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«Algunas Buenas Tradiciones que No Queremos Perder» por Antonio Méndez.

Majada de Paradela de Muces

Aunque los capitalinos no lo vean y lo ignoren o desprecien, las gentes de los pueblos también piensan y en ocasiones, tienen ideas maravillosas.

Erase una vez un pueblecito, Paradela de Muces, en la falda de una montaña con un nombre rotundo y significativo. La Peña de la Cruz, o “Cruz de Penedo” hermana y coetánea de la Peña del Seo, según los geólogos, que se ve desde casi todo el Bierzo, allí en el Sur, para separarnos de la Cabrera. El pueblecito que era un lugar donde los vecinos acostumbraban de trabajar organizados, las veceras de las ovejas, las cabras y la vacada. Los concejos para repartir la leña, para hacer los pozos de riego, arreglar los caminos, cortar el ramajo… Para mí, la mejor de todas, era la de plantar árboles, el día de carnaval; así teníamos unos caminos bordeados de cerezos, negrillos y álamos. También los sesteaderos de la Nogalia, el Valio, Chao de Cruces y la Majada. Aquí en la Majada, lugar donde acudían a dormir cada día los bueyes y vacas en los meses en los que se subía la Vacada, consta de una explanada rectangular, circundada por cerezos y espinos “escambrones” con una cabaña de planta circular anexa a un esquisto de caliza. Allí los pastores por riguroso orden de vecera, pernoctaban de dos en dos y proporcionalmente a las cabezas de vacuno que cada vecino tenia.

Durante esos meses de guardado de la Vacada, los vaqueros realizaban numerosos trabajos de gestión y limpieza, tanto de los manantiales como cortar escobas y helechos, o aquella fantástica de apañar la bosta, para bajarla para el embostado de las eras para la maja. Lo he visto recientemente en un documental de la 2, en algún poblado subsahariano, cuando se lo explicamos a los hijos, licenciados universitarios, literalmente piensan que les estamos vacilando.

Tejo ancestral ya desaparecido en Peña de la Cruz, o “Cruz de Penedo”

Pero no todo era trabajar, también había tiempo para las reuniones, las charlas y los juegos, así era normal que al final del tiempo de guarda, en parte porque ya los animales estaban acostumbrados a no salir del “couto” [zona acotada para el pastoreo exclusivo de las vacas desde mayo a septiembre] cuando los pastores de los pueblos colindantes Pombriego, Voces, Villavieja y Ferradillo se acercaban por allí para compartir algún rato. Se jugaban partidas de bolos, a la billarda, a la rayuela, al tanguillo o a los carteles. Se hacían cestas, se recogían avellanas, tomillo, orégano…

Existe legislación Europea que nos obliga en el cuidado de ese patrimonio, pero como el efecto de esa dejadez no es inmediato, nuestros “queridos representantes” lo ignoran y nos consideran y tratan como a los indios en las películas de los vaqueros. ¿Pero a quien le interesa aire limpio para respirar, agua saludable para beber? Mientras tengamos €€ para poder comprar voluntades y corromper.

No me hablen de incendios de 6ª generación, si previamente han maltratado a aquellos que hacían lo posible para mantener el equilibrio en el ecosistema. En tal caso de 3ª, porque no han transcurrido más de 2 desde que se ha dejado de valorar la importancia del trabajo en los pueblos y hacia ellos solo hay maltrato.

No me vengan a pregonar: con licencias para los escopeteros, con ganaderos trashumantes, con guardias forestales a tiempo parcial o con negacionismo de la vida vivida; sabemos lo que necesitamos, sabemos lo que producimos y de su valor, solo es necesario que se valore como corresponde. En Paradela de Muces allá por mediados del XIX había 193 habitantes, ahora no podemos vivir ni una veintena.


Antonio Méndez: Miembro fundador de la Asociación Cultural MUCES

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1 respuesta »

  1. Qué bonito y qué bien explicado. ¿Podías contar un poco más lo que era el embostado de las eras?.
    Muchas gracias. Es muy importante lo que contáis aunque a veces parezca que cae en saco roto. Siempre impregna.

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