Existe una tradición fervorosa y arraigada durante siglos de devoción hacia la Virgen de la Peña. La tradición, como tantas otras, surge del hallazgo por parte de unos pastores de la zona de una imagen. Se lo comunicaron al sacerdote del lugar que subió a lo alto de la peña y propagaron la noticia por el pueblo entero. De esta forma surgió el júbilo entre todos los vecinos y se organizó la primera procesión con fervor y entusiasmo.
Y allí en los más encumbrado de la montaña, donde los caminos eran difíciles y la ascensión penosa y sacrificada, quedó la promesa de todo un pueblo, los vecinos de Congosto, de alzar una capilla o ermita a la Virgen que guardase la imagen que por el lugar que fue encontrada fue denominada para siempre: La Virgen de la Peña.
DATOS HISTÓRICOS
Para el investigador Augusto Quintana: “la imagen y el Santuario tuvieron un principio exclusivamente religioso, que al poco tiempo se hizo también eminentemente humanitario”.
En el año 1587 el licenciado don Gabriel de Aller pidió al obispo de Astorga, don Antonio Torres, que le permitiese edificar una ermita en el pico de Congosto. En 1590 ya la tenía construida, porque en dicho año la bendijo el visitador general del obispo don Juan de Irazola.
En una cita del Cartulario de San Pedro de Montes, señalada con el número 205 e inserta en el folio 52, se hace una cita a Nuestra Señora de la Peña, correspondiente al año 1281. Se trata de una venta de varias heredades en Manzanedo que efectúan Alfonso Álvarez y su mujer Marina Domínguez al abad de San Pedro de Montes, Don Juan. Y entre los testigos se cita al capellán de la Virgen de la Peña, Pero Ferranz.
Esto nos hace suponer que al existir ya un abad en 1281, la iglesia erigida en 1590 era una segunda ermita que sustituía a la primera, bien porque resultase insuficiente o debido a su deterioro por el paso de los siglos
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