
Creciendo la mirada
La vida palabra a palabra
con una dulce esperanza
en ese instante primigenio,
en la realidad diáfana y clara
desde esta segura atalaya.
Soltando lastre al vacío,
cesará la tormenta
al son de un silencio sin vida,
pertinaz voluntad sempiterna
con el alma como emblema,
sabiendo que todo está por llegar,
tentando a la suerte y sus desaires.
Son la valentía, la conciencia y la libertad,
allá cuando ceda esta espesura,
cuando en la duda persiste la ilusión,
con una conciencia implacable:
¡Qué no se callen los ruiseñores,
siempre con la cabeza alta,
en busca de ese eco sin silencio!
Vestir mi subconsciente
sin dejar nunca de ser positivo,
un puro superviviente
que va viviendo a su manera.
Confinado en uno mismo
he muerto mil veces y he resucitado,
con amor propio,
memoria del sentimiento salvaje,
con la vana esperanza de la utopía
allá en el horizonte.
Galopando sin descanso
avanzo por la vida,
gritos de libertad entonan mis cantos
cada vez que escribo un poema,
cantos a la luna nueva.
Navegando a contracorriente,
la vida merece ser vivida
porque la felicidad son momentos.
Soy un romántico empedernido
del amor enamorado,
resiliencia adquirida
en ese momento enajenado.
¡Oh mi soledad
donde ya no existe el dolor,
revive la esperanza!
Deja que me excite en la frontera,
crecerá la mirada.
¡Ahora si soy yo!
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