada por un clima mediterráneo con gran influencia atlántica.

El lago de Carucedo es un lago artificial que surge de la época de la explotación de las Médulas por los romanos, una explotación de oro a cielo abierto mediante el I sistema «ruina montium» con grandes obras de ingeniería para la extracción del mineral que supuso la alteración del medio ambiente pero dio de arenas rojizas. El lago se formó al obstruirse su canalización hacia el rio Sil debido a los lodos y arena procedentes de la explotación romana.
Son varias las leyendas que se cuentan sobre su formación, una de ellas relata la de ninfa Ondina Carisia, enamorada el general Tito Carisio; el que conquistó Lancia y dominó todo El Bierzo. La ninfa vivía allí, en la ciudad de Lucerna y se enamoró del general, pero éste, dado que ella era astur, raza y pueblo que los romanos tenían que dominar, la despreció. La ninfa sintió tal dolor que estuvo años llorando, y con sus lágrimas se fue formando el lago e inundando la legendaria ciudad de Lucerna.
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