MONASTERIO DE CARRACEDO:
LA FUNDACIÓN DEL GRAN DOMINIO MONÁSTICO DEL BIERZO
Dice así fray Antonio de Yepes: “los monjes que se allegaron a este monasterio se juntaron de diferentes partes, huyendo de las pesadumbres y molestias que les causaban los moros. Y así parece que los monjes que vinieron a Santa María de Carracedo eran de Castilla y León y el rey don Bermudo los junto en este su monasterio”.
Fray Yepes en la crónica de la orden de San Benito dice que el rey Bermudo II: “habiéndose evadido (los monjes) de las grandes tribulaciones y persecuciones de los sarracenos, los acogió y les procuró alimentos, puesto que somos peregrinos y extraños sobre la tierra, como lo fueron todos nuestros padres”.
Consecuencia de todo esto fue que Bermudo II los acogió en la villa de Carracedo, heredada de sus padres, según consta en las posesiones que tenía registradas su notario Sampiro, que fue uno de tantos monjes fugitivos. El rey Bermudo sentía una gran predilección por este palacete, situado en las orillas del río Cúa.
Muchos de los monjes que se establecieron aquí, incluido el conocido monje Sampiro, llegaron solo con la esperanza de encontrar en Carracedo sosiego y salvación, huyendo de una situación angustiosa.
Normalizar y organizar la vida monástica se llevó a cabo a través del obispado de Astorga, bajo la autoridad de un abad. El rey Bermudo II cedió su palacete y demás posesiones para atender a su sustento.
De esta forma se originó la fundación de este gran dominio monástico de Santa María de Carracedo.

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