

UNA VEZ MI PADRE SÍ APARENTÓ QUE ME PEGABA –
Sí, solamente una vez «me pegó mi padre», y fue un «correazo», o mejor dicho: un amago de alcanzarme con su cinturón.
Lo recuerdo como si hubiera sido ayer, y, sin embargo, ya ha pasado medio siglo.
Regresaba yo de la Fiesta de San Roque en Cacabelos, a eso de las dos de la madrugada, y él me estaba esperando enfrente de casa, al lado de la Columna del Comandante Manso. Y sin preguntarme nada empezó a quitarse el cinto diciéndome: ¡Corre para casa que como te pille te vas a enterar…, cómo puedes ir a Cacabelos a jugar dinero a las cartas!
Yo, sorprendido, valiente y tonto, en vez de echar a correr y evitarle a mi padre el tremendo disgusto de tener que pegarme, seguí caminando a paso normal…
Mi madre estaba al quite, detrás de la entreabierta puerta de casa, y salió en mi defensa diciendo:
-Antonio, no le pegues tú que ya le pegaré yo…, que ya hablaré con él mañana…
Al día siguiente lo aclaramos todo. Y este «todo» fue que un mal villafranquino me había visto en la Cafetería Bohío (te espero en el Bohío, era el slogan), en compañía de una hermosísima señorita de la villa del Cúa, y el muy canalla, envidioso y malvado, le fue a mi padre con la mentira de que estaba jugando dinero a las cartas.
Aquel calumniador tuvo mucha suerte de que fuera yo un chaval pacífico y decente, pues nunca tuve ni siquiera la menor intención de partir la cara a sujeto tan despreciable.
BOUZA POL, escritor.
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