El cierre de oficinas ha venido acompañado de la aparición de muchos cajeros automáticos adaptados a las nuevas tecnologías, sin pensar en el malestar que se genera a las personas, sobremanera de edad avanzada, muchos con movilidad reducida, no teniendo en cuenta la carencia de conocimientos tecnológicos , no todos los mayores saben usar las tarjetas y aún menos los cajeros de última generación, ellos siguen teniendo la necesidad de acceder al efectivo a través de ventanillas bancarias de atención al público . El efectivo sigue siendo todavía entre la gente mayor el medio más habitual de pago en los pueblos, con lo que el acceso al mismo resulta de la máxima importancia. Esto supone una señal más de exclusión para la población que vive en las zonas rurales y pueblos pequeños. No todo el mundo tiene medios para desplazarse a Municipios más grandes para poder realizar las transacciones bancarias. En Castilla y León un 20% de la población se ve afectada por esta carencia de servicio. Hay más de 2.000 Municipios sin oficinas bancarias.
Nuestros políticos deben de reclamar una mayor presencia de sucursales en zonas despobladas, por lo menos para intentar detener este abandono. Estas faltas de servicios y prestaciones no ayudan e impiden que nadie quiera instalarse en un pueblo sin servicios, lo que originan con estas acciones es alimentar el éxodo de los pueblos.
El CEAS, en lugar de hacer talleres de memoria, se va a tener que dedicar a impartir cursos de formación en habilidades digitales, para que los mayores puedan usar la tarjeta en un cajero automático o a través de los móviles la banca digital y así poder obtener no solo SU dinero , sino también pagar recibos e impuestos, actualizar cartillas o libretas de ahorros, realizar transferencias y traspasos o recargar el saldo del teléfono móvil .
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