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Otra perspectiva de …? La Peña del Seo

La Peña del Seo

“Le rodaron los sesos por el suelo”

POR AF2TORAL EN  • ( 6 COMENTARIOS )

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IMG_4089 [Resolucion de Escritorio]

Os presento un extracto  resumido de  la primera parte de la entrevista realizada al vecino de Toral de los Vados Manuel Soto Delgado en relación  con su actividad minera “informal” en la Peña del Seo durante los años 40, realizada por el licenciado en Historia, Diego Castro Franco, con raíces Toralenses.

Diego Castro Franco [Resolucion de Escritorio]

Esta foto, aportada por el propio Manuel, pertenecería a la 2ª etapa de la explotación de la Peña del Seo. Hubo digamos 2 etapas.

Una primera etapa de 1940 a 1945 coincidente con la II Guerra Mundial y donde la Peña del Seo no estaba explotada por ninguna empresa. La gente acudía allí libremente a extraer wolframio para venderlo luego de contrabando, produciéndose tiroteos, robos, muertes, etc.

La 2ª etapa iría de 1950 a 1959. Una empresa llamada Montañas del Sur se establece en la Peña del Seo, privatiza la mina y se dedica a explotar de manera industrial: construye diversas instalaciones (un lavadero, por ejemplo), contrata mano de obra asalariada y erige un poblado para alojar a parte de sus trabajadores (el famoso Poblado de la Piela). En esta segunda fase es donde trabajó también Manuel Soto, pero ya como vigilante de la empresa hasta su cierre.

Extracto de la entrevista a Manuel Soto Delgado (87 años).

Toral de los Vados, 15 de diciembre de 2015.

Fuente: Castro Franco, Diego (2017), La minería del wolframio en el noroeste de la Península Ibérica (1939-1959). Las explotaciones del Bierzo y su recuperación patrimonial. La Peña del Seo.

Durante la II Guerra Mundial (1939-1945) tanto los Aliados (Gran Bretaña y Estados Unidos) como Alemania se mostraron interesados en que la España franquista, dado su estatus de teórica neutralidad, les aprovisionara de diversos minerales y productos agroalimentarios. En el caso de los minerales, se mostraron especialmente interesados en el wolframio. Los principales yacimientos de wolframio en la Península Ibérica se hallaban en territorio portugués y en la parte occidental de España, concretamente en la extensa franja que se extendía desde Galicia hasta la Andalucía occidental, incluyendo León, Zamora, Salamanca y Extremadura.

Dada la dureza de este mineral negruzco, su demanda aumentó enormemente por parte de las industrias bélicas de las potencias beligerantes, ya que su principal uso era servir para reforzar el blindaje de los tanques y fabricar proyectiles antitanque con mayor capacidad de perforación. Enrique Moradiellos apunta que las 80 pesetas por kilogramo de wolframio español que se pagaban en 1941 subieron a 172 pesetas a finales de 1942 y se dispararían a 285 pesetas por kilogramo en mayo de 1943.

Según el citado autor, España ingresó entre 1942 y 1944 en torno a 800 millones de dólares de las exportaciones de wolframio, de los cuales 166 millones salieron del programa de compras preventivas aliadas. Téngase en cuenta que el cambio oficial fijo en esos años era de 12 pesetas por dólar, mientras que en el mercado negro podía alcanzar las 45 pesetas.

Según Stanley G. Payne, en total durante toda la guerra Alemania compró a España unas 5.000 toneladas de wolframio y unas 9.000 a Portugal. Por su parte, Joan María Thomàs apunta que las operaciones de compra de wolframio costaron en su totalidad a los Aliados unos 170 millones de dólares, que pagaron, a partes iguales estadounidenses y británicos, por unas 9.000 toneladas de mineral portugués y unas 6.000 toneladas de mineral español.

En el contexto de la hambruna y miseria general que padecía España en los años 40 debido a la política autárquica del régimen franquista, el wolframio se convirtió, junto a los alimentos, en un destacado producto objeto de contrabando. Jordi Catalán estima el importe del tráfico clandestino de wolframio español durante el intervalo 1940-1942 en alrededor de 600 millones de dólares. La cifra parece inaudita si pensamos que las reservas de oro del Estado español durante esa época no alcanzaban los 100 millones de dólares, o que el valor oficial de las importaciones españolas durante un año cualquiera de la II Guerra Mundial estuvo por debajo de los 250 millones de dólares.

La extracción y comercio clandestino de wolframio estaban prohibidos por el gobierno, por lo que la Guardia Civil tenía órdenes de impedirlo. Sin embargo, los fabulosos precios a los que se pagaba el codiciado mineral en el mercado negro por parte de los agentes británicos, estadounidenses y alemanes estimularon que cientos de personas se convirtieran de la noche a la mañana en mineros informales. En el caso del Bierzo, cuando la explotación minera de la Peña del Seo (Cadafresnas) era todavía era anárquica y no había ninguna empresa privada dedicada a ello, no fue raro que estallaran disputas y tiroteos entre los buscadores que acudían por su cuenta y riesgo a extraer mineral.[1]

A continuación reproducimos parte de la entrevista realizada a Manuel Soto Delgado, vecino de Toral de los Vados que por entonces era uno más de esos cientos de aventureros que pululaban por la Peña del Seo:

Ibas una noche y podías sacar hasta cinco mil pesetas, que era un capital importante en esos tiempos. Había un filón muy bueno de mineral arriba, en la cumbre de la Peña del Seo, y ahí sacaron mucho mineral. Un día vino la Guardia Civil para echar a los que estaban allí picando para que fueran sustituidos por otros mineros con los que estaban en complot los propios guardias civiles de Oencia.

La Guardia Civil no permitía que estuviésemos cogiendo mineral, aunque es cierto que de aquella los guardias pasaban mucha hambre. Sin embargo, aquellas personas, que llevaban a lo mejor ocho o quince días extrayendo mucho mineral que luego sabían que iban a pagárselo bien, se mostraban poco dispuestas a irse. Uno de ellos,(pudiera llamarse Aquilino Barreiro de Arriba). algo más valiente o algo más ignorante que el resto, no lo sé, les plantó cara y agarró el fusil de uno de los guardias civiles provocando que éste disparara contra él y lo matara allí mismo en el acto.

Otro señor murió delante de mí, pero por accidente. Aquella noche yo y otro señor de mi pueblo, porque yo soy de Arnadelo, habíamos dormido en la montaña para vigilar porque habíamos descubierto algo de wolframio y no queríamos que nos lo robaran otras personas. Alrededor nuestra había otros rebuscadores haciendo lo mismo. De pronto observé bajar una gran piedra rodando por la ladera. Casi no nos dio tiempo a apartarnos. La piedra le golpeó en la cabeza a un hombre que estaba también allí y lo mató. Le rodaron los sesos por el suelo.

Luego subimos hacia arriba para ver quién había sido el que tiró la piedra, pero claro fue imposible descubrir eso. ¿A quién culpas? La gente se movilizó y otros se retiraron porque cogieron miedo al ver esa muerte. La gente tiraba cartuchos de dinamita sin preocupación ninguna para extraer mineral y salían las piedras desperdigadas por todos lados.

En estos años también primaba la ley del más fuerte en la Peña del Seo, y buen ejemplo de ello es la conocida popularmente como la Cuadrilla del Gas, que era un grupo organizado y numeroso de individuos armados procedentes del pueblo de Oencia que se dedicaban a asaltar cuan bandoleros a otros buscadores para quitarles el wolframio y luego venderlo ellos mismos en el mercado negro.

Cuando una o varias personas encontraban un buen filón para extraer mineral, a veces llegaban los miembros de la citada cuadrilla, les obligaban a irse y se hacían con todo el mineral que aquellos había encontrado. No quedaba más remedio que dejárselo porque algunos miembros de la Cuadrilla del Gas portaban armas de fuego, y en más de una ocasión las discusiones derivaron en refriegas con resultado de muertes. Se les llamaba la Cuadrilla del Gas porque era un grupo muy numeroso de individuos, e incluso se les temía porque aparte de ir armados, se suponía que contaban con el favor de ciertos elementos de las fuerzas del orden público.

Es pues en este contexto donde la zona de la Peña del Seo, se convierte en algunos momentos en un auténtico salvaje oeste, donde la falta de una autoridad o una empresa que regulara la explotación del mineral, permite la eclosión de una auténtica red anárquica de docenas (incluso cientos) de personas que se dedican a extraer y vender el wolframio sin ningún tipo de control, donde hay peleas entre los buscadores por apoderarse de los filones más ricos, donde la Cuadrilla del Gas interviene con prácticas auténticamente mafiosas amedrentando y/o robando el mineral que otros buscadores habían extraído para luego venderlo ellos,[2] y donde además se producen muertes causadas por tiroteos entre los buscadores o por accidentes laborales a causa de desprendimientos de rocas.[3]


[1] Casi hasta principios de los años 50 no se produciría una verdadera explotación privada e industrial de la Peña del Seo de la mano de la empresa Montañas del Sur. Dicha empresa desaparecería hacia 1959. En esta empresa trabajaría también Manuel Soto Delgado como vigilante.

[2] La existencia de “disturbios” en la Peña del Seo en los años 40 es algo que ha sido confirmado a través de la recopilación de numerosos testimonios orales.

[3] La parte novelesca de todo este tipo de situaciones que se vivieron en la Peña del Seo puede hallarse en varias novelas, destacando la de Raúl Guerra Garrido titulada El año del wólfram.

Diego Castro Franco

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