

-LAS MÁQUINAS AL SERVICIO DE LAS PERSONAS –
Algunos «Expertos politólogos», van por los «saraos televisivos» afirmando, rotundamente, que todos los políticos nos engañan y, por sus intereses personales y por su cobardía, no se atreven a decirnos la VERDAD, una gran verdad que nos haría tanto daño que dejaríamos de votarles.
La «gran verdad», según estos «catedráticos de secano», es que: «EL ESTADO DE BIENESTAR NO SE PUEDE MANTENER, Y ES IMPOSIBLE MEJORARLO».
Para más inri, de vez en cuando salen por ahí algunos «versos sueltos» que ha «oído campanas» y, sin que les tiemble la voz, dicen:
«EN EL FUTURO PRÓXIMO TENDREMOS QUE TRABAJAR MÁS Y GANAR MENOS».
Sin embargo, yo, que soy de regadío, digo todo lo contrario:
«TENDREMOS QUE TRABAJAR MENOS HORAS, REPARTIR BIEN EL TRABAJO, Y NO GANAR NI MÁS NI MENOS QUE AHORA, PERO SÍ LO SUFICIENTE PARA VIVIR BIEN, SIN DERROCHES.
Las máquinas, la alta tecnología, la informática, la robótica, tienen que estar al servicio de las personas, de todas las personas, para liberarnos del trabajo y procurarnos más tiempo libre, más libertad, más paz, más felicidad para todos.
Si los mandamases no lo entienden así, ni son capaces de procurarnos un mejor futuro, con pleno empleo, entonces hay que enviarlos para sus casas y elegir a gente más capacitada.
Muchas veces escribí que «El trabajo es un bien necesario y escaso que hay que repartir». Es totalmente absurdo e injusto e insolidario que 19 millones de españoles afortunados tengan que trabajar, «como mulos», cuarenta horas semanales y, al mismo tiempo, a 3,3 millones de pobres desgraciados no se les permita trabajar.
Debe rebajarse la jornada laboral, en las horas necesarias, hasta conseguir el pleno empleo.
Pero esta reducción no puede hacerse unilateralmente, individualmente, hay que hacerla como consecuencia de un gran acuerdo general entre el mayor número posible de países del mundo avanzado, básicamente los más desarrollados y ricos.
Las máquinas, con sus altas producciones, deben estar siempre al servicio del bien común. Hay que evitar el consumismo, llevar una vida más austera, ser más moderados, y no estar todo el santo día pensando en ganar mucho más dinero para poder gastarlo a lo tonto, en necesidades ficticias, en malos hábitos, en vicios que los «mercaderes» nos imponen a base de propaganda y publicidad, de estar permanentemente presionando para comernos el cerebro con modas absurdas que en vez de hacernos felices nos esclavizan.
El problema eterno es el despilfarro y la mala distribución de la “riqueza”.
Lo tengo escrito muchas veces en los últimos treinta años: hay que saber recaudar, con una buena política fiscal, y saber invertir y gastar corrigiendo desequilibrios. Por eso
se deben poner impuestos directos, lógicos y razonables, y menos impuestos indirectos que gravan más o los que menos tienen. Los pobres estamos financiando los derroches de los ricos. En economía, el único milagro posible es el que procede de una buena gestión.
El Capitalismo y la Propiedad Privada son estímulos, deseo de perfeccionamiento a todos los niveles, y son también una ilusión enriquecedora que se puede hacer realidad con esfuerzo y capacidad creadora. Cualquier persona, en el mundo libre y civilizado de hoy en día, tiene libertad y medios para educarse y formarse, tiene la posibilidad de ser trabajador por cuenta ajena, o autónomo, o empresario, o funcionario, puede comprar y vender, competir e invertir para mejorar su economía, su vida.
Es mentira que el capitalismo sea incompatible con la solidaridad, con la justicia, con la ecología, con la igualdad y con la «inclusión».
La verdad es que el capitalismo occidental, civilizado, es el único sistema capaz de acabar con la pobreza, la injustica y demás males que padece la humanidad. El capitalismo libre, con su economía de mercado, y razonables controles, es el más firme baluarte de la democracia.
La democracia y la libertad son los mejores frutos del capitalismo.
BOUZA POL, escritor.
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