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«ANTONIO MACHADO, UN HACHA» . Bouza Pol.

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-ANTONIO MACHADO, UN HACHA-
Una vez más, vuelvo al gran poeta español Antonio Machado con el fin de disfrutar de la poesía verdadera, maravillosa. Creo que don Antonio era creyente, y religioso en su fuero interno, aunque se mostrara como anticlerical, contrario a la Iglesia y su jerarquía. Es posible que se entregara al Gobierno Republicano de Izquierdas por simple comodidad, incapaz de rebelarse por culpa de su mansedumbre, de su devota timidez, o quizá, más bien, por estar «enfadado con su suerte».
Don Antonio, siendo hombre estudioso, sin otra ocupación que aprender y cuidar de su propia vida, sin embargo, no consiguió terminar el Bachiller hasta que cumplió los 25 años, en 1900. Hijo de una familia «venida a menos», antes «acomodada», culta e intelectual, burguesa, había nacido en 1875 en una «lujosa» habitación de un piso de alquiler de un palacio de Sevilla, que tenía un «gran patio donde maduraba el limonero».
El genial poeta pronto se marchó a Madrid para vivir la dulce vida de la bohemia y hacer amistades poderosas e influyentes.
Las malas compañías, los amigotes señoritos, lo animaron para que firmara el Manifiesto de protesta contra la concesión del Premio Nobel de Literatura a don José Echegaray en 1904.
En 1907 el grandísimo poeta sevillano se hace profesor, de milagro, y se traslada a Soria. Entonces, con 32 años de edad, se aposenta en la pensión de un sargento de la Guardia Civil, jubilado, y, al rato, ya se enamora de su hija, Leonor, que apenas cuenta trece años. Quieren casarse, pero tienen que esperar hasta que la «niña» cumpla los quince, edad legal para poder hacerlo. La pareja se casa en el verano de 1909. Don Antonio es feliz, pero la desgracia viene muy pronto: muere su gran amor, Leonor, en agosto de 1912 y ya todo es dolor, es pena, es El Espino.
A partir de Soria el poeta ya no puede con nada, se traslada a Baeza, y en siete años en la ciudad andaluza de Jaén todo le parece mal, sólo sabe criticar, todo lo supera…
Se traslada a Segovia, a Madrid…, va dando tumbos…, pero prospera en todo, tanto en sus «estudios», como en los «chollos» que logra y las sinecuras que disfruta: ya maneja pasta gansa, se deja querer, lo quieren, lo miman y lo utilizan.
En 1938, en Valencia, cuando él y los suyos ya cavilan que perderán la guerra, todavía levanta su voz en apoyo de la Alianza de Intelectuales Antifascistas en Defensa de la Cultura y, al mismo tiempo, se proclama Miembro del Comité Nacional de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética.
¿Cultura, libertad y Unión Soviética?
Don Antonio y los suyos, los mandamases, huyen para Francia: son bien recibidos. Pocos meses después, las tropas republicanas de izquierdas, ya vencidas en España, pasan la frontera y los «franchutes» los reciben «a pedradas». ¡No hay derecho!
El gran poeta español muere en Francia, el 22 de febrero de 1939. Descansa en paz.
Yo, Bouza Pol, opino que:
«La envidia y la vanidad son los sentimientos más comunes, más tristes, que muerden el alma de los poetas, que unas veces los une y otras los separa. Incluso, uno de los mejores, el gran Machado, tan humilde, mostró su soberbia y resentimiento cuando dijo:
«Y al cabo, nada os debo; me debéis cuanto he escrito»
No obstante, como «contable» experto en eso del Debe y del Haber, debo decir, y digo, que el balance final de su vida y de su obra es grandiosamente positivo, tanto que hasta me ha inspirado este poema:
-CREAR ES CREER –
Alguien se atrevió a decir
¡Machado no era creyente!
Y tal forma de mentir,
Torpe, ofensiva, indecente,
No puede quedar así
Delante de tanta gente.
Duro y cerrado ha de ser,
Insensible el corazón
Si no es capaz de entender
El alma de don Antonio,
Que en la luz de su poesía
Siempre está presente Dios,
En el Duero con sus olmos,
O en las calles de Sevilla.


BOUZA POL, escritor.

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