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«LOS GOBERNANTES O LA SELECCIÓN ANTINATURAL» – Bouza Pol

 LOS GOBERNANTES O LA SELECCIÓN ANTINATURAL-

«LOS GOBERNANTES O LA SELECCIÓN ANTINATURAL»

He llegado hasta aquí a base de echarle mucho corazón, entusiasmo y creatividad a la vida. Siempre he pensado en un mundo mucho mejor, y por él he peleado con las mejores artes, sin dejarme someter por mis desilusiones metafísicas y reales, ni por el paso del tiempo y sus destrozos, ni por las pérdidas y las ausencias.

A veces, sólo a veces, los libros me han consolado un poco, y, casi siempre, sí ha sido la imaginación, mi imaginación, mi rebeldía soñadora la única tabla de salvación que mantuvo a flote mi esperanza.

No sé vosotros, amigos, pero yo me he pasado la vida esperando, siempre esperando, esperando lo mejor, trabajando por el buen porvenir de la familia, del pueblo, de España, de la Humanidad.

Antes, cuando era niño, pensaba que de mayor lo entendería todo, que habría explicaciones convincentes, satisfactorias, que colmarían y calmarían mi interés, mi necesidad de aprender, de saber.

Y hete aquí que he llegado a los setenta años y no he mejorado nada, me siento mucho peor que en cualquier otra edad, sin apenas recursos mentales y físicos para entender y sobrellevar toda esta gran calamidad que nos está destrozando.

Siento que toda la culpa es mía, que soy un elemento demasiado raro, como un cachivache viejo que ni siquiera se merece ser reciclado, que su misión en la poca vida que le quede (la vida siempre es poca) es tragarse todos los disparates que salen por los medios de comunicación y resignarse.

Yo venía soñando, soñaba, que a estas altas alturas de los «consagrados derechos humanos», de la civilización y del progreso, tan bendecidos y propagados, tendría derecho a la vida, a un médico, a una cama en un hospital, a una buena medicina, a un trato amable, delicado, cariñoso.

He sido un iluso.

Lo «mandamases» no quieren saber que sólo hay verdadero progreso cuando se dignifica la condición humana y no se la envilece.

Hay que respetar la vida, y, además, cuidarla y protegerla en todos sus días, tanto en sus aspectos físicos como espirituales. Todos tenemos derecho a la vida y al amor de nuestros semejantes. Una vida humana vale, y cuesta, igual que cualquier otra vida humana, y ninguna debe tener precio, sea niño, joven, viejo, sabio eminente, o enfermo de gravedad sin aparente sentir ni conocimiento: Progresar es proteger a los más débiles y necesitados.

Es tan elemental y sencillo lo que digo que hasta me produce dolor y tristeza el tener que hacerlo, para que se recuerde.

Los médicos lo saben muy bien y lo practican casi siempre, pues su razón de ser, su sagrada misión es luchar por la vida, por las vidas de todos, sin escatimar medios, ni esfuerzos. Lo sé por mí mismo, directamente, como paciente que ha sufrido una grave enfermedad y ha sido tratado y cuidado como Dios manda, sintiéndose en todo momento un ser importante, necesario, querido.

Nadie debería someterse, ni dejarse utilizar por los intereses egoístas de esos tiburones de la política, de cualquier color, si algún día, tal vez no muy lejano, a los «viejos» nos quisieran reducir a la simple condición de material usado y desechable, que no se puede reciclar, ni se merece siquiera una plaza en un hospital, un médico, un respirador artificial. Caer en esta tentación, en esta gravísima aberración, pondría al mundo «civilizado» a la altura de la locura y la maldad de Hitler, que buscando, sin reparo ni derecho ni piedad, al «superhombre», degradó a la Humanidad hasta extremos inimaginables, inconcebible al menos para un corazón y un cerebro como los míos, viejos sí, pero que sienten y piensan mejor que algunos jovencitos, «dioses paganos», que pululan por los medios de comunicación y por las tribunas del poder.

Progresar no es dejar morir a los más débiles, ni es eliminarlos. Progresar es, precisamente, todo lo contrario, es decir: Cuidar y defender y amar a los que más lo necesitan, sin distinción de edades, ni de colores, ni de clases, ni de poderíos.

Lo que digo es una simple y elemental lección de humanidad, de humanismo. Espero y deseo que lo puedan entender los que nos gobiernan.

BOUZA POL, escritor.

(21 abril 2020).

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