Tenemos dudas sobre el lugar de su nacimiento y también sobre su verdadero nombre: Egeria, Eteria o Euqueria. San Valerio dice que había nacido en el extremo litoral del océano occidental, pero no precisa más datos.
Sabemos que es una piadosa dama, quizá monja, que alrededor del año 400 peregrinó a los Santos Lugares, dejando un minucioso relato de su viaje, “El Itinerarium”, un manuscrito mutilado hallado en la abadía de la biblioteca de Montecasino (Italia), perteneciente al S.XI.
El texto se divide en dos partes: la primera es el diario del viaje, donde la intrépida viajera, después de haber visitado Jerusalén, Belén, Hebrón y Galilea se dispone a subir a la cumbre de la montaña de Sinaí. Regresa posteriormente a Jerusalén e inicia el viaje de regreso, después de haber transcurrido tres años desde el día que emprendió el viaje. Durante el regreso visita Edesa, Siria y Mesopotamia, En Constantinopla concluye el diario del viaje.
En la segunda parte se describe una descripción de la liturgia eucarística tal y como se celebraba en Jerusalén, aportando una serie de detalles relativos a la Semana Santa y a las fiestas de Pascua.
La intención del diario es informar a sus “hermanas señoras venerables” o “amigas del ama” que viven en una comunidad en una parte de Occidente. Puede ser un monasterio del noroeste de la Península Ibérica, vinculado a la comarca del Bierzo. El latín con que se expresa no es el de la sociedad culta, pero tiene su encanto. A través de todo el relato se pone de manifiesto el carácter ingenuo, el candor y la credulidad de la viajera.
El Itinerarium de Egeria constituye un documento de gran interés, pues es una fuente importantísima para el conocimiento de la liturgia, de la espiritualidad y de costumbres populares de la época. Para la filología tiene importancia para el conocimiento de la latinidad popular tardía
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