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SAMPIRO Y EL MONASTERIO DE CARRACEDO

Según el gran historiador, Don Augusto Quintana, parece ser que Sampiro había nacido en Sorribas y poseía una amplia finca que limitaba con la del rey Bermudo II en Carracedo. Ambos mantendrían a lo largo de su vida una sincera y profunda amistad.

Cuando profesó como monje, Sampiro debió ingresar en el monasterio de San Miguel de Camarzana de Tera, provincia de Zamora. Como ya habíamos comentado anteriormente, la funesta guerra con los sarracenos, le obligó a huir, siendo acogido por el rey Bermudo que lo nombró consejero y notario real. Por ello, decidió ceder su extensa finca de Sorribas al rey, para dotar al monasterio de Carracedo de una mayor extensión y favorecer a sus colegas, monjes perseguidos por la guerra de expansión del Islam y que se habían refugiado en este bello paraje del Bierzo.

Son, por tanto, tres las personas que intervienen como fundadores de este gran dominio monástico: el obispo don Jimeno, como suprema autoridad eclesiástica del territorio, el rey Bermudo II, que cederá sus posesiones y el presbítero Sampiro que aporta su mejor propiedad, en favor de sus hermanos monjes.

Sampiro, merece el nombre de una calle en Toral, por todo lo anterior y por ser el autor de La Crónica de Sampiro, escrita en latín, al principio del S. XI. El texto abarca desde el 866 hasta el 999, es decir, los últimos de reinado de Alfonso III y los de sus sucesores hasta Alfonso V.

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