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Un antes y un después de “El Pelgo”, por Kiko.

Desde que mi padre me metió el gusanillo del río, esta es para mí mi gran pasión, me enseñó a respetarlo y a entenderlo, tanto a él como a su entorno.

El Burbia, nuestro río, mi río, me dio a conocer mucha gente, como a mis compañeros pescadores, a los domingueros, los que todos los fines de semana se acercaban a nuestro río y pasaban las tardes en sus orillasdisfrutando de sus aguas frías y cristalinas, de la sombra de los árboles, de la naturaleza, de los frutos del río, era raro no ver un fuego que no soportara una paella y dentro de esta no podían faltar nuestros cangrejos.

Nosotros, los chavales, estábamos esperando que llegara el fin de semana o las vacaciones de verano para acercarnos al río. Nuestra zona de diversión era desde el pozo de la Bomba, (que tiene una terraza envidiable para tirarse desde ella) hasta el salto del Pelgo. En nuestros juegos los palos, las piedras, las linternas no faltaban, y sobre todo nuestras ganas de explorar.

Con todo este arsenal, unas veces explorábamos nuestras cuevas, como la de las tres ventanas, la de la estaca, la de Abel o la ya desaparecida “del horno”. Estas estaban todas muy juntas en la misma montaña, menos la del horno que estaba del otro lado del río, en lo que es hoy la cantera de Concretos, que por cierto también había un calero, el calero de Malvas, que estaba muy cerca de esta cueva. Nuestro objetivo era conseguir los murciélagos para jugar con ellos, que al final nos mordían y escapaban. Para llegar a ellas teníamos que recorrer todo el cauce del rio.

Como ya dije, mi padre me enseñó que en el monte y en el río viven muchas especies que unas sin las otras no podríanexistir. Sabía que en ciertos lugares del río veríamos diferentes especies. Por ejemplo, más arriba de la bomba,Cosmos hacia un “trabancao” que servía para dirigir parte del agua para su aprovechamiento para la refrigeración de sus máquinas en la cementera y también  en esa especie de embalse, el pueblo aprovechaba para subir agua a los depósitos que tenía en el monte y así tener agua potable para la población de Toral, otra cosa que generaba ese “trabancao” era que los animales que vivían allí eran diferentes a los del resto del río. Al estar las aguas más calmadas la vegetación  ribereña era diferente, encontramoslas espadañas, que era la planta ideal para ver grandes truchas alrededor de ellas, así como muchos cangrejos, y si teníamos  suerte en la parte de abajo en donde nacían muchas oucas, nos metíamos entre ellas y las tocábamos con las manos  alguna vez encontrábamos alguna anguila, aunque lo más normal era tocar alguna trucha, las que estaban descansando del sol que pegaba, también encima de las oucas acechaban las culebras de agua a los peces pequeños que se encontraban nadando alrededor de ellas.

Siguiendo el camino pasamos por el Pozo de los Frailes, este era un pozo no muy profundo, pero lo mejor era lo que se podía sacar de él, muchas truchas, peces y cantidades de cangrejos, (me refiero al cangrejo autóctono). 

Aguas arriba de este pozo, esta parte del río parecía un prado, aunque cualquier parte del río era más o menos igual, todo tenía un color verde y blanco, esto daba lugar a ver gran cantidad de libélulas o caballitos del demonio, que eran sus sitios preferidos para revolotear y para la puesta de huevos. Era muy divertido verlos volar, con esos cuerpos alargados,  con reflejo del sol en sus alas, destacaban los colores azules y verdes.

Antes de llegar a la cueva de las tres ventanas, escondida entre los xardones, silvas, escobas y demás maleza, y no sin arañarnos antes, nos encontramos con una gran bóveda, es la cueva de la estaca, no es una gran cueva, no es profunda, pero la bóveda que tiene de entrada es la que le da la belleza. No a una gran distancia de esta cueva encontramos una más pequeña que se le llamaba la cueva de Abel, por ese mismo camino y a poca distancia encontramos la cueva de las tres ventanas. Estas tres cuevas están todas muy juntas y la de las tres ventanas es la más grande y más complicada para andar por ella. Solo nos queda la del horno, que estaba enfrente de estas pero en la otra orilla.

En la parte de las tres ventanas, el río forma una pequeña isla, que las aguas que dan para la parte de la cueva tiene  una forma de vida muy distinto al del resto del río, debido a que esta parte está muy escondida por los humeiros,(alisos) chopos,castaños y xardones, sus ramas tapan por completo el cauce, lo que impide ver lo que hay allí debajo y gracias a esto pescar allí es casi imposible, esto da a que ciertos animales tengan una vida tranquila y hagan de ese tramo su refugio, como las nutrias , rata de agua y algún desmán, (que hoy sé lo que es y cómo se llama gracias a la solicitud de declaración de BIC para el Pelgo), tambiénencontramos la trucha común, peces, cangrejos y anguilas.Esta zona del río la usan en invierno las truchas para la frezna y en la primavera para la puesta de huevos los peces, en la corriente entre las piedras.

Los fines de semana  entre el calero y la cueva del horno, era una zona de visitas por las choperas que tenía, por el río y sobre todo la tranquilidad que allí había, era el adecuado para pasar el día rodeado de naturaleza pura.

Las familias que iban de merienda no subían hasta el pozo de la Bímbria porque el camino era difícil, se quedaban en la chopera. Por eso muchos de nuestros visitantes no llegaron a conocer la joya de la corona del río, el salto del Pelgo, salvo los pescadores que no se nos resiste ningún obstáculo para practicar nuestro deporte.

Nosotros ya conocedores y aventureros no se nos resistía nada, caminábamos por cualquier sitio y llegábamos donde los demás no podían. Como siempre en el camino de la Bímbria al Pelgo, nos sorprendían los lagartos, esos reptiles verdes y amarillos que son grandes, que parecían dinosaurios en pequeño, que a nuestro paso corrían que se las pelaban asustados.

Después de tanto caminar una parada no venía mal y más si nos entraba el hambre y la sed, sabíamos dónde encontrar agua, que aún es el día de hoy que está esa pequeña fuente. 

Mientras merendábamos, con el ruido que hacíamos no podía ningún ser viviente estar tranquilo. Los pájaros, las nutrias y por supuesto las truchas, estaban descontrolados. 

Después de merendar siempre dejábamos algo para nuestras amigas las raposas y apostábamos si a la vuelta lo habían comido, no sé si eran ellas o no, pero lo que dejábamos no estaba.

Caminando hacia la cascada del Pelgo por la orilla del río no se podía ir, porque la central estaba funcionando y elagua que salía de las turbinas al río era mucha y no lo podíamos cruzar, eran otros tiempos, cruzábamos por el único camino que había, que era por el medio de la central, pero antes de llegar a la casa de la familia que vivía allí, en la parte derecha del monte había un canal  que al final el agua que circulaba por él, caía en una especie de turbina pequeña que giraba sin parar, el señor que estaba por allí nos dijo si sabíamos que era eso y sin más nos explicó el proceso de esa pequeña turbina, la cualsimulaba el proceso de cómo se producía la electricidad. 

Llegando a la cascada, bañadores puestos y a disfrutar de ese baño merecido; éramos como la marabunta, la familia de nutrias, pica pez, y mirlos que estaban disfrutando de una tarde apacible salieron como alma que lleva el diablo.

Aun no cansados, subíamos por encima del muro, no hacíafalta votar. Como si no lleváramos horas de juerga echamos camino y llegamos al pico de la presa, era de esperar que, los patos, garzas y demás animales que estaban descansando o alimentándose tranquilamente, al oírnos salieran volado haciendo un ruido que llegó a asustarnos. 

Quedamos mirando un rato como atontados el vuelo de estas aves y el paisaje que teníamos enfrente, todo era de un verde intenso, el agua en calma reflejaba el cielo azul. Todo esto y más es la grandeza de este embalse.

Decidimos para otro día hacer un recorrido por este embalse para ver lo que nos estábamos perdiendo.

En la actualidad el entorno ha cambiado, el acceso es más fácil y el salto del Pelgo es más visitado, pero quizás para las nuevas generaciones sea más difícil ver  las especies animales que nosotros disfrutamos, si no mantenemos el entorno y una de las claves seria conseguir que el Pelgo sea declarado Bien de Interés Cultural.

 

 

José M. Merayo Domínguez (kiko)

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2 respuestas »

  1. Kiko, has descrito con esmerado detalle las experiencias de tu niñez y adolescencia.
    La lectura de tu narración podría ser suscrita seguramente por casi toda la juventud de aquellos años.
    Lástima que muchas cosas ya solamente existan en la memoria.
    Enhorabuena porque lo has clavado.

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