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“VOLVER AL ABRAZO Y A LOS BESOS” María José Montero Núñez

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Día internacional de la Poesía

El día mundial de la poesía fue proclamado por la UNESCO en su 30 reunión, que se celebró en París en Octubre – Noviembre del año 1.999 y a propuesta del editor Antonio Pastor Bustamante.

La poesía se celebra porque es una iniciativa que da reconocimiento a nuevos movimientos poéticos regionales, nacionales e internacionales; siendo además conscientes de que esta actividad artística que responde a necesidades estéticas del mundo repercute en la promoción de las lenguas.

Así mismo reconoce socialmente los valores ancestrales, el retorno a la tradición oral y la aceptación de la palabra como elemento que socializa y estructura a la persona.

» La poesía es también ese arte único que nos hace sensibles a la extraordinaria diversidad humana, diversidad de lenguas y de culturas. Es un lugar de encuentro entre el individuo y el mundo; una iniciación a la diferencia y al diálogo, a la paz; un testimonio de la universalidad de la condición humana más allá de los innumerables medios que sirven para describirla.

Mensaje de la Sra. Andrey Azoulay. Directora General de la UNESCO.

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VOLVER AL ABRAZO Y A LOS BESOS

No he de dejar anclado mi velero en puerto viejo, para que mire al pasado con los ojos de un mal duelo.

No quiero ver en mi alma los recuerdos del infierno que me impidan caminar hacia el mar de un mundo nuevo.

Las lágrimas que han derramado algunos de mis ancestros son para mí la energía de estos caminos nuevos.

Las mantengo en la memoria como un grano de centeno que se ha de tornar en pan de un futuro más completo.

Aquella vieja batalla los rasgó a todos por dentro; pero no quieren venganza, solo justicia en lo eterno de toda conciencia humana.

Miro a la mar, esa mar azul como la tinta que desprende la pluma con la que escribo fragmentos de dolor con sangre roja y vuelos pausados de mariposas de colores.

Traigo un duelo de difuntos que deambulan en el tiempo y las lágrimas de los dioses que en su nombre los batieron como si fuesen estopa caldeada por el fuego.

No asomará la ira de los buitres del infierno ni de los topos sombríos siempre en su oscuro agujero, destrozando la raíz de las plantas que más quiero.

Vanidad de vanidades, ese hortelano sin huerto que hurta todos los frutos del sudoroso labriego.

Estela que por la noche le pone luz a los sueños que son la sal de la vida y el equipaje del tiempo.

Dejad que cante esta copla como la cantaba el ciego , que la saboree el sordo y no la aplaste el invierno.

Dejad que la vida vuelva al abrazo y a los besos ahora que aún los pájaros siguen viviendo el cortejo y el otoño se esconde detrás de algún leño seco.

María José Montero Núñez

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